19/01/2026
🔥 𝗜𝗻𝗰𝗲𝗻𝗱𝗶𝗼𝘀 𝗳𝗼𝗿𝗲𝘀𝘁𝗮𝗹𝗲𝘀: 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗳𝘂𝗲𝗴𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗰𝗹𝗶𝗺𝗮, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗺𝗼𝗱𝗲𝗹𝗼
La verdad es que cuesta seguir repitiendo la misma explicación todos los años. Incendios forestales, poblaciones arrasadas, comunas completas devastadas. Lirquén, distintos puntos del Biobío, La Araucanía. Cambian los nombres, cambian las cifras, pero el fondo parece no moverse demasiado.
Se insiste en culpar casi todo al cambio climático. Y claro, influye. Nadie lo niega. Pero puede ser cómodo quedarse solo ahí. Porque lo que ocurre en estas regiones no es casual ni únicamente natural. Muchas de estas comunas están literalmente rodeadas de plantaciones forestales: extensos monocultivos de pino y eucalipto, especies introducidas al territorio que consumen agua de manera desmedida, secando napas subterráneas y dejando suelos erosionados, frágiles, listos para arder.
Uno recorre estos lugares o escucha a quienes viven ahí y el paisaje se repite: cerros uniformes, sin diversidad, sin humedad, sin cortafuegos reales. Un modelo que prioriza la rentabilidad por sobre la vida. Y en ese escenario, cuando el fuego llega, no encuentra resistencia. Avanza rápido, sin control, directo hacia las casas.
Cuesta no decirlo con todas sus letras: los principales responsables no son solo las altas temperaturas o el viento. Son las grandes forestales, los consorcios que concentran enormes extensiones de territorio y que han impuesto este sistema. CMPC, Arauco, Mininco, Bosques Arauco, entre otras. Empresas que ganan millones mientras comunidades enteras pierden todo. Su casa, su tierra, su historia.
Y hay otra contradicción que incomoda. Los principales dirigentes mapuche que han denunciado este modelo, que han enfrentado a estas empresas y defendido el territorio, hoy están tras las rejas. Condenas desproporcionadas, procesos bajo la Ley Antiterrorista, castigos ejemplificadores. Se criminaliza la defensa de la tierra, mientras el verdadero daño estructural sigue intacto.
Puede ser duro decirlo, pero tal vez ya es hora. El fuego no solo quema bosques. Quema las consecuencias de un modelo que se sostuvo por décadas sin escuchar a las comunidades. Y mientras no se revise de fondo, lo que hoy vemos en el Biobío y La Araucanía no va a ser una excepción, sino una advertencia repetida. Creo que ya la hemos escuchado demasiadas veces.