19/07/2025
HS Julio Alberto Elias Vidal Las leyes no se escriben solo con tinta; algunas se redactan con sangre.
Usted celebró ayer la sanción presidencial realizada por el Excmo presidente Gustavo Petro de la Ley 2486 de 2025 como un logro legislativo. Habló de movilidad sostenible, de orden en las calles, incluso de un país mejor. Pero omitió mencionar que esta ley (que lo único que tiene de sostenible es el título) autoriza la circulación de niños y niñas en vehículos eléctricos livianos, sin garantías reales de seguridad, en un país donde ni siquiera los adultos están protegidos en la vía.
Usted afirma que esta ley “establece reglas claras”. Pero la evidencia y las cifras nos recuerdan que, en contextos donde la infraestructura, la fiscalización y la educación vial son débiles, permitir el uso masivo de estos vehículos, a velocidades de hasta 40 km/h en ciclo infraestructura, maquinas de hasta mil vatios de potencia, sin límites de edad y sin dispositivos de seguridad obligatorios, es una invitación a la tragedia.
Una ley que fue objetada por la misma Ministra de Transporte, por la Agencia Nacional de Seguridad Vial como la máxima autoridad de la política pública de en el país, por la Red Académica de Movilidad - RAM Colombia y por las organizaciones de la sociedad civil que trabajan por la seguridad vial, voces a gritos, con argumentos, con evidencia, pero usted decidió hacer oídos sordos al llamado. Esta es en definitiva una ley que no es una victoria para la movilidad, sino la muestra clara de la priorización de intereses ajenos al derecho fundamental a la vida, al medio ambiente y al desarrollo sostenible.