21/07/2026
Servir a la iglesia jamás debe significar abandonar el hogar. Un pastor puede predicar a multitudes y, al mismo tiempo, estar perdiendo el corazón de su esposa y de sus hijos.
La Escritura enseña que quien no sabe gobernar bien su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios? (1 Ti. 3:4–5).
La familia pastoral no debe ser la primera sacrificada sobre el altar del ministerio. Por eso, además de honrar a sus pastores, la iglesia también debe orar por ellos, comprender sus cargas y animarlos a cuidar a su esposa e hijos.
Un ministerio saludable comienza en un hogar saludable. El pastor no solo está llamado a alimentar al rebaño, sino también a pastorear fielmente a la familia que Dios le ha confiado.