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Hermano Animal En esta pagina se desarrollan las campañas de financiamiento solidario, para la creación y formalización de la Incubadora de Refugios Hermano Animal

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02/02/2026

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| En las carreteras del país, donde a diario confluyen vehículos, historias y silencios, el Congreso de la República comenzó a debatir una propuesta que busca cambiar el destino de quienes no tienen voz.

El representante a la Cámara, Juan Camilo Londoño Barrera, radicó el Proyecto de Ley “Huellas Vivas”, una iniciativa pionera que plantea que el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) cubra la atención médico-veterinaria de animales que resulten afectados en hechos de tránsito.

La propuesta contempla una modificación estructural al Código Nacional de Tránsito, con el propósito de reconocer como víctimas a los animales domésticos, amansados y a la fauna silvestre vertebrada, garantizando una atención inmediata, oportuna y en condiciones dignas tras ser atropellados.

La Ley Huellas Vivas surge como respuesta a una realidad poco visible: miles de animales mueren cada año en las vías colombianas sin un mecanismo claro de auxilio, dejando la carga económica en manos de ciudadanos, rescatistas o fundaciones, lo que limita la capacidad de respuesta ante estas emergencias.

De ser aprobada, la iniciativa permitiría que el SOAT cubra gastos médicos, quirúrgicos, farmacéuticos y hospitalarios derivados de accidentes de tránsito que involucren animales.

El proyecto inició su trámite legislativo el 27 de enero de 2026 en la Cámara de Representantes, abriendo un debate nacional sobre el papel del Estado, los conductores y la sociedad frente a los animales que también comparten las vías del país.

28/01/2026

| 🔴 El país avanza en la prohibición a las pruebas cosméticas en animales. Está es la propuesta para evitar que esta práctica nociva se siga usand...

16/11/2025
15/11/2025
15/11/2025
11/11/2025

En 1975, una joven científica polaca tomó una decisión que desconcertó a todos. Su nombre era Simona Kossak. Tenía un doctorado, credenciales impecables y provenía de una de las familias artísticas más prestigiosas de Polonia: su abuelo, Wojciech Kossak, era un pintor legendario. Podría haber tenido un apartamento moderno en Varsovia, una carrera universitaria cómoda o una vida convencional.

En vez de eso, empacó una sola bolsa y se internó en el bosque de Białowieża, el último fragmento del desierto primitivo que alguna vez cubrió Europa. Allí los lobos aún aúllan de noche, los bisontes europeos vagan libres y los árboles parecen sostener el cielo. Simona encontró una cabaña de madera sin electricidad ni agua corriente, rodeada solo de silencio y cosas salvajes. Lo que para otros habría sido una semana de incomodidad, para ella se convirtió en treinta años de vida.

No estaba sola. Compartió su cama con un lince huérfano llamado Żabka, que ronroneaba como un trueno distante. Rescató a un jabalí que la seguía como un perro fiel. Y convivió con Korasek, un cuervo travieso que robaba objetos brillantes a los turistas y se los llevaba como regalos. Los locales la llamaban bruja, pues los animales la seguían, los pájaros caían en su mano y los ciervos se acercaban sin miedo. Pero Simona no lanzaba hechizos. Ella escuchaba la naturaleza.

Mientras otros científicos estudiaban la naturaleza desde laboratorios y libros, ella lo hacía viviendo entre los animales. Documentó especies nunca observadas de cerca, demostró que los animales salvajes tenían personalidades, emociones y estructuras sociales complejas. Su investigación cambió la forma en que la ciencia entendía la vida silvestre.

Pero su trabajo más importante no estaba en los diarios, sino en la defensa del bosque. Se enfrentó a compañías madereras, a burócratas y a excavadoras. Escribió cartas, presentó demandas, dio entrevistas y se convirtió en símbolo de resistencia. “Este bosque ha sobrevivido diez mil años. ¿Quiénes somos nosotros para decidir que debería terminar bajo nuestra guardia?”, decía.

Su lucha atrajo la atención internacional. La UNESCO intervino. Y gracias a su incansable defensa, el bosque de Białowieża obtuvo mayores protecciones. Los árboles que amaba fueron salvados.

Simona vivió en su cabaña hasta 2007, cuando la enfermedad la obligó a regresar a la ciudad. Murió ese mismo año, a los 71 años. Pero su legado sigue vivo. Hoy el bosque permanece como uno de los últimos desiertos verdaderos de Europa. Los turistas recorren los senderos donde ella caminaba con Żabka. Los bisontes pastan en los prados que defendió y quizás, en algún lugar de esos árboles antiguos, un descendiente de Korasek aún roba algo brillante a un excursionista desprevenido.

La llamaron bruja porque hablaba con los animales. Ella se llamó científica porque escuchaba. Y gracias a ella, ese bosque sigue en pie.
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Este contenido es informativo y educativo. La narración está basada en hechos históricos documentados sobre Simona Kossak, pero se presenta en un estilo narrativo para fines de divulgación.

10/11/2025

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