A fines del 2013, recibimos una donación importante que fue aliciente para crear la Fundación Chile sin Cáncer y dar nuestro primer paso en el Hospital Sótero del Río, donde construimos e implementamos una Unidad de tratamiento ambulatorio y varias estaciones de trabajo para el equipo. Contribuimos a contratar más oncólogos que trabajaran en el sector público, enfermeras de apoyo y equipos de inve
stigación. Así, en menos de un año, logramos triplicar las horas de atención de oncólogos, redujimos los tiempos de espera desde 40 a menos de 10 días, mejoramos importantemente las capacidades de acogida de estos pacientes, y estamos comenzando a generar estudios de investigación para crecer en lo que sabemos. Esta experiencia virtuosa que conectó una necesidad de Chile, capacidades económicas del mundo privado, las responsabilidades e intereses universitarios de formar a más capital humano para cáncer, con el compromiso del sector público; ha permitido cambiar la historia de muchos pacientes. Actualmente, la fundación trabaja para llevar e implementar plataformas de atención al cáncer en ciudades clave de la zona norte, central y sur de Chile.