29/09/2026
Sí, podemos hacerlo mucho más evocador, sin que parezca que la casa fue “el don” espiritual. Me gusta más “recibida como una herencia confiada a la misión” o “recibida como una casa destinada a guardar una historia de oración”.
Te propongo esta versión:
Una casa que guarda una historia
En La Candelaria, en el centro histórico de Bogotá, donde las antiguas casas conservan en sus patios, balcones y corredores la memoria de otros tiempos, se encuentra la Casa General de las Siervas de Cristo Sacerdote, un hogar que ha acompañado durante años la historia y la misión de la Congregación.
Recibida en donación y abrazada por la misión, esta casa fue tomando con el paso del tiempo una nueva historia: la de una comunidad que hizo de sus espacios un lugar de oración, fraternidad, encuentro y servicio. Sus muros han sido testigos silenciosos de generaciones de Siervas que, desde la intimidad de la vida cotidiana, han ofrecido su existencia al Señor y al servicio de la Iglesia.
Desde este hogar, el carisma de las Siervas de Cristo Sacerdote, sembrado en Bogotá en 1918 por la Sierva de Dios Madre Margarita Fonseca Silvestre, continúa echando raíces: oración por los sacerdotes, acompañamiento a su vida y ministerio, servicio, dignificación de la mujer y evangelización. Una historia que se ha tejido con el tiempo, entre silencios, encuentros, celebraciones y pequeñas entregas cotidianas.
Porque algunas casas guardan recuerdos; esta guarda una vocación. Algunas conservan historia; esta la sigue escribiendo. En La Candelaria, una casa se hizo hogar, el hogar se hizo misión y la misión continúa dando fruto.