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Nos comprometemos a mejorar la calidad de vida de cada vecino. ¡Únete a nosotros y construyamos juntos un futuro mejor para Los Vilos!

Celebramos la alegría, los sueños y el derecho de cada niña y niño a crecer con cariño, cuidado y oportunidades.Porque c...
09/08/2026

Celebramos la alegría, los sueños y el derecho de cada niña y niño a crecer con cariño, cuidado y oportunidades.

Porque cuidar la niñez es cuidar el futuro de nuestra comuna.

Feliz Día de la Niñez 💙

🌧️ Que llueva, pero que nos pille preparadosCompartimos la última columna de Héctor San Martín Rojas para  ESOTV, una re...
16/07/2026

🌧️ Que llueva, pero que nos pille preparados

Compartimos la última columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV, una reflexión sobre la lluvia, la memoria de nuestra comuna y la necesidad de anticiparnos mejor.

Los Vilos conoce sus puntos críticos. Prepararnos es tarea de las autoridades, pero también de cada comunidad y familia.

Porque la lluvia es una bendición.

OPINIÓN | Que llueva, que llueva… pero que nos pille preparados

Dicen los pronósticos que se acercan lluvias.

Hubo un tiempo en que se esperaban de otra manera. Para muchos, un día de lluvia en Los Vilos era quedarse en casa, escuchar el agua golpeando el techo y sentir el viento norte moviendo puertas y ventanas. Era el brasero encendido, la tetera lista, el pan tostado, la ropa secándose cerca del calor y esa pausa que traían los días grises.

En una comuna golpeada por años de sequía, la lluvia es bendición. Para agricultores, crianceros y familias campesinas, cada gota importa. Después de tanto tiempo mirando cerros secos, esteros débiles y napas al límite, sería injusto hablar de lluvia solo como problema. El agua hace falta. Mucha falta.

Pero que la lluvia sea necesaria no significa que la comuna deba sufrir cada vez que cae.

Los Vilos conoce sus lugares críticos. No debieran sorprendernos. En el casco histórico, hay sectores que suelen complicarse rápido, como calle Lincoyán y otros puntos donde el agua se acumula, las veredas se vuelven difíciles y las calles terminan funcionando como canales. En Matagorda, cuando el camino se corta, los vecinos quedan prácticamente aislados.

También hay antecedentes que no debieran olvidarse. Con lluvias intensas se han producido cortes de energía, viviendas inundadas, caminos interiores con problemas e interrupciones de servicios. En la Villa Las Américas, por ejemplo, se registró un colapso del alcantarillado en medio de una lluvia intensa. No se trata de decir que todo se repite igual cada año, sino de recordar que la comuna ya conoce sus riesgos.

Y cuando un problema se repite, deja de ser sorpresa y se transforma en responsabilidad.

Está también la quebrada El Negro, donde apenas caen las primeras gotas vuelven los accidentes, el temor y la sensación de que existe una deuda pendiente en seguridad vial. Ahí hay un problema mayor de diseño y mantención asociado a la carretera. La pregunta que muchos nos hacemos es: ¿cuándo se resolverá de verdad? No basta con pedir prudencia a los conductores si la ruta sigue exponiendo a las personas cada vez que llueve.

Lo mismo ocurre con la Ruta 5 a la altura de Laguna Conchalí, donde ya tuvimos un corte extenso luego de días de lluvia y viento. En una comuna atravesada por una ruta tan importante, cada punto crítico afecta la conectividad, el trabajo, el abastecimiento y la seguridad.

En el interior, la preocupación también es conocida. Las calles del sector alto de Quilimarí y de otras localidades quedan en muy malas condiciones con los sistemas frontales. En Tilama, el puente cortado y el bypass provisorio siguen siendo una alerta evidente. Cuando aumenta el caudal, cuando los caminos interiores se dañan o cuando una comunidad puede quedar aislada, la lluvia deja de ser un bonito momento y se convierte en riesgo.

También hay que mirar la infraestructura pública. La afectación sufrida por la Escuela Clara Vial Orrego de Caimanes en episodios anteriores muestra que la emergencia no golpea solo caminos o viviendas. También puede afectar espacios que están al servicio de la comunidad y que deben estar preparados para seguir funcionando cuando más se necesitan.

Por eso la respuesta a la emergencia no empieza cuando cae la primera gota.

Empieza mucho antes, cuando una comuna sabe dónde se inunda, qué caminos fallan, qué familias pueden requerir ayuda, qué infraestructura necesitan revisión, qué alcantarillados pueden colapsar, qué quebradas deben limpiarse y qué sectores necesitan maquinaria antes, no después.

Esto también requiere trabajo en equipo. Las autoridades deben anticiparse y coordinar, pero las familias también podemos prevenir desde nuestras casas. Revisar techumbres, limpiar canaletas, ordenar patios y avisar a tiempo cuando vemos un riesgo. Una comuna preparada también se construye desde la comunidad.

La gestión de emergencia no puede ser solo una foto con equipos en terreno cuando el problema ya ocurrió. Eso es necesario, por supuesto. Pero lo importante es lo que se hizo antes. La limpieza preventiva, la revisión de vías de evacuación de aguas, el despeje de quebradas, la identificación de puntos críticos, la coordinación con Vialidad, MOP, empresas sanitarias, juntas de vecinos y comunidades rurales.

Porque la lluvia y el viento no avisan dos veces.

Este invierno se ha hablado de un escenario asociado a El Niño y de lluvias normales a sobre lo normal en parte de la zona centro y sur. Pero más allá del nombre del fenómeno, lo importante para Los Vilos es lo mismo de siempre. Si sabemos que puede llover con fuerza, la preparación no puede quedar para última hora.

La sequía nos obliga a recibir el agua con gratitud. Pero la experiencia nos obliga a recibirla con preparación. No hay contradicción entre ambas cosas. Se puede agradecer la lluvia y, al mismo tiempo, trabajar para estar mejor preparados.

Lo que no puede seguir ocurriendo es que cada invierno parezca el primero.

Cada sistema frontal vuelve a mostrar algo de lo mismo. Calles que se anegan, caminos que se cortan, familias que lo pasan mal, sectores rurales que quedan en alerta, infraestructura expuesta y puntos de la carretera que se vuelven peligrosos. Ya no se trata solo de si va a llover, sino de lo que hacemos mientras sabemos que podría llover.

Los pronósticos pueden cambiar. Pero precisamente por eso es importante prepararse. No para controlar el clima, sino para intentar reducir el daño.

Una comunidad preparada no improvisa con el agua a punto de llegar.

Y esta conversación también debe mirar más lejos. Si la sequía ha marcado por años a la Región de Coquimbo, cada lluvia debería servir no solo para reaccionar, sino para pensar mejor el futuro. Cómo captamos agua, cómo protegemos humedales, cómo cuidamos quebradas, cómo mantenemos caminos rurales, cómo exigimos soluciones definitivas en puntos peligrosos y cómo administramos un recurso cada vez más escaso y, al mismo tiempo, más impredecible.

La lluvia revela mucho más que goteras o calles inundadas. Revela cómo nos organizamos. Revela si nos anticipamos o solo reaccionamos. Revela si nuestros puntos críticos están identificados o si cada emergencia se enfrenta desde cero.

Por eso, ante un nuevo sistema frontal, no basta con esperar que pase. Hay que mirar dónde vuelve a fallar la comuna, escuchar a quienes todos los años viven el mismo problema, dejar registro, priorizar obras y exigir soluciones.

Porque la lluvia debe ser una bendición.

Pero la improvisación, esa sí que no debe seguir cayendo sobre los mismos de siempre.

¿Dónde está el plan?Compartimos la columna de Héctor San Martín publicada en ESOTV, sobre la necesidad de que Los Vilos ...
29/06/2026

¿Dónde está el plan?

Compartimos la columna de Héctor San Martín publicada en ESOTV, sobre la necesidad de que Los Vilos deje de resolver desde la urgencia, avance con una planificación clara y compartida.

No basta con reconocer las necesidades. También hay que preparar proyectos, ordenar prioridades y usar bien herramientas como el royalty para atraer más inversión.

OPINIÓN | ¿Dónde está el plan?

Hace algunas semanas, una pregunta cruzó la política nacional: ¿dónde está el plan?

No la traigo para repetir una polémica ajena ni para convertir una discusión nacional en pelea local. La traigo porque sirve para mirar una conversación que Los Vilos necesita dar. Cuando una comuna tiene tantas necesidades acumuladas, preguntar por el plan no es un detalle técnico. Es una pregunta ciudadana.

¿Dónde está el plan para transformar prioridades en proyectos? ¿Dónde está el plan para que el royalty no sea solo un ingreso más, sino una herramienta para atraer más inversión?

En febrero, un medio regional publicó una nota sobre la distribución de iniciativas FNDR por comuna. El FNDR, Fondo Nacional de Desarrollo Regional, es una de las principales herramientas para financiar obras e iniciativas de inversión pública. Por eso importa mirarlo. No solo por el dinero, sino porque muestra qué tan preparadas están las comunas para competir por recursos regionales.

Según esa publicación, Los Vilos representaba cerca del 4,5% del monto regional informado. En la misma nota, Canela aparecía con el 7,4%, Salamanca con el 5,8% e Illapel con aproximadamente el 25%. Esos montos pueden incluir iniciativas en distintas etapas; no significan necesariamente proyectos listos para ejecutarse ni obras en marcha. Pero sí abren una conversación de fondo: la competencia por recursos existe, nos guste o no.

Uno puede lamentar que comunas vecinas tengan que disputar financiamiento para necesidades reales, pero esas son las reglas actuales. Y si esas son las reglas, Los Vilos no puede mirar desde lejos.

No basta con necesitar. También hay que estar listo.

Según el Banco Integrado de Proyectos, en 2025 aparecen 13 iniciativas FNDR formuladas por la Municipalidad de Los Vilos. De esas iniciativas, 7 cuentan con RS, que en simple significa recomendación técnica favorable. La pregunta, entonces, no es solo cuántas iniciativas hay en una lista. La pregunta es cuántas están realmente listas para convertirse en obras, servicios o soluciones concretas.

Porque una iniciativa anotada en una planilla no cambia la vida de nadie si no llega a ejecutarse.

El dato histórico también debiera llamarnos la atención. Si miramos lo que se pidió para cada año en proyectos FNDR, el 2025 representa cerca del 27% de lo alcanzado en 2013, que aparece como el año más alto de la serie revisada. Se trata de advertir que preparar y empujar buenos proyectos importa mucho más de lo que a veces se quiere reconocer.

Mirando el 2026, se registran 10 iniciativas FNDR. De ellas, 6 cuentan con RS. Pero solo 3 aparecen en etapa actual de ejecución y corresponden a proyectos de años anteriores, como el parque de El Bosque y sus calles perimetrales, además del alcantarillado de Caimanes. Las otras 3 con RS siguen a la espera: el camino a Matagorda, las luminarias públicas y el nuevo cementerio, este último vinculado a la necesidad de despejar la situación del terreno de ex INIA. Es decir, hay iniciativas importantes, pero son pocas para una comuna con tantas necesidades acumuladas.

Los Vilos necesita una cartera de proyectos más fuerte. Un conjunto ordenado de buenos proyectos, pensados con tiempo y conectados con las prioridades reales de la gente.

Los Vilos tiene necesidades evidentes, por ejemplo, salud para Quilimarí, Caimanes y Los Vilos urbano; una nueva escuela y la reposición del Liceo Nicolás Federico Lohse Vargas; un gimnasio que se llueve y un polideportivo pendiente; caminos, luminarias, espacios públicos, alcantarillado, cementerio, reciclaje, seguridad, mercado municipal y equipamiento comunitario. También lo vimos con la recolección de basura, cuando un servicio esencial terminó instalado en la discusión pública bajo presión, dejando la sensación de que se pudo anticipar mejor la licitación o preparar antes una solución distinta, como la gestión directa del servicio.

La lista es larga. Pero precisamente por eso se necesita un plan.

Una comuna no puede ordenar sus prioridades solo desde la urgencia. Para eso debiera existir un PLADECO actualizado, conocido y usado como verdadera hoja de ruta, no como un documento para cumplir una formalidad. Ahí debiera quedar claro hacia dónde va Los Vilos, qué prioridades se acuerdan con la comunidad y qué proyectos se preparan para los próximos años.
Sin esa hoja de ruta clara, cada decisión corre el riesgo de parecer aislada.

Cuando no hay planificación suficiente, las decisiones llegan tarde. Llegan cuando el servicio está por caerse. Cuando hay que aprobar contra el reloj. Cuando el trato directo para un servicio crítico aparece como única alternativa. Cuando una licitación pudo haberse preparado antes. Cuando el Concejo termina discutiendo una decisión importante, mientras otras prioridades siguen esperando.

Y seamos justos. A veces hay que resolver urgencias. Gobernar también exige reaccionar. Pero una cosa es saber improvisar cuando corresponde y otra muy distinta es convertir la improvisación en método.

Improvisar puede salvar una emergencia. Pero no puede ser el norte de una comuna.

Por eso el royalty abre una oportunidad que no debiera desperdiciarse. No debería verse solo como dinero disponible para gastar año a año. Debería ser una palanca para preparar mejor la comuna, para financiar diseños, actualizar prioridades, levantar estudios y construir proyectos bien preparados, con posibilidad real de obtener financiamiento regional.

El royalty puede servir para muchas cosas. Pero una de las más importantes es esta: ayudar a que Los Vilos deje de llegar tarde.

Porque si cada año se decide casi desde cero, el impacto se dispersa. Se responde a lo urgente, pero no necesariamente a lo importante. Se anuncian cosas, pero no siempre se construye capacidad. Se gastan recursos, pero no siempre queda una ruta clara para los próximos años.

Y una comuna no se desarrolla solo apagando incendios.

Planificar no significa llenar papeles ni hacer diagnósticos que después quedan guardados. Planificar significa ordenar prioridades, escuchar a la comunidad y saber qué proyectos vienen primero. Significa saber cuáles necesitan terreno, cuáles requieren diseño, cuáles dependen de permisos y cuáles pueden prepararse para buscar recursos fuera de la comuna.

Planificar también es decir la verdad. No todo se puede hacer al mismo tiempo. No todo se resuelve en un año. Pero una comunidad merece saber hacia dónde se avanza, con qué proyectos, con qué plazos y con qué recursos.

Eso también es respeto.

Lo mismo vale para cada prioridad mencionada: salud, educación, seguridad, deporte, caminos, infraestructura sanitaria, espacios públicos, mercado municipal, cementerio y gestión de residuos. Nada de eso debiera quedar solo como idea suelta. Son necesidades que deben convertirse en proyectos.

Los recursos no llegan solos.

Por eso la pregunta “¿dónde está el plan?” no debiera molestar. Al contrario, debiera ayudarnos a ordenar la conversación pública. No como consigna contra alguien, sino como exigencia mínima de una comuna que ya no puede seguir resolviendo siempre desde la emergencia.

La planificación no garantiza que todo resulte. Pero la falta de planificación casi siempre garantiza lo mismo: llegar tarde, gastar peor y depender demasiado de la urgencia.

Los Vilos necesita capacidad para reaccionar, sí. Pero sobre todo necesita capacidad para anticiparse.

Porque una comuna que planifica discute mejor sus prioridades, atrae más recursos, ordena mejor el royalty y evita que cada problema termine convertido en emergencia.

Y esa es la diferencia entre administrar el día a día y construir futuro.

Al final, la pregunta sigue siendo simple.

¿Dónde está el plan?

No para buscar culpables. Para empezar, de una vez, a construirlo en serio.

Un gimnasio que se llueve no puede ser normal.Compartimos la columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV, sobre una pr...
14/06/2026

Un gimnasio que se llueve no puede ser normal.

Compartimos la columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV, sobre una preocupación que muchos deportistas, entrenadores y familias de Los Vilos conocen de cerca: la necesidad de contar con espacios deportivos seguros, dignos y a la altura del talento local.

No se trata de desconocer avances, sino de mirar de frente lo que aún falta.

El deporte local y la comunidad merece mejores condiciones.

OPINIÓN | Un gimnasio que se llueve no puede ser normal

Cuando una entrenadora dice que en invierno el gimnasio se llueve y ya no se puede ocupar, no está hablando de una molestia menor. Está hablando de seguridad, de dignidad y de niñas, niños y jóvenes que quieren practicar deporte en condiciones mínimas.

Y eso no puede seguir pareciendo normal.

Porque el deporte no es solo competencia. Es formación, disciplina, salud, encuentro, prevención y comunidad. Cada niño que entra a una cancha, cada niña que aprende básquetbol, vóleibol, fútbol, handball, patinaje, cheerleading, hockey, tenis o cualquier otra disciplina, está ocupando su tiempo en algo que construye futuro. Pero cuando la infraestructura no acompaña, el mensaje que reciben es duro: arréglenselas como puedan.

No se trata de desconocer lo que se ha hecho. Los avances deben valorarse. Los talleres deportivos importan. La conservación del Complejo Deportivo Carlos Salinas Altamirano también es positiva. Toda inversión que mejore recintos, recupere espacios y permita practicar deporte es bienvenida.

Pero valorar no significa conformarse.

El gimnasio techado municipal es un espacio distinto al Complejo Carlos Salinas. Y una conservación, por necesaria que sea, no resuelve por sí sola el problema de fondo. Una conservación mantiene. Un proyecto transforma. Y Los Vilos necesita ambas cosas: mejorar lo urgente y, al mismo tiempo, levantar soluciones definitivas.

Porque no se trata solo del gimnasio. La cancha del Estadio Alberto Arriaza, aledaña al recinto e inaugurada hace poco, también quedó sin poder utilizarse por acumulación de agua. Eso muestra que el problema es más amplio y alcanza a canchas urbanas y rurales que faltan, que requieren mejoramiento o que necesitan techumbre. El deporte no puede seguir pensándose solo para salir del paso.

Que un recinto esté abierto no significa que esté a la altura.

Una cancha puede estar disponible y, al mismo tiempo, volverse riesgosa cuando hay humedad. En el caso del gimnasio, además, el problema no aparece solo en invierno. La propia comunidad del básquetbol ha advertido que en verano la condensación también genera humedad en la cancha, dejando el piso resbaladizo y aumentando el riesgo de accidentes. Es decir, no hablamos de una incomodidad estacional. Hablamos de un recinto que requiere una respuesta seria.

También se entiende que los deportistas pregunten por las prioridades. Sin desmerecer otras inversiones ni enfrentar a una organización con otra, cuesta explicar que mientras se destinan recursos importantes a infraestructura deportiva específica, un recinto utilizado por cientos de niñas, niños, jóvenes y adultos siga esperando mejoras urgentes. La pregunta no es si una inversión merece apoyo. La pregunta es si la comuna está ordenando sus prioridades deportivas con una mirada amplia, justa y de largo plazo.

Esa es la discusión que no debiera perderse.

Mantener lo existente es importante, pero no puede ser el techo de la política deportiva comunal. El Complejo Carlos Salinas tiene una hermosa vista al mar, pero también desafíos pendientes: mitigar el viento, ordenar mejor sus espacios, revisar la cercanía de camarines con la cancha, mejorar y proyectar infraestructura para disciplinas que siguen esperando.

Los Vilos tiene historia deportiva. Hace tres décadas, seis jóvenes vileños inscribieron a la comuna en un Récord Guinness jugando vóleibol playa durante 36 horas y 15 minutos. Esa hazaña todavía debiera recordarnos de qué está hecho el deporte local.

Y el talento no quedó en el pasado. Hoy vemos deportistas que siguen llevando el nombre de Los Vilos más lejos. Ahí está Fernanda Herrera, vicecampeona por equipos en el Mundial de Cheerleading. Ahí están niñas, jóvenes y adultos en distintas disciplinas que entrenan, viajan, compiten, se organizan y representan a la comuna con orgullo.

El problema no es la falta de talento.

Faltan condiciones.

Y una comuna que felicita a sus deportistas cuando ganan también debe preguntarse dónde entrenan, cómo entrenan y qué apoyo real reciben antes de llegar a esos logros. Porque el deporte no se desarrolla solo con saludos, diplomas o fotografías. Se desarrolla con planificación, inversión, gestión y escucha.

Por eso, hablar de un nuevo gimnasio polideportivo municipal no es un capricho. Es una necesidad. Un recinto moderno, techado, seguro, con una cancha multipropósito de buen estándar, comodidad para el público y condiciones para el básquetbol, vóleibol, handball, gimnasia, artes marciales, actividades formativas y también eventos deportivos, culturales y comunitarios bajo techo.

Porque Los Vilos tampoco tiene suficientes espacios cerrados, cómodos y seguros para reunir a la comunidad cuando el clima no acompaña. Un polideportivo no es solo una cancha. Es un punto de encuentro. Es infraestructura social. Es un espacio público para el deporte, la cultura, la recreación y la vida comunitaria.

Un polideportivo de ese estándar no cabe donde hoy está el gimnasio actual. Requiere terreno, diseño, financiamiento y decisión. Justamente por eso hay que empezar ahora, no cuando vuelva a lloverse, no cuando otra cancha quede inutilizable, no cuando otra generación de deportistas vuelva a decir que entrenó durante años en condiciones insuficientes.

Todo gran proyecto empieza alguna vez con una decisión.

Primero se define un terreno. Luego se financia un diseño. Después se buscan recursos regionales, sectoriales, municipales o privados. Ahí hay una oportunidad concreta: el diseño de un nuevo gimnasio polideportivo podría financiarse con recursos del royalty, porque es un proyecto con impacto social, deportivo y comunitario. Si ni siquiera se diseña, nunca estará listo para postular a financiamiento mayor.

Los proyectos no aparecen de la nada. Se preparan.

Hace un par de años, varios compartíamos con entusiasmo la idea de avanzar hacia un nuevo gimnasio polideportivo, mejorar el gimnasio existente con una cancha multipropósito de estándar adecuado y crear una Corporación Municipal de Deportes para ordenar la gestión, apoyar a las organizaciones y atraer recursos. Lo menciono porque el debate actual demuestra que esa preocupación era real y sigue vigente.

Los Vilos necesita pasar del parche al proyecto.

Eso no significa abandonar lo urgente. Al contrario. Hay que reparar lo que se deba reparar. Hay que mantener disponibles los espacios que hoy existen, pero en condiciones seguras. Hay que responder a los deportistas que hoy entrenan ahí. Pero, al mismo tiempo, hay que levantar una solución definitiva y mirar el deporte con horizonte de futuro.

Escuchar a los deportistas debiera ser el punto de partida. Ellos saben dónde se resbala la cancha. Saben cuándo gotea. Saben qué disciplinas quedan fuera. Saben qué horarios faltan. Saben cuándo una reparación sirve y cuándo ya no alcanza.

Una comuna deportiva no se construye desde la oficina solamente. Se construye escuchando a quienes usan los recintos.

Por eso, la conversación debe darse con altura. Hay que valorar los talleres, las conservaciones y cada inversión que mejore algo. Pero también hay que decir con claridad que Los Vilos necesita más. Necesita canchas en mejores condiciones, recintos rurales y urbanos dignos, techumbres donde corresponda e infraestructura para entrenar, competir y recibir público. Necesita pensar el deporte con seriedad, desde el básquetbol y el vóleibol hasta el fútbol, el patinaje, el hockey, el cheerleading, el tenis, el atletismo y otras disciplinas.

Un gimnasio que se llueve no puede ser normal.

Una cancha que queda fuera de uso por acumulación de agua no puede ser normal.

Un deporte que forma personas no puede seguir esperando eternamente por infraestructura.

Los Vilos tiene deportistas. Tiene entrenadores. Tiene dirigentes. Tiene familias que acompañan. Tiene niñas, niños y jóvenes que quieren practicar deporte.

Ahora falta que la infraestructura esté a la altura.

La basura se retiró, pero el problema sigue ahí.Cuando un servicio básico falla, no basta con superar la emergencia. Los...
31/05/2026

La basura se retiró, pero el problema sigue ahí.
Cuando un servicio básico falla, no basta con superar la emergencia. Los Vilos necesita planificación, fiscalización, reciclaje y capacidad real de respuesta.
Compartimos esta columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV, porque una comuna limpia no se improvisa.

OPINIÓN | La basura se retiró, pero el problema sigue ahí

La paralización del servicio de recolección en Los Vilos comenzó el 6 de mayo y se retomó el 8. Hoy, varios días después, probablemente muchos ya pasaron la página. Volvió a pasar el camión, se retiraron las bolsas y la urgencia bajó.

Pero ahí está precisamente el riesgo.

Que solo hablemos de la basura cuando queda en la calle. Que solo hablemos del contrato cuando falla. Que solo hablemos de los trabajadores cuando el problema ya explotó. Que solo hablemos del reciclaje cuando el vertedero ya no da más.

Porque la basura se retiró, pero el problema de fondo sigue ahí.

La recolección de residuos es uno de esos servicios que solo parecen simples cuando funcionan. Mientras el camión pasa, mientras la basura desaparece y mientras la calle queda limpia, casi nadie se pregunta qué hay detrás. Rutas, trabajadores, camiones, contratos, costos, fiscalización, reciclaje y qué hacemos finalmente con la basura que producimos todos los días.

Pero basta que el servicio falle para que el problema aparezca.

La basura se acumula. Los vecinos se inquietan. Los barrios se ven afectados. Y la comuna recuerda que la limpieza no es un detalle. Es salud pública, dignidad, orden y calidad de vida.

Por eso, frente a lo ocurrido con la empresa Solo Verde y sus trabajadores, hay que decir dos cosas al mismo tiempo.

Primero, los trabajadores tienen derecho a recibir sus sueldos a tiempo. No se puede sostener un servicio esencial dejando en la incertidumbre a quienes lo realizan, personas que cada día recorren la comuna, cargan el peso del servicio y muchas veces reciben poco reconocimiento.

Segundo, la comunidad no puede quedar expuesta a un problema entre una empresa y sus trabajadores. Cuando la basura no se retira, no solo falla el contrato. Lo termina pagando la comuna.

Ahí debiera comenzar una conversación más seria.

No solo cómo se normaliza el servicio.
No solo quién responde por el atraso.
No solo qué dice el contrato.

La pregunta de fondo es otra. ¿Qué capacidad real tiene Los Vilos para asegurar, controlar y mejorar un servicio tan crítico?

Durante años, muchas municipalidades han optado por concesionar la recolección de residuos. En algunos casos puede funcionar bien. Pero también tiene riesgos. Los contratos pueden encarecer el servicio, volverlo más rígido y dejar al municipio demasiado dependiente de terceros. Y cuando el proveedor no cumple, el problema lo termina sufriendo el vecino.

En Los Vilos, el contrato actual bordea los $1.500 millones. No es un monto menor. En Illapel, donde la recolección la realiza directamente el municipio, el alcalde puso en valor en su última Cuenta Pública que el costo bordea los $1.000 millones anuales, mientras que concesionarlo podría superar los $2.000 millones.

Más allá de que cada comuna tiene su propia realidad, esos números obligan al menos a estudiar, comparar y sacar bien las cuentas.

La pregunta no es ideológica. Es práctica.

¿Qué sistema asegura que el camión pase?
¿Qué sistema permite cuidar mejor a los trabajadores?
¿Qué sistema entrega más control al municipio?
¿Qué sistema responde mejor cuando hay una emergencia?
¿Qué sistema usa de mejor manera los recursos públicos?

Pensar en una mayor capacidad municipal no significa cambiar todo de inmediato. Significa avanzar con planificación. Partir, por ejemplo, fortaleciendo la capacidad para cubrir rutas rurales, responder ante contingencias, retirar cachureos y residuos de mayor volumen, enfrentar microbasurales y apoyar sectores críticos.

También significa tener camiones, cuadrillas, rutas bien pensadas y fiscalización suficiente para que el municipio no dependa completamente de lo que ocurra con una empresa.

Porque hay servicios demasiado importantes para dejarlos a la suerte de un contrato.

La basura no espera.
La salud pública tampoco.
La dignidad de los trabajadores, menos.

Pero el problema no termina en quién recoge la basura. Los Vilos también debe preguntarse qué hace con ella después de recogerla. Cuánto volumen genera. Cuánto puede reducir. Qué parte puede reciclar. Cómo incorporar a los recicladores de base. Y qué solución necesita hacia adelante para no seguir dependiendo solo de un vertedero que hace tiempo muestra señales de agotamiento.

No basta con pasar el camión si seguimos enterrando el problema.

Los Vilos no cuenta con una solución moderna como un relleno sanitario, y eso obliga a mirar la gestión de residuos de manera completa. Desde la bolsa que sale de una casa hasta el lugar donde finalmente termina.

Ahí el reciclaje tiene que dejar de ser un gesto simbólico y convertirse en una política comunal seria.

Apostar por el reciclaje no es solo poner contenedores. Es reducir el volumen de basura. Es educar. Es ordenar puntos de acopio. Es trabajar con juntas de vecinos, escuelas, comercio, ferias, organizaciones comunitarias y recicladores de base.

Bien trabajado, el reciclaje no solo disminuye residuos. También puede generar oportunidades de trabajo, emprendimiento, organización comunitaria y conciencia ambiental.

Y ese es un punto importante. Si en algún momento se instalaron puntos limpios y luego se retiraron por mal uso, la respuesta no debiera ser abandonar la idea. Debiera ser reforzar la educación, mejorar la gestión y hacer seguimiento. Porque una comunidad no aprende a reciclar de un día para otro. Se le acompaña, se le enseña y se le dan condiciones.

En 2024 se anunció el avance de un centro de acopio para material reciclable en Los Vilos, con un componente educativo asociado a establecimientos y a la comunidad. A casi dos años de eso, la pregunta es cuánto de aquello se consolidó como una política sostenida y cuánto quedó pendiente.

Porque una comuna limpia no se improvisa.

Se planifica.
Se fiscaliza.
Se financia bien.
Se cuida a sus trabajadores.
Se educa a sus vecinos.
Se recicla más.
Y se depende menos de soluciones de última hora.

También hay que mirar la limpieza urbana en un sentido más amplio.

La limpieza no es solo basura domiciliaria. También es calles despejadas, microbasurales controlados, reciclaje funcionando, espacios públicos cuidados y barrios donde los vecinos sientan que hay orden.

Además, Chile ya ha aprendido que los contratos de basura deben mirarse con atención, porque este rubro mueve muchos recursos y necesita altos estándares de transparencia, control y probidad. Casos conocidos en el país, como lo ocurrido en Maipú, con graves irregularidades investigadas y sancionadas, muestran que donde hay servicios críticos y contratos millonarios, debe haber más control, no menos.

Por eso la discusión no debiera reducirse a si el servicio lo presta una empresa o el municipio. La pregunta seria es qué modelo permite más continuidad, mejor costo, mayor control, mejores condiciones laborales, más capacidad de respuesta y una política ambiental más moderna para Los Vilos.

Puede haber caminos mixtos. Pero el municipio no puede quedar sin músculo propio.

Comenzar por las rutas rurales puede ser un buen primer paso. Luego fortalecer equipos municipales, adquirir o renovar camiones, mejorar condiciones laborales, diseñar rutas más eficientes, sumar reciclaje con recicladores de base, retirar residuos de mayor volumen y preparar una transición responsable hacia un modelo con mayor control público.

No por ideología.
No por capricho.
Sino porque Los Vilos necesita certezas.

Certezas de que la basura se recogerá, de que los trabajadores estarán protegidos, de que los recursos se usarán bien, de que el reciclaje será parte de la solución y de que el municipio tendrá capacidad real de responder cuando algo falle.

Porque cuando la basura queda en la calle, el problema ya no es solo de una empresa, de un contrato o de una oficina municipal.

Es de toda la comuna.

Y si después de esta crisis volvemos a olvidarlo solo porque el camión volvió a pasar, habremos aprendido poco.

Los Vilos necesita un sistema de residuos más serio, más limpio, más transparente y con más control. No solo para reaccionar cuando algo falla, sino para que la comuna no vuelva a resolver desde la emergencia lo que debió estar planificado.

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