18/09/2026
¿Sabías qué a comienzos de la época del Chile recién independizado teníamos tres celebraciones como fiestas nacionales? Al 18 de septiembre se les unían el 12 de febrero y el 5 de abril.
Cada una de estas efemérides respondía a un hito histórico que se relacionaba con la emancipación. Mientras el 18 de septiembre se recordaba la creación de la Primera Junta Nacional de Gobierno de 1810, el 12 de febrero recordaba dos fechas muy significativas: el triunfo en la batalla de Chacabuco en 1817 y el juramento, proclamación y firma del Acta de Independencia al año siguiente. En tanto, el 5 de abril recordaba el triunfo en los campos de Maipú.
Esto implicó una trilogía de celebraciones, las que eran vistas con preocupación, ya que significaban varias cosas: cese de labores productivas, exceso de comida, despilfarro, consumo de alcohol y practica de juegos. Ello se oponía a otra lógica de orden y producción, tal como comenta el diario El Mercurio de 1829: “regular el ocio por parte de la autoridad, es decir, debía haber fiestas populares en orden y sujetas a ciertas reglas para que toda clase de gente pueda tomar parte de ellas con seguridad y sin ofender a la decencia pública”.
Con el paso del tiempo, las fiestas fueron siendo reducidas, primero la del 5 de abril y luego, ya mediante un decreto oficial en febrero de 1837, la de 12 de febrero fue excluida mediante un acto legal administrativo, quedando como única fecha el 18 de septiembre
Desde la óptica económica más que política, la fecha parecía más adecuada, ya que febrero era la estación más propicia para realizar diversas faenas agrícolas como la vendimia, cosechas de trigo y la trilla.
Contradictoriamente se estableció como única fecha de festejo el día en que se organizó la Primer Junta Nacional de Gobierno, que, si bien es la primera forma de organización propia e independiente de España, en ella se le jura fidelidad y obediencia al rey cautivo de Napoleón Bonaparte.
Bibliografía: ¡Chile tiene fiesta! El origen del 18 de septiembre (1810-1937) paulina Peralta. Editorial LOM, 2007.