27/04/2026
Que desde Hacienda el gobierno de Kast siquiera considere eliminar la alimentación escolar no es un detalle técnico.
Es una señal clara de prioridades.
Porque Chile ya tuvo un Presidente que entendió lo que significa desarrollar un país de verdad.
Cuando Salvador Allende impulsó la política del medio litro de leche, no lo hizo por ideología vacía.
Lo hizo por convicción y evidencia: ningún niño o niña puede aprender, crecer ni desarrollarse con hambre.
Y eso no solo afecta a una familia, afecta a toda la nación.
Fue una política pública concreta.
Mejoró la salud, fortaleció la educación y devolvió dignidad a miles de familias.
Fue enfrentar la pobreza de frente.
Hoy, cuando se pone en duda el programa de alimentación de JUNAEB, no estamos hablando de números.
Estamos hablando de realidades.
De estudiantes que dependen de esa comida para concentrarse, para rendir, para seguir adelante.
Y solo el hecho de considerarlo ya dice mucho:
proteger y enriquecer a unos pocos,
mientras el costo de la vida sigue cayendo sobre millones.
Porque al final, la pregunta es simple:
¿en qué se recorta… y a quién se protege?
El progreso de un país no se mide en cuánto recorta,
sino en cómo cuida a quienes más lo necesitan
y en cómo eso impacta directamente en su desarrollo y el del país.
Allende lo entendió porque conoció el Chile real.
No gobernó desde la distancia.
Gobernó con sentido de urgencia.
Y soñó en grande: una patria más justa,
donde nadie tenga que enfrentar el presente y futuro con hambre.
📌 La historia ya nos enseñó el camino.
Retroceder no es opción.
Defender la alimentación escolar no es ideología.
Es desarrollo.
Créditos fotografías: Biblioteca Virtual Salvador Allende, Fundación Salvador Allende, La Nación, Memoria Chilena.