16/04/2026
Todos los días ellos recorren las calles con la mirada atenta y disposición para trabajar. Son los recicladores de oficio. Los que muchos no ven, pero sin los cuales nuestro municipio se llenaría de residuos.
Su labor empieza donde termina la nuestra. Cuando nosotros botamos la bolsa y cerramos la puerta, ellos la abren con cuidado. Separan cartón, plástico, vidrio, metal. Cada pedazo que rescatan es un pedazo menos contaminando nuestras montañas y quebradas. Es menos basura quemada, menos árboles talados, menos recursos desperdiciados.
No es solo recoger. Es clasificar, cargar material, caminar bajo el sol o la lluvia, buscar el sustento diario con dignidad. Porque hay que saber distinguir un PET de un plástico que no sirve, hay que saber cuánto vale el material, hay que hacerlo todos los días.
Detrás de cada recorrido hay una historia: madres cabeza de hogar, jóvenes que encontraron en el reciclaje una forma honesta de salir adelante. Son parte vital de Chinácota, y gracias a ellos toneladas de residuos vuelven a tener vida en lugar de acabar en un relleno sanitario.
Entonces, la próxima vez que saques la basura, piénsalo. Un gesto tuyo hace su trabajo más digno y más seguro. Separa en casa. Limpia los envases. Entrega el material directamente o en bolsa blanca. No revuelvas vidrios rotos con papel.
Porque reciclar no empieza en el centro de acopio. Empieza en tu cocina. Y ellos son el puente entre lo que desechamos y lo que vuelve a servir.
*Cuidar a Chinácota también es cuidar al que la cuida por nosotros.*