17/04/2026
Lo ocurrido ayer con la ministra no puede relativizarse ni normalizarse.
Gritar, insultar y hostigar a una autoridad en un espacio público no fortalece la democracia. La debilita. Y cuando esa violencia se ejerce contra una mujer, también vuelve a quedar en evidencia una barrera que sigue intentando expulsar a las mujeres de los espacios de representación, decisión y liderazgo. Más aún, cuando es a una mujer que rompe techos de cristal para otras mujeres, siendo la máxima autoridad en una industria y cartera históricamente masculina, como la energía.
No se trata de estar o no de acuerdo políticamente. Se trata de un mínimo que no debería discutirse: el respeto.
Repudiamos lo ocurrido y recordamos algo urgente: una sociedad más justa también se construye cuidando la forma en que debatimos, discrepamos y convivimos. Porque no hay avance posible cuando la violencia intenta ocupar el lugar de la palabra.
Soñamos y seguiremos trabajando, para que las mujeres no tengamos que seguir aprendiendo estrategias de manejo y estar preparadas para cuando se levanten voces para menoscabar y destruir el piso del liderazgo alcanzado y que además, es un resultado de muchos años de esfuerzo colectivos en todo el mundo para tener una silla y lugar en la mesa donde se toman las decisiones.
Video: ADN Radio