26/07/2026
Ninguna madre debería abrazar una fotografía cuando podría abrazar a su hijo. Cada vida arrebatada deja una herida que no sana solo con el paso del tiempo; necesita verdad, memoria, justicia y una sociedad que nunca permita que el dolor se vuelva costumbre. El Evangelio nos llama a estar del lado de quienes lloran, a consolar, acompañar y defender la dignidad humana. Porque mientras una madre siga esperando respuestas, nuestra tarea como humanidad sigue incompleta.