Helmut Frenz murió en Alemania el lunes 12 de septiembre de 2011. Estaba enfermo y acompañado sólo de su familia.
En su juventud, Helmut Frenz había sido pastor de la Iglesia Luterana y habitaba en un apacible pueblo de su país. Pero él era un auténtico discípulo de Cristo y no podía vivir tranquilo mientras millones de sus hermanos del Tercer Mundo padecían “hambre y sed de justicia”, así como también hambre de pan. Siguiendo al llamado de Dios viajó a Chile. Su Iglesia lo destinó a la atención de la comunidad luterana de Concepción. Allí, además, fue capellán de la cárcel de menores, donde comenzó a conocer la vida de los pobres, a quienes jamás abandonó. Un día llegó a su casa una mujer, madre de un niño al que él había atendido en la cárcel. Ella le pidió el bautismo para otro de sus hijos, porque el párroco católico lo había negado debido a que esta familia habitaba en un campamento de nombre “Lenin”. Helmut Frenz acudió a dar el bautismo y siguió acompañando a aquellos pobladores “para saber dar al cansado una palabra alentadora”.
Más tarde, Frenz fue nominado obispo de la Iglesia Luterana de Chile, debiéndose trasladar a Santiago. En 1970, los representantes de las Iglesias visitaron al recién electo Presidente de la República, Dr. Salvador Allende. En ese tiempo, Chile era “asilo contra la opresión” y aquí llegaban muchos perseguidos políticos de los países de América Latina que eran regidos por la Doctrina de la Seguridad Nacional. El Presidente Allende, con la grandeza de espíritu que lo caracterizaba, pidió a las Iglesias que acogieran a los refugiados políticos mientras se legislaba al respecto. Frenz se abocó a esa labor y fue así como, tras el golpe de Estado de 1973, los extranjeros acudieron a buscar asilo a su casa, pues ya sabían que se trataba de un auténtico cristiano.
Junto a otras Iglesias, Frenz creó el Comité para la Paz en Chile, buscando salvar las vidas de los perseguidos, lo que le valió la expulsión del país en 1975. En Europa continuó su labor solidaria con las víctimas de Pinochet, siendo Presidente de Amnistía Internacional de Alemania, gestionando las denuncias sobre Colonia Dignidad, mientras era pastor de refugiados de Sajonia.
En el año 2003, la Comisión Ética contra la Tortura (CECT-Chile) invitó a Frenz a visitar Chile por primera vez tras su expulsión de nuestro país. El pastor volvió para quedarse. Es así como Frenz permaneció colaborando con la Comisión Ética contra la Tortura en seminarios, foros y publicaciones, habiendo sido decisiva su participación en la instauración de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech), que fuera destinada a establecer verdad, justicia y reparación a los sobrevivientes de tortura bajo la dictadura militar.
A mediados de 2005, formó parte de la Comisión Calificadora de la Fundación Presidente Allende de España. En el 2009, recibió la nacionalidad chilena por gracia y el doctorado Honoris Causa de la Universidad Arcis, todo esto en medio de múltiples actividades de solidaridad con las víctimas de la injusticia, tales como el pueblo mapuche y las personas detenidas en manifestaciones públicas.
El testimonio de Helmut Frenz sintetiza la integración de la fe y de la razón; de la teoría y la práctica; del pensamiento y de la acción. Fue un cristiano consecuente que no concebía separar su espiritualidad de la solidaridad con los oprimidos; el amor fraterno de la oración; el ser humano de Dios. Él estaba convencido de que ser cristiano significa ser discípulo de Cristo, quien es Dios y hombre. De allí se explica su espíritu misionero; su afán ecuménico; su tiempo dedicado a los otros; su capacidad de escuchar; su confianza en la Providencia; el considerarse siervo de Dios, a través de quien Dios sirve al mundo; su sentido de servicio, entendiendo por ello la reconciliación de los que están divididos y la ayuda misericordiosa para todos los que sufren.
El golpe de Estado de septiembre de 1973 en Chile, fue justificado por muchos como un bien o, a lo menos, como un mal menor. Frenz afrontó este dilema y se preguntó por el rumbo que debería adoptar en aquellas circunstancias: huyendo de todo conflicto, podría haberse refugiado en sus virtudes individuales, cerrando los ojos y los labios ante la injusticia cometida a su alrededor. Pero todo autoengaño no le habría tranquilizado por todo lo que habría dejado de hacer, puesto que se convertiría en un fariseo. Habría podido encerrarse con resignación o entregarse incondicionalmente al más fuerte. Podría haberse puesto los innumerables disfraces para esconder la irresponsabilidad ante su propia conciencia, aceptando una conciencia tranquila en lugar de una conciencia digna. Habría podido aceptar lo malo para evitar lo peor. No obstante, Frenz pudo visualizar que allí se encuentra el principio de las tragedias. La vida de Frenz se mantuvo fiel a Cristo, quien le exhortaba a una acción que debía ser una respuesta al llamado de Dios. Porque Dios esconde en el fondo de los cimientos del mal, la voz tenue pero insoslayable de la justicia. Por ello, Frenz estuvo siempre atento a los avatares del devenir histórico, puesto que la contemplación y el compromiso con la historia son dimensiones sustantivas de la existencia del cristiano, y que no pueden ser eludidos. Es así como Frenz se pregunta: ¿cuál es mi misión? La respuesta desde su corazón de hombre de fe profunda y auténtica fue categórica: dar la vida. Y la vida significa comunión con Dios y con los hombres. En lenguaje bíblico, es la justicia. Hoy, la promoción de la justicia es un asunto de fe. Porque la justicia es otra cara de la verdad. Y la verdad es lo que da sentido de trascendencia al hombre. Es lo que mueve a las grandes acciones y a las almas grandes.
La mentira, en cambio, es lo que corroe las almas de los hombres. De esta forma, el hombre justo y veraz se transforma en profeta. El profeta, cundo todos desesperan, es quien espera. Y cuando los otros esperan, es quien se impacienta. Frenz fue un profeta que esperó y que se “desesperó”, viviendo una fe “que mueve montañas”. ¿Cuál es el significado de la fe en una vida comprometida en la lucha contra la injusticia y la alienación? ¿Qué significa la fe cuando “la riqueza de pocos está hecha a costa de la pobreza de muchos”?
Ante estas interrogantes, Frenz ha afirmado al regresar a Chile que “cuando la Iglesia es portadora de la revelación, en la caridad y en la unión de los fieles, es capaz de otorgar confianza, ofrece consuelo y transmite esperanza de paz y de justicia a los pobres, a los cansados, a los débiles”. Así entendió la solidaridad, porque lo q ue amamos en los otros es lo que hay de divino en ellos. Y lo que los otros aman en nosotros, es lo que nosotros tenemos de Dios.
Es válido recordar que no fueron pocas las decepciones que sufrió Frenz en un Chile “renovado” por las mezquindades, transacciones y traiciones. Afectado en su salud y en su alma, regresó a Alemania en el 2010. No obstante, siempre fue su deseo que sus cenizas retornaran a Chile, a Villa Grimaldi, para permanecer junto a los pobres y olvidados con quienes está aquel Dios del que fue su fiel discípulo.
El testimonio de Helmut Frenz no puede permanecer en el olvido. Las futuras generaciones deben conocer a este hombre que vivió su fe en Cristo, irradiándola en obras de justicia a través de la defensa de los derechos humanos.
Es por ello que la Iglesia Evangélica Luterana en Chile y la Comisión Ética contra la Tortura (CECT-Chile) se han unido para constituir el CENTRO DE DOCUMENTACIÓN, EDUCACIÓN Y DERECHOS HUMANOS “HELMUT FRENZ”.
Dicha entidad, que ya cuenta con personería jurídica, pretende conocer y difundir el testimonio de Frenz. Recopilar y catalogar la documentación de y sobre el mismo, para ponerla al servicio de las nuevas generaciones de la Iglesia
Luterana, en particular, y de toda la ciudadanía. Desarrollar la cultura de la solidaridad emanada del espíritu de Frenz, de tal manera de iluminar desde allí el discernimiento sobre el acontecer contemporáneo. Establecer una instancia de investigación y de educación en la perspectiva de una cultura de los derechos humanos. Abrir un espacio de reunión y de reflexión de organizaciones de derechos humanos.
El testimonio de vida de Helmut Frenz puede expresarse en la misión descrita por el profeta Isaías: “El espíritu del Señor Yavé está en mí, porque Yavé me ha ungido. Me ha enviado a llevar la Buena Nueva a los pobres, a curar los corazones oprimidos, a anunciar la libertad a los cautivos, la liberación a los presos”. (Is. 61, 1).
Hervi Lara
Publicado en la Revista 95 Tesis, Iglesia, Jóvenes y Memoria. Febrero, 2014.