28/04/2026
El 25 de abril, la violencia volvió a irrumpir en la vía Panamericana, en Cajibío (Cauca).
Un hecho que no solo interrumpe el tránsito: interrumpe la vida cotidiana de quienes habitan y recorren este territorio.
La Panamericana no es únicamente un corredor vial.
Es un tejido vivo por donde circulan economías locales, procesos comunitarios, vínculos familiares y apuestas de futuro.
Cuando la violencia entra ahí, no afecta “un punto en el mapa”.
Afecta dinámicas profundas de cuidado, sustento y organización social.
Lo que ocurrió en Cajibío se suma a una realidad que sigue marcando al Cauca y al Valle del Cauca:
la persistencia de violencias que ponen en riesgo la vida y tensionan los procesos que, día a día, trabajan por sostenerla.
Nombrar esto importa.
No para repetir el dolor, sino para no normalizarlo.
También porque, en medio de este contexto, siguen existiendo comunidades, organizaciones y personas que apuestan por la vida, por el encuentro y por la construcción de paz desde lo cotidiano.
Acompañamos a estos territorios desde el reconocimiento de su fuerza,
y desde la convicción de que la paz se construye —también— cuidando lo que la violencia intenta romper.