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Fundacion de Artistas y Melomanos Afrolatinos, interesados en fortalecer la tradicion folkclorica y cultural que alrededor de la MARIMBA, declarada patrimonio de la humanidad, se populariza el ritmo del Currulao con danzas e instrumentos autoctonos y art

Copiado de la red.Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Manolo Tena, Juan Echanove, Antonio Flo...
08/04/2026

Copiado de la red.

Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Manolo Tena, Juan Echanove, Antonio Flores, Pablo Milanés, Ana Belén y Víctor Manuel.
Tres de ellos ya no están en este plano, pero formaron parte de algo histórico.
Esta reunión de talentos en un mismo escenario fue un "alineación planetaria" difícil de repetir.
Ver a Ana Belén y Víctor Manuel junto a leyendas como Serrat o Sabina en su mejor momento es el sueño de cualquier melómana como yo.
Ese concierto no sólo fue música; fue un símbolo de una época de la cultura española.
Se grabó el 8 y 9 de abril de 1994 en el Palacio de Deportes de Gijón, Asturias… Hace hoy 32 años de este glorioso concierto.
Fue como una reunión de amigos en el salón de la casa, pero ante miles de personas. Lo bueno es que, como se editó en un disco doble y se grabó en video, todavía se puede disfrutar de esa atmósfera tan especial.

Listado de canciones:
1. Contamíname
2. Sólo le pido a Dios
3. Lía
4. Sólo pienso en ti
5. Faltando un pedazo
6. España camisa blanca de mi esperanza
7. A la sombra de un león
8. Derroche
9. Mediterráneo
10. La paloma
11. Yo también nací en el 53
12. La luna
13. El hombre de piano
14. Quiero abrazarte tanto
15. Asturias
16. La puerta de Alcalá

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Mediterráneo
Ana Belén

https://music.youtube.com/watch?v=QUNNPv8UUiU&si=HCv3zeJf1LAVWkxP

Pedro Infante visitó a Jorge Negrete — y tuvo que fingir que estaba bienEl tren que nunca jugaron juntos. El pasillo del...
05/04/2026

Pedro Infante visitó a Jorge Negrete — y tuvo que fingir que estaba bien

El tren que nunca jugaron juntos. El pasillo del Hospital Cedros del Líbano olía a desinfectante y a flores marchitas. [música] Era diciembre de 1953 y la ciudad de Los Ángeles seguía con su ritmo indiferente [música] más allá de las ventanas. Pedro Infante estaba parado frente a una puerta cerrada con un paquete envuelto en papel café apretado contra el pecho.

No era un ramo de flores, no era una botella de vino, era una caja de cartón con una locomotora. Tres vagones y 100 cm de vía circular, un tren eléctrico de juguete. Afuera en México, los periódicos seguían imprimiendo la misma historia que llevaban años imprimiendo. [música] Pedro Infante y Jorge Negrete, los dos gallos, los dos rivales, los dos hombres que se disputaban el alma del cine mexicano. La prensa lo necesitaba así.

Un duelo [música] hace más ruido que una amistad, pero Pedro estaba ahí con ese paquete absurdo [música] entre las manos, sin fotógrafos, sin periodistas, sin nadie que pudiera contarlo. Estaba ahí porque Jorge Negrete se estaba muriendo y [música] no sabía cómo decirle adiós sin llevarle algo. Llamó a la puerta con los nudillos.

Tres golpes suaves. La enfermera lo dejó pasar. La habitación estaba en penumbra. Las persianas dejaban entrar apenas una franja de luz que caía oblicua sobre la cama. Jorge Negrete tenía 42 años y parecía tener [música] 70. La cirrosis lo había vaciado por dentro sin que nadie pudiera verlo desde fuera hasta que ya fue demasiado tarde.

Había entrado en coma 5co días antes. Había salido del coma, pero quedó en ese territorio gris entre el cansancio y la convalescencia, donde los hombres fuertes se vuelven pequeños sin que sea su culpa. Negrete abrió los ojos cuando escuchó la puerta. Vio a Pedro. No dijo nada. Pedro tampoco dijo nada. Caminó hasta la silla junto a la cama.

Se sentó y puso el paquete sobre la mesita de noche con cuidado, [música] como si contuviera algo frágil. Jorge lo miró. Pedro le dijo que le había traído algo, que no sabía si era una tontería, que si lo era, que lo perdonara. Negrete extendió una mano hacia el paquete. Los dedos ya no tenían [música] la fuerza de antes. Pedro lo ayudó a romper el papel.

Cuando Jorge vio el tren eléctrico, guardó silencio un momento, luego cerró los ojos. Pedro pensó que había hecho mal, que era una idiotez, que un hombre de 42 años no necesita un juguete. Estaba a punto de decir algo cuando escuchó que Jorge soltaba una especie de risa contenida, suave, casi inaudible. le dijo que cuando era niño en Guanajuato quiso tener uno de esos trenes, que todos los navidades miraba la vitrina de la ferretería del pueblo y lo veía ahí con las vías circulares [música] y el humo de mentira que salía

de la chimenea, que nunca lo tuvo, que su madre le dijo que algún día tendría dinero para comprarse uno, que después se hizo famoso, que ganó mucho dinero y que nunca recordó el tren hasta ese momento. Pedro se levantó de la silla, fue a la mesita, [música] abrió la caja, sacó las piezas, empezó a armar las vías en el suelo del linio del cuarto junto a la cama.

Negrete lo miraba desde arriba. El tren era rojo con ruedas negras y tenía tres vagones de carga en miniatura. Pedro conectó el cable a la clavija de la pared y puso la locomotora sobre la vía. El tren empezó [música] a moverse. Jorge Negrete miraba esa cosa pequeña y eléctrica dar vueltas en círculo sobre el linóleo del hospital.

En su cara apareció una expresión que Pedro nunca le había visto antes. No en los sets de filmación, no en [música] los escenarios, no en las cantinas, en ninguno de los lugares donde se habían [música] encontrado sin cámaras. Era una expresión sin guardia, una expresión de niño. Estuvieron así un buen rato. El tren giraba.

[música] La franja de luz se movía despacio por la pared. Afuera, los ángeles seguía siendo indiferente. Para entender lo que pasó en ese cuarto de hospital, hay que ir atrás. Hay que ir a un domingo por la tarde de principios de los 40. Pedro Infante todavía era un nombre sin película, un muchacho de Sinaloa con voz y con hambre y con muy poco más.

había llegado a la ciudad de México con una guitarra que él mismo había fabricado con madera de desecho [música] en el taller de carpintería, donde trabajaba de adolescente. Había tocado en cantinas, en radios pequeñas, en lugares donde el público aplaudía por cortesía más que por convicción. Y alguien en algún [música] momento lo conectó con Carmen Barajas, la secretaria de Jorge Negrete.

Carmen le arregló una cita. Pedro llegó puntual a la casa de Negrete, muy arreglado, con [música] el sombrero en la mano, como los hombres de su tierra cuando entran a casa ajena. Jorge Negrete en ese momento era ya la figura más grande del cine mexicano. Tenía todo lo que Pedro no tenía. Había estudiado en el Colegio Militar.

Hablaba español, francés [música] e italiano. Era alto, deporte elegante. Tenía una voz que los críticos describían como entre [música] barítono y tenor, una voz que nacía de algún lugar profundo del pecho y llegaba al fondo de la sala sin esfuerzo. Era el charro que México había inventado para amarse a sí mismo.

Pedro se sentó frente a él. Negrete no hizo reverencias, le extendió una guitarra y le dijo que cantara. Pedro cantó. Negrete escuchó, no interrumpió. Cuando Pedro terminó, Negrete se quedó un momento en silencio. Después le dijo que tenía algo que él no tenía. Pedro pensó que iba a decir la voz, el rango, la potencia, pero Negrete dijo otra cosa.

Le dijo que tenía la gente, que cuando cantaba la gente sentía que le estaban cantando a ellos, no al amor en abstracto, no al horizonte, sino a ellos, a sus vidas concretas. [música] y que eso no se enseña. Esa tarde Negrete llamó por teléfono a los hermanos Rodríguez y los recomendó a Pedro.

Los Rodríguez lo contrataron y así empezó todo. Pedro nunca le contó eso a los periódicos, no porque quisiera guardar un secreto, sino porque para Pedro esa historia era demasiado personal para convertirla en anécdota. Era el origen [música] de todo lo que vino después. Y los orígenes no se exhiben, se cargan. Hubo años en que casi no se vieron.

La industria era grande y los horarios de filmación no siempre coincidían. La prensa fabricó la rivalidad con la eficiencia con la que siempre fabrica lo que le conviene. Un titular aquí, una comparación allá, una pregunta capciosa en una entrevista y los dos por separado respondían lo mismo de distintas maneras, que no había rivalidad, que había respeto, que México era suficientemente grande para los dos, pero los periódicos necesitaban el duelo y el duelo seguía vivo en las páginas, aunque no existiera en ningún otro lugar.

[música] Hay un detalle que muy poca gente sabe sobre Pedro Infante y Jorge Negrete [música] durante todos los años que se conocieron, durante todo el tiempo que compartieron la industria, durante los meses que filmaron juntos dos tipos de cuidado, Pedro nunca le habló de tú a Negrete. Siempre fue usted.

No era protocolo, no era distancia, era respeto de una clase que Pedro no podía explicar sin que le temblara algo por dentro. Negrete había ido al colegio militar. Hablaba tres idiomas. Tenía una voz que parecía venir del centro de la Tierra. Pedro venía de Guamuchil, Sinaloa. Había fabricado su propia guitarra con madera de desecho.

Y el director Ismael Rodríguez recordaba que Pedro le había dicho una vez, con una honestidad que cortaba el aire, que Jorge era más alto, más guapo, más educado, que su voz era un torrente y la suya un chisguete, que filmando juntos iba a desaparecer. Eso dijo que iba a desaparecer. En 1952, [música] cuando Ismael Rodríguez finalmente logró convencer a los dos de filmar dos tipos de cuidado, hubo varias semanas previas en las que Pedro se negó.

No por arrogancia, por lo contrario, el director lo buscó en su casa, lo buscó en los estudios, lo buscó en los lugares donde Pedro se escondía cuando no quería que lo encontraran. Y cuando por fin lo encontró y le preguntó por qué no quería filmar con Negrete, Pedro le dijo esa frase que Ismael Rodríguez repitió en entrevistas durante décadas.

Le dijo que Jorge fue al colegio militar, que habla tres idiomas, que es más alto que él, que es mejor parecido y que su voz tiene un torrente y que el Pedro tiene un chisguete y [música] que al lado de Negrete iba a desaparecer. Rodríguez le dijo que estaba equivocado. Pedro no le creyó hasta que lo vio con sus propios ojos. Durante el rodaje, algo pasó que nadie esperaba del todo.

Los dos hombres que supuestamente no podían estar en el mismo cuarto se volvieron cómplices. Se hacían bromas entre escenas. Compartían el almuerzo en el set. Negrete, que tenía fama de hombre serio y exigente, reía con las ocurrencias de Pedro. Y Pedro, que normalmente hablaba con todo el mundo como si lo conociera de toda la vida, seguía diciéndole usted a Negrete, aunque estuvieran solos.

Ismael Rodríguez lo notó. Una tarde le preguntó a Pedro por qué. Pedro respondió que había personas a las que uno les dice usted, aunque sean amigos, que el usted no es distancia, que a veces es la forma más cercana de decirle a alguien que uno lo respeta demasiado para fingir que es su igual.

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Recordando la Pilota.

Flor sin Retoño
Vocaliza:
Pedro Infante.

https://youtu.be/Xmnz6ufyn8I?si=09YooHWXaPNwLRSU

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