Quienes conformamos esta asociación, tenemos una característica que nos identifica a todos: haber estudiado en universidades e institutos profesionales de países socialistas de Europa, Asia y Cuba. La mayor parte de nosotros estudiamos una carrera, otros pudieron estudiar más de una, o también realizaron post grados o doctorados. Algunos, por diversas razones, no alcanzaron a terminar sus estudios
, pero, a todos nos une un tremendo amor, nostalgia y agradecimiento por la universidad y el país en el que estudiamos. Somos jóvenes –ex jóvenes- que hace algunas décadas tuvimos la suerte y tomamos la decisión de ir a estudiar a universidades que estaban tras la denominada “Cortina de Hierro”, y a la Isla de Cuba que tranquila navega en el Mar de las Antillas. Al partir y en nuestra ingenuidad, algunos nos preguntábamos si los pilotos sabrían hasta qué altura llegaba la temible “Cortina”. Éramos jóvenes con deseos de afrontar esos misterios y también con cierto mérito escolar, que nos permitía ser seleccionados como becarios, dispuestos a mejorar nuestra suerte obteniendo un diploma universitario. Entre esas universidades e institutos, destaca la Universidad de Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, de Moscú, que fue creada en forma expresa con el objetivo de que jóvenes de Asia, África y América Latina, tuvieran la oportunidad de adquirir una formación profesional. Esta Universidad fue fundada a 43 años de la Revolución de Octubre y a quince años de haber terminado la II Guerra Mundial, guerra que provocó la muerte de 50 millones de seres humanos, entre ellos más de 20 millones de soviéticos. Hoy es una de las principales universidades de Rusia y tiene el estatus de universidad de nivel federal. El 22 de febrero de 1961 la Universidad recibió el nombre de Patricio Lumumba, en reconocimiento a uno de los símbolos de la lucha de los pueblos africanos por su libertad. El 5 de febrero de 1992 –ya caídos el Muro, Gorbatchev y su perestroika, la URSS- por decisión del Gobierno de la Federación Rusa, pasó a llamarse Universidad de Rusia de la Amistad de los Pueblos. Probablemente su espíritu ya no es el mismo, pero guardaremos siempre el recuerdo de lo que fue, de lo que significó para nosotros. Hoy cuenta con 10 facultades principales (agricultura, ciencias humanitarias y sociales, ingeniería, medicina, lengua rusa y asignaturas de formación fundamental, ciencias físico-matemáticas y naturales, letras, ecología, economía, derecho), 3 facultades de perfil de educación continua, 3 cátedras universitarias generales, 7 institutos, 33 centros científicos y educativos, más de 150 laboratorios y centros de investigación académica. El rasgo particular de la URAP es su carácter multinacional: hoy entre los estudiantes de grado y posgrado hay representantes de 450 nacionalidades y grupos étnicos de más de 158 países de todo el mundo. Los representantes de diferentes países y pueblos viven y estudian juntos. En total, la Universidad cuenta con alrededor de 25.000 estudiantes de grado y posgrado. Serguéi Rumiántsev, hombre emérito de Ciencia y Técnica de la RSFS de Rusia, doctor en ciencias técnicas y catedrático, fue el primer rector de la Universidad a partir de 1960 y hasta 1970. Fue en 1960 cuando empezaron las clases de ruso para estudiantes extranjeros en la facultad preparatoria y el 1 de septiembre del 1961 se inauguraron las seis facultades principales de la Universidad: ingeniería, historia y filosofía, medicina, agricultura, ciencias físico-matemáticas y naturales, economía y derecho. En 1964 la Universidad llegó a ser miembro de la Asociación Internacional de Universidades. En 1965 los primeros 288 especialistas, jóvenes de 47 países, recibieron sus títulos profesionales. Por aquel entonces también empezó la historia de las brigadas de construcción internacionales, que durante las vacaciones de verano, julio y agosto, construían nuevas líneas de ferrocarriles en Siberia. En 1964, estudiábamos allí jóvenes de 84 países de América Latina, Asia y África, de manera completamente gratuita. De a poco fuimos conformando un sentido de pertenencia, que permitió desarrollar relaciones armoniosas y muchas veces de amistad. Un clima diferente, una historia, una visión del mundo diferentes, que lentamente fue convergiendo en nosotros. Al regresar de vacaciones, un día nos sorprendimos pensando “por fin regresando a casa”. La presión de los estudios nos hizo agruparnos con condiscípulos de otros países, primero para dominar el idioma ruso, luego los ramos de nuestra especialidad. Al leer las noticias internacionales lo hacíamos con otros ojos, porque aquellas noticias nos hacían pensar en nuestros compañeros de estudio. El mundo era ancho y ajeno, pero también fraternal. En aquellos años ’60, el mundo estaba en lucha contra el imperialismo, el colonialismo, por una tercera vía de desarrollo, pero también algunos por el socialismo. Entonces nosotros comprendimos que, muchas veces, vale la pena luchar por cambiar las cosas. Salimos de allí más maduros, física e intelectualmente, con un diploma universitario, que nos permitió afrontar mejor el futuro, que resultó también diverso, con guerras, golpes de estado, desastres naturales, pero también con oportunidades para aportar al desarrollo de nuestros países. Más allá de haber adquirido una profesión, lo que más nos une es la riquísima e inolvidable experiencia personal de haber vivido en sociedades donde primaba lo colectivo, donde el individualismo no era el motor que movía a la sociedad, como el que desgraciadamente predomina hoy en nuestros países. Quizás sea esa nostalgia por lo colectivo, por lo humano, lo que más nos identifica a todos los que tuvimos la oportunidad de estudiar en los países socialistas. Pero lo que ha resultado impagable es la experiencia de haber vivido en el país que realizó la primera revolución y construcción socialista, esa gran tentativa de lanzarse al asalto del cielo. Se trataba de crear el hombre nuevo y aunque tal vez los resultados no fueron los esperados, nosotros fuimos testigos de los esfuerzos hecho en ese sentido. Percibimos que el pueblo soviético y ruso en particular, nos hizo protagonistas de esos esfuerzos tratándonos a la altura de esas circunstancias. El 7 de noviembre de 2017, se cumple el Centenario de la Gran Revolución Rusa de Octubre, y nosotros, quienes estudiamos en Universidades e Institutos Profesionales de la URSS y los países socialistas, tenemos un deber moral, celebrar con entusiasmo este Centenario, porque es gracias la Revolución de Octubre que se generó la solidaridad internacional que nos permitió adquirir una formación profesional y una visión amplia de la historia del mundo. Y aunque el campo socialista desapareció en toda Europa, víctima de sus propios errores y de los ataques del capitalismo globalizado, las ideas y los sueños que nacieron con la Revolución de Octubre, continúan estando presentes. Este Encuentro, en el centenario de la revolución, puede ser la oportunidad de entregar nuestros diferentes conocimientos y la experiencia de haber vivido en sociedades socialistas, al servicio de los demás. La gran experiencia que vivimos, nos puede permitir analizar en parte los errores que pusieron término a la experiencia socialista, pero principalmente reflexionar sobre los posibles caminos para superar las injusticias de la sociedad en que vivimos hoy, en donde miles de niños mueren de hambre cada día en el mundo.