Los Vilos Mejor

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Un gimnasio que se llueve no puede ser normal.Compartimos la columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV, sobre una pr...
14/06/2026

Un gimnasio que se llueve no puede ser normal.

Compartimos la columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV, sobre una preocupación que muchos deportistas, entrenadores y familias de Los Vilos conocen de cerca: la necesidad de contar con espacios deportivos seguros, dignos y a la altura del talento local.

No se trata de desconocer avances, sino de mirar de frente lo que aún falta.

El deporte local y la comunidad merece mejores condiciones.

OPINIÓN | Un gimnasio que se llueve no puede ser normal

Cuando una entrenadora dice que en invierno el gimnasio se llueve y ya no se puede ocupar, no está hablando de una molestia menor. Está hablando de seguridad, de dignidad y de niñas, niños y jóvenes que quieren practicar deporte en condiciones mínimas.

Y eso no puede seguir pareciendo normal.

Porque el deporte no es solo competencia. Es formación, disciplina, salud, encuentro, prevención y comunidad. Cada niño que entra a una cancha, cada niña que aprende básquetbol, vóleibol, fútbol, handball, patinaje, cheerleading, hockey, tenis o cualquier otra disciplina, está ocupando su tiempo en algo que construye futuro. Pero cuando la infraestructura no acompaña, el mensaje que reciben es duro: arréglenselas como puedan.

No se trata de desconocer lo que se ha hecho. Los avances deben valorarse. Los talleres deportivos importan. La conservación del Complejo Deportivo Carlos Salinas Altamirano también es positiva. Toda inversión que mejore recintos, recupere espacios y permita practicar deporte es bienvenida.

Pero valorar no significa conformarse.

El gimnasio techado municipal es un espacio distinto al Complejo Carlos Salinas. Y una conservación, por necesaria que sea, no resuelve por sí sola el problema de fondo. Una conservación mantiene. Un proyecto transforma. Y Los Vilos necesita ambas cosas: mejorar lo urgente y, al mismo tiempo, levantar soluciones definitivas.

Porque no se trata solo del gimnasio. La cancha del Estadio Alberto Arriaza, aledaña al recinto e inaugurada hace poco, también quedó sin poder utilizarse por acumulación de agua. Eso muestra que el problema es más amplio y alcanza a canchas urbanas y rurales que faltan, que requieren mejoramiento o que necesitan techumbre. El deporte no puede seguir pensándose solo para salir del paso.

Que un recinto esté abierto no significa que esté a la altura.

Una cancha puede estar disponible y, al mismo tiempo, volverse riesgosa cuando hay humedad. En el caso del gimnasio, además, el problema no aparece solo en invierno. La propia comunidad del básquetbol ha advertido que en verano la condensación también genera humedad en la cancha, dejando el piso resbaladizo y aumentando el riesgo de accidentes. Es decir, no hablamos de una incomodidad estacional. Hablamos de un recinto que requiere una respuesta seria.

También se entiende que los deportistas pregunten por las prioridades. Sin desmerecer otras inversiones ni enfrentar a una organización con otra, cuesta explicar que mientras se destinan recursos importantes a infraestructura deportiva específica, un recinto utilizado por cientos de niñas, niños, jóvenes y adultos siga esperando mejoras urgentes. La pregunta no es si una inversión merece apoyo. La pregunta es si la comuna está ordenando sus prioridades deportivas con una mirada amplia, justa y de largo plazo.

Esa es la discusión que no debiera perderse.

Mantener lo existente es importante, pero no puede ser el techo de la política deportiva comunal. El Complejo Carlos Salinas tiene una hermosa vista al mar, pero también desafíos pendientes: mitigar el viento, ordenar mejor sus espacios, revisar la cercanía de camarines con la cancha, mejorar y proyectar infraestructura para disciplinas que siguen esperando.

Los Vilos tiene historia deportiva. Hace tres décadas, seis jóvenes vileños inscribieron a la comuna en un Récord Guinness jugando vóleibol playa durante 36 horas y 15 minutos. Esa hazaña todavía debiera recordarnos de qué está hecho el deporte local.

Y el talento no quedó en el pasado. Hoy vemos deportistas que siguen llevando el nombre de Los Vilos más lejos. Ahí está Fernanda Herrera, vicecampeona por equipos en el Mundial de Cheerleading. Ahí están niñas, jóvenes y adultos en distintas disciplinas que entrenan, viajan, compiten, se organizan y representan a la comuna con orgullo.

El problema no es la falta de talento.

Faltan condiciones.

Y una comuna que felicita a sus deportistas cuando ganan también debe preguntarse dónde entrenan, cómo entrenan y qué apoyo real reciben antes de llegar a esos logros. Porque el deporte no se desarrolla solo con saludos, diplomas o fotografías. Se desarrolla con planificación, inversión, gestión y escucha.

Por eso, hablar de un nuevo gimnasio polideportivo municipal no es un capricho. Es una necesidad. Un recinto moderno, techado, seguro, con una cancha multipropósito de buen estándar, comodidad para el público y condiciones para el básquetbol, vóleibol, handball, gimnasia, artes marciales, actividades formativas y también eventos deportivos, culturales y comunitarios bajo techo.

Porque Los Vilos tampoco tiene suficientes espacios cerrados, cómodos y seguros para reunir a la comunidad cuando el clima no acompaña. Un polideportivo no es solo una cancha. Es un punto de encuentro. Es infraestructura social. Es un espacio público para el deporte, la cultura, la recreación y la vida comunitaria.

Un polideportivo de ese estándar no cabe donde hoy está el gimnasio actual. Requiere terreno, diseño, financiamiento y decisión. Justamente por eso hay que empezar ahora, no cuando vuelva a lloverse, no cuando otra cancha quede inutilizable, no cuando otra generación de deportistas vuelva a decir que entrenó durante años en condiciones insuficientes.

Todo gran proyecto empieza alguna vez con una decisión.

Primero se define un terreno. Luego se financia un diseño. Después se buscan recursos regionales, sectoriales, municipales o privados. Ahí hay una oportunidad concreta: el diseño de un nuevo gimnasio polideportivo podría financiarse con recursos del royalty, porque es un proyecto con impacto social, deportivo y comunitario. Si ni siquiera se diseña, nunca estará listo para postular a financiamiento mayor.

Los proyectos no aparecen de la nada. Se preparan.

Hace un par de años, varios compartíamos con entusiasmo la idea de avanzar hacia un nuevo gimnasio polideportivo, mejorar el gimnasio existente con una cancha multipropósito de estándar adecuado y crear una Corporación Municipal de Deportes para ordenar la gestión, apoyar a las organizaciones y atraer recursos. Lo menciono porque el debate actual demuestra que esa preocupación era real y sigue vigente.

Los Vilos necesita pasar del parche al proyecto.

Eso no significa abandonar lo urgente. Al contrario. Hay que reparar lo que se deba reparar. Hay que mantener disponibles los espacios que hoy existen, pero en condiciones seguras. Hay que responder a los deportistas que hoy entrenan ahí. Pero, al mismo tiempo, hay que levantar una solución definitiva y mirar el deporte con horizonte de futuro.

Escuchar a los deportistas debiera ser el punto de partida. Ellos saben dónde se resbala la cancha. Saben cuándo gotea. Saben qué disciplinas quedan fuera. Saben qué horarios faltan. Saben cuándo una reparación sirve y cuándo ya no alcanza.

Una comuna deportiva no se construye desde la oficina solamente. Se construye escuchando a quienes usan los recintos.

Por eso, la conversación debe darse con altura. Hay que valorar los talleres, las conservaciones y cada inversión que mejore algo. Pero también hay que decir con claridad que Los Vilos necesita más. Necesita canchas en mejores condiciones, recintos rurales y urbanos dignos, techumbres donde corresponda e infraestructura para entrenar, competir y recibir público. Necesita pensar el deporte con seriedad, desde el básquetbol y el vóleibol hasta el fútbol, el patinaje, el hockey, el cheerleading, el tenis, el atletismo y otras disciplinas.

Un gimnasio que se llueve no puede ser normal.

Una cancha que queda fuera de uso por acumulación de agua no puede ser normal.

Un deporte que forma personas no puede seguir esperando eternamente por infraestructura.

Los Vilos tiene deportistas. Tiene entrenadores. Tiene dirigentes. Tiene familias que acompañan. Tiene niñas, niños y jóvenes que quieren practicar deporte.

Ahora falta que la infraestructura esté a la altura.

La basura se retiró, pero el problema sigue ahí.Cuando un servicio básico falla, no basta con superar la emergencia. Los...
31/05/2026

La basura se retiró, pero el problema sigue ahí.
Cuando un servicio básico falla, no basta con superar la emergencia. Los Vilos necesita planificación, fiscalización, reciclaje y capacidad real de respuesta.
Compartimos esta columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV, porque una comuna limpia no se improvisa.

OPINIÓN | La basura se retiró, pero el problema sigue ahí

La paralización del servicio de recolección en Los Vilos comenzó el 6 de mayo y se retomó el 8. Hoy, varios días después, probablemente muchos ya pasaron la página. Volvió a pasar el camión, se retiraron las bolsas y la urgencia bajó.

Pero ahí está precisamente el riesgo.

Que solo hablemos de la basura cuando queda en la calle. Que solo hablemos del contrato cuando falla. Que solo hablemos de los trabajadores cuando el problema ya explotó. Que solo hablemos del reciclaje cuando el vertedero ya no da más.

Porque la basura se retiró, pero el problema de fondo sigue ahí.

La recolección de residuos es uno de esos servicios que solo parecen simples cuando funcionan. Mientras el camión pasa, mientras la basura desaparece y mientras la calle queda limpia, casi nadie se pregunta qué hay detrás. Rutas, trabajadores, camiones, contratos, costos, fiscalización, reciclaje y qué hacemos finalmente con la basura que producimos todos los días.

Pero basta que el servicio falle para que el problema aparezca.

La basura se acumula. Los vecinos se inquietan. Los barrios se ven afectados. Y la comuna recuerda que la limpieza no es un detalle. Es salud pública, dignidad, orden y calidad de vida.

Por eso, frente a lo ocurrido con la empresa Solo Verde y sus trabajadores, hay que decir dos cosas al mismo tiempo.

Primero, los trabajadores tienen derecho a recibir sus sueldos a tiempo. No se puede sostener un servicio esencial dejando en la incertidumbre a quienes lo realizan, personas que cada día recorren la comuna, cargan el peso del servicio y muchas veces reciben poco reconocimiento.

Segundo, la comunidad no puede quedar expuesta a un problema entre una empresa y sus trabajadores. Cuando la basura no se retira, no solo falla el contrato. Lo termina pagando la comuna.

Ahí debiera comenzar una conversación más seria.

No solo cómo se normaliza el servicio.
No solo quién responde por el atraso.
No solo qué dice el contrato.

La pregunta de fondo es otra. ¿Qué capacidad real tiene Los Vilos para asegurar, controlar y mejorar un servicio tan crítico?

Durante años, muchas municipalidades han optado por concesionar la recolección de residuos. En algunos casos puede funcionar bien. Pero también tiene riesgos. Los contratos pueden encarecer el servicio, volverlo más rígido y dejar al municipio demasiado dependiente de terceros. Y cuando el proveedor no cumple, el problema lo termina sufriendo el vecino.

En Los Vilos, el contrato actual bordea los $1.500 millones. No es un monto menor. En Illapel, donde la recolección la realiza directamente el municipio, el alcalde puso en valor en su última Cuenta Pública que el costo bordea los $1.000 millones anuales, mientras que concesionarlo podría superar los $2.000 millones.

Más allá de que cada comuna tiene su propia realidad, esos números obligan al menos a estudiar, comparar y sacar bien las cuentas.

La pregunta no es ideológica. Es práctica.

¿Qué sistema asegura que el camión pase?
¿Qué sistema permite cuidar mejor a los trabajadores?
¿Qué sistema entrega más control al municipio?
¿Qué sistema responde mejor cuando hay una emergencia?
¿Qué sistema usa de mejor manera los recursos públicos?

Pensar en una mayor capacidad municipal no significa cambiar todo de inmediato. Significa avanzar con planificación. Partir, por ejemplo, fortaleciendo la capacidad para cubrir rutas rurales, responder ante contingencias, retirar cachureos y residuos de mayor volumen, enfrentar microbasurales y apoyar sectores críticos.

También significa tener camiones, cuadrillas, rutas bien pensadas y fiscalización suficiente para que el municipio no dependa completamente de lo que ocurra con una empresa.

Porque hay servicios demasiado importantes para dejarlos a la suerte de un contrato.

La basura no espera.
La salud pública tampoco.
La dignidad de los trabajadores, menos.

Pero el problema no termina en quién recoge la basura. Los Vilos también debe preguntarse qué hace con ella después de recogerla. Cuánto volumen genera. Cuánto puede reducir. Qué parte puede reciclar. Cómo incorporar a los recicladores de base. Y qué solución necesita hacia adelante para no seguir dependiendo solo de un vertedero que hace tiempo muestra señales de agotamiento.

No basta con pasar el camión si seguimos enterrando el problema.

Los Vilos no cuenta con una solución moderna como un relleno sanitario, y eso obliga a mirar la gestión de residuos de manera completa. Desde la bolsa que sale de una casa hasta el lugar donde finalmente termina.

Ahí el reciclaje tiene que dejar de ser un gesto simbólico y convertirse en una política comunal seria.

Apostar por el reciclaje no es solo poner contenedores. Es reducir el volumen de basura. Es educar. Es ordenar puntos de acopio. Es trabajar con juntas de vecinos, escuelas, comercio, ferias, organizaciones comunitarias y recicladores de base.

Bien trabajado, el reciclaje no solo disminuye residuos. También puede generar oportunidades de trabajo, emprendimiento, organización comunitaria y conciencia ambiental.

Y ese es un punto importante. Si en algún momento se instalaron puntos limpios y luego se retiraron por mal uso, la respuesta no debiera ser abandonar la idea. Debiera ser reforzar la educación, mejorar la gestión y hacer seguimiento. Porque una comunidad no aprende a reciclar de un día para otro. Se le acompaña, se le enseña y se le dan condiciones.

En 2024 se anunció el avance de un centro de acopio para material reciclable en Los Vilos, con un componente educativo asociado a establecimientos y a la comunidad. A casi dos años de eso, la pregunta es cuánto de aquello se consolidó como una política sostenida y cuánto quedó pendiente.

Porque una comuna limpia no se improvisa.

Se planifica.
Se fiscaliza.
Se financia bien.
Se cuida a sus trabajadores.
Se educa a sus vecinos.
Se recicla más.
Y se depende menos de soluciones de última hora.

También hay que mirar la limpieza urbana en un sentido más amplio.

La limpieza no es solo basura domiciliaria. También es calles despejadas, microbasurales controlados, reciclaje funcionando, espacios públicos cuidados y barrios donde los vecinos sientan que hay orden.

Además, Chile ya ha aprendido que los contratos de basura deben mirarse con atención, porque este rubro mueve muchos recursos y necesita altos estándares de transparencia, control y probidad. Casos conocidos en el país, como lo ocurrido en Maipú, con graves irregularidades investigadas y sancionadas, muestran que donde hay servicios críticos y contratos millonarios, debe haber más control, no menos.

Por eso la discusión no debiera reducirse a si el servicio lo presta una empresa o el municipio. La pregunta seria es qué modelo permite más continuidad, mejor costo, mayor control, mejores condiciones laborales, más capacidad de respuesta y una política ambiental más moderna para Los Vilos.

Puede haber caminos mixtos. Pero el municipio no puede quedar sin músculo propio.

Comenzar por las rutas rurales puede ser un buen primer paso. Luego fortalecer equipos municipales, adquirir o renovar camiones, mejorar condiciones laborales, diseñar rutas más eficientes, sumar reciclaje con recicladores de base, retirar residuos de mayor volumen y preparar una transición responsable hacia un modelo con mayor control público.

No por ideología.
No por capricho.
Sino porque Los Vilos necesita certezas.

Certezas de que la basura se recogerá, de que los trabajadores estarán protegidos, de que los recursos se usarán bien, de que el reciclaje será parte de la solución y de que el municipio tendrá capacidad real de responder cuando algo falle.

Porque cuando la basura queda en la calle, el problema ya no es solo de una empresa, de un contrato o de una oficina municipal.

Es de toda la comuna.

Y si después de esta crisis volvemos a olvidarlo solo porque el camión volvió a pasar, habremos aprendido poco.

Los Vilos necesita un sistema de residuos más serio, más limpio, más transparente y con más control. No solo para reaccionar cuando algo falla, sino para que la comuna no vuelva a resolver desde la emergencia lo que debió estar planificado.

Hay amores que nos acompañan toda la vida.El de una madre, una abuela, una mujer que cuida, enseña, abraza y sostiene in...
10/05/2026

Hay amores que nos acompañan toda la vida.

El de una madre, una abuela, una mujer que cuida, enseña, abraza y sostiene incluso en silencio.

En este Día de la Madre queremos saludar con cariño a quienes han sido hogar, fuerza y ternura para sus familias.

Gracias por ese amor que deja huella, que forma caminos y que sigue presente en cada gesto.

Feliz Día de la Madre.

Queremos compartir la última columna de Héctor San Martín Rojas  para ESOTV.Cuando incluso ya se ha informado la transfe...
03/05/2026

Queremos compartir la última columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV.
Cuando incluso ya se ha informado la transferencia de la segunda cuota anual del Royalty.
Una reflexión ciudadana que invita a pensar sobre cómo estos recursos pueden ayudar a tener una comuna de Los Vilos mejor.
Te invitamos a leerla y a ser parte de la conversación.👇

✍🏻 El royalty y la comuna que queremos construir

La pregunta no es solo cuánto llega a Los Vilos por royalty. La pregunta de verdad es qué comuna queremos construir con esos recursos.

Recientemente se informó que la Municipalidad de Los Vilos recibió la primera cuota 2026 del royalty minero por $307.639.964. Mirado de manera aislada, alguien podría pensar que se trata de un monto acotado. Pero la dimensión cambia cuando se observa el panorama completo. El royalty comenzó a traducirse en recursos para los municipios desde 2024. En el caso de Los Vilos, ya hubo ingresos en 2024 superiores a $550 millones, en 2025 se informaron transferencias por más de $1.200 millones y ahora, en 2026, ya comenzó una nueva entrega de recursos. Es decir, no estamos hablando de un aporte menor o simbólico, sino de una herramienta que puede incidir de verdad en el desarrollo comunal.

Por eso el royalty también debe defenderse.

Debe defenderse porque recién comienza a consolidarse en los territorios. Debe defenderse porque responde a una lógica de equidad territorial. Y debe defenderse porque sería un error debilitar justo ahora una herramienta pensada para que una parte de la riqueza minera se traduzca también en mejores condiciones para las comunas y regiones. Cuando se plantean fórmulas para quitarle recursos, suspenderlo o cambiarle su destino, lo que se pone en riesgo no es solo una cifra. Se pone en riesgo una convicción que costó instalar, la de que el desarrollo del país no puede seguir pasando por los territorios sin dejar en ellos una huella más justa.

Pero defender el royalty no puede significar defender cualquier gasto.

Ahí está la otra mitad de la discusión.

Una comuna no avanza solo porque recibe recursos. Avanza cuando esos recursos ayudan a resolver necesidades postergadas, mejoran la vida cotidiana y permiten preparar mejor el futuro. No basta con que lleguen. Tienen que traducirse en decisiones útiles, visibles y bien pensadas.

Y en Los Vilos, necesidades no faltan.

Estos recursos pueden ayudar a avanzar en seguridad, salud, educación, espacios públicos, infraestructura barrial y rural, equipamiento comunitario e iniciativas que fortalezcan la actividad económica local. En lo inmediato, pueden traducirse en pórticos de seguridad en los accesos de la comuna, en mejor iluminación para sectores rurales y barrios, en maquinaria para la mantención de caminos, en servicios de salud de urgencia, en un centro de rehabilitación, en la reposición de semáforos o en iniciativas de reciclaje.

También pueden servir para empujar proyectos mayores y largamente esperados, capaces de atraer nuevos recursos y de dejar capacidad instalada para la comuna, como la reposición, renovación o construcción de nuevas escuelas, la modernización de la infraestructura del liceo, el alcantarillado de Quilimarí, terminar el diseño del CESFAM de Quilimarí, el CESFAM urbano, un gimnasio polideportivo o la compra de terrenos para un mercado municipal.

Y podrían, además, ayudar a resolver de una vez por todas asuntos demasiado postergados, como ampliar la capacidad del cementerio, hoy colapsado, o terminar la plaza de acceso, si no queremos pasar otro verano más con ese ingreso cerrado por la demora de los trámites.

Ahí debería estar puesta la mirada.

No solo en el ingreso de recursos, sino en las decisiones que esos recursos hacen posibles.

Pero también sería un error pensar el royalty solo año a año. Si estos recursos se deciden cada año casi desde cero, su impacto corre el riesgo de diluirse. Se dispersa, se fragmenta y queda más expuesto a la contingencia. En cambio, si se integran a una mirada comunal de mediano plazo, pueden transformarse en una verdadera palanca de desarrollo.

Pensar el royalty en un horizonte de cuatro años significa, en los hechos, decidir cómo se invertirán casi 5 mil millones de pesos en la comuna. Y una decisión de esa magnitud no debiera quedar entregada solo a la suma de iniciativas sueltas, sino a una visión clara para la comuna que queremos construir. Eso es plenamente compatible con una comunidad que exige transparencia y buen uso de los recursos, porque planificar mejor también permite controlar mejor, priorizar mejor y evaluar mejor.

Por eso, tan importante como discutir en qué se va a gastar este año, es preguntarse qué horizonte comunal se quiere construir con estos recursos en un ciclo de cuatro años. Qué brechas se quiere cerrar. Qué proyectos se quiere dejar encaminados. Qué capacidades se quiere instalar. Qué prioridades se van a sostener en el tiempo.

Y ahí aparece una necesidad evidente.

Una herramienta como esta debiera dialogar con una planificación comunal actualizada y compartida. Debiera conversar con una hoja de ruta clara para la comuna. Y en ese punto, cuesta no mirar también la necesidad de actualizar instrumentos como el PLADECO, porque sin planificación hasta un buen recurso puede perder fuerza, y sin una visión de mediano plazo hasta una buena oportunidad puede terminar reducida a decisiones aisladas.

Los Vilos necesita que el royalty se traduzca en cosas concretas, en más seguridad, en mejor conectividad rural, en barrios y sectores rurales mejor iluminados, en respuestas de salud más oportunas, en mejor infraestructura educativa y comunitaria, en espacios públicos dignos y en proyectos capaces de atraer más inversión y preparar a la comuna para lo que viene.

Porque no todo gasto mejora la vida de las personas. No toda inversión corrige atrasos. No todo anuncio deja capacidad instalada para la comuna. Y ese es justamente el riesgo que hay que evitar: que una herramienta valiosa termine dispersa, diluida, absorbida por la urgencia o convertida, a los ojos de la ciudadanía, en un recurso mal gastado.

Por eso, discutir sobre el royalty no es sólo discutir sobre montos. Es discutir sobre prioridades. Sobre visión comunal. Sobre la capacidad de convertir recursos extraordinarios en mejoras visibles y duraderas.

Defender el royalty es correcto. Pero no basta.

También hay que exigir que se use bien. Y también hay que exigir que se planifique mejor.

Porque usarlo bien, en una comuna como la nuestra, significa ponerlo al servicio de necesidades reales, de decisiones largamente esperadas y de un desarrollo que no se agote en el corto plazo. Significa, también, entender que estos recursos no debieran ser solo una suma de decisiones anuales, sino parte de una estrategia comunal capaz de dejar huella más allá de un presupuesto o de un titular.

Ese es el royalty que vale la pena cuidar, el que ayuda de verdad a que la comuna avance, el que se ordena en torno a una visión y el que termina notándose en la vida concreta de las personas.

Una comunidad no se sostiene sola.La levantan, cada día, las manos de su gente.Este 1° de Mayo, desde Los Vilos Mejor qu...
01/05/2026

Una comunidad no se sostiene sola.
La levantan, cada día, las manos de su gente.

Este 1° de Mayo, desde Los Vilos Mejor queremos saludar con mucho cariño a todas las trabajadoras y trabajadores de nuestra comuna.

A quienes salen al mar, cultivan la tierra, enseñan, atienden, transportan, construyen, limpian, emprenden, venden y hacen andar la vida diaria de Los Vilos, Pichidangui, Quilimarí, Caimanes y cada rincón de nuestra comuna.

También queremos reconocer ese trabajo que no siempre se ve, pero hace posible la vida cotidiana. El de las madres, padres, cuidadoras, dueñas de casa y también el de tantas dirigentas y dirigentes sociales, vecinales, deportivos y comunitarios que entregan tiempo, energía y compromiso sin recibir una remuneración.

Porque trabajar por una comunidad también es cuidar, organizar, acompañar, tender una mano y ponerse al servicio de los demás.

Detrás de cada comuna mejor hay esfuerzo, compromiso y amor por lo que se hace.

Feliz Día del Trabajo.

Hoy reconocemos a las mujeres que, con su trabajo, su esfuerzo y su historia, contribuyen cada día a construir nuestra c...
08/03/2026

Hoy reconocemos a las mujeres que, con su trabajo, su esfuerzo y su historia, contribuyen cada día a construir nuestra comunidad.

A todas ellas, nuestro respeto y reconocimiento en este 𝑫𝒊́𝒂 𝑰𝒏𝒕𝒆𝒓𝒏𝒂𝒄𝒊𝒐𝒏𝒂𝒍 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑴𝒖𝒋𝒆𝒓.

💬 ¿𝐀 𝐪𝐮𝐞́ 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐭𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞𝐫 𝐡𝐨𝐲?

Queremos compartir la nueva columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV.Los Vilos está cambiando más rápido de lo que ...
24/02/2026

Queremos compartir la nueva columna de Héctor San Martín Rojas para ESOTV.
Los Vilos está cambiando más rápido de lo que a veces vemos.
Una reflexión ciudadana que invita a mirar la comuna con ojos de futuro.
Te invitamos a leerla y a ser parte de la conversación.👇

✍🏻 Los Vilos ya cambió… ¿Nos dimos cuenta?

Hay cambios que avanzan en silencio. Tan de a poco que, cuando queremos mirar con atención, la comuna ya no es la misma.

Los Vilos es una de ellas.

No llegan con corte de cinta ni grandes anuncios. Avanzan igual y, cuando nos detenemos a observar, el territorio ya es otro.

Hace un par de décadas éramos cerca de 17 mil habitantes. Hoy bordeamos los 24 mil. Y no es solo que seamos más. Somos distintos. La comuna creció, se movió, se diversificó. En el campo y también en la ciudad.

En sectores rurales como Cavilolén, Cascabeles o el entorno de Quilimarí y Pichidangui, cada vez vive más gente. Familias que llegaron buscando tranquilidad, seguridad o simplemente un terreno que en la zona urbana ya no podían pagar. Y al mismo tiempo, el radio urbano también se expandió, muchas veces más rápido que la propia planificación.

Y ahí aparece una pregunta que puede incomodar, pero que vale la pena hacerse:

¿Estamos mirando de verdad la comuna que hoy tenemos al frente?

Porque administrar recursos ya no basta cuando la comuna está cambiando.

Nuestro principal instrumento para ordenar el crecimiento urbano, el plan regulador, es de 1986. Han pasado cuatro décadas. La ciudad creció, los barrios cambiaron, la presión por suelo aumentó… pero seguimos planificando Los Vilos de hoy con las reglas de Los Vilos de ayer.

Algo parecido ocurre con la planificación comunal. Hoy se habla del PLADECO, que en simple es la hoja de ruta del desarrollo comunal, y del PLADETUR, que orienta el desarrollo turístico, una de nuestras vocaciones productivas. Pero la realidad es clara: uno está desactualizado y el otro, derechamente, no existe.

Y cuando la planificación llega tarde, la realidad se ordena sola… y casi nunca de la mejor manera.

Planificar a tiempo no es un lujo. Es lo que evita que los problemas nos exploten después.

Esto no es criticar por criticar. Es poner en palabras lo que muchos vecinos ya ven todos los días.

Se ve en sectores rurales que siguen esperando acceso más cercano a salud, mejores caminos, servicios básicos y enseñanza media más cerca de sus hogares.

Se ve en barrios urbanos que piden más áreas verdes, mejor seguridad o soluciones habitacionales reales.

Se ve en la presión por pavimentos, alcantarillado, reciclaje, tenencia responsable de mascotas o espacios públicos que acompañen el crecimiento.

Porque sí, Los Vilos tiene el presupuesto municipal per cápita más alto de la provincia. Es una oportunidad enorme. Pero también una responsabilidad mayor.

Administrar ya no alcanza cuando la comuna empezó a dar un salto.

Y digámoslo con claridad. El desafío ya no es hacer más cosas. Es hacerlas con visión de futuro.

La ruralidad ya no es la misma de hace veinte años. Hoy conviven campesinos de toda la vida con nuevos residentes, trabajadores por turno y familias que migraron buscando mejor calidad de vida.

En el mundo urbano ocurre algo parecido. Más población, más demanda por servicios, más presión sobre una infraestructura que muchas veces fue pensada para otra escala de ciudad.

Por eso este debate no es lejano. Es profundamente cotidiano.

Es la posta que queda lejos.
Es el Cesfam que aún no existe.
Es la luminaria que falta… o que simplemente no enciende.
Es el taco que aparece donde antes no había.
Es el sitio eriazo que termina convertido en microbasural.
Es la familia que no encuentra alternativas de formación técnica en la enseñanza media.
Es la familia joven que no logra acceder a una vivienda en la comuna donde creció.
Es la familia de feriantes que envejece esperando un mercado municipal.
Es también la familia que, en medio del dolor, ni siquiera tiene la certeza de dónde podrá despedir dignamente a sus deudos, porque el cementerio comunal muestra señales evidentes de saturación.

Nada de esto es casualidad.

Reconocer avances siempre es justo. Pero también lo es mirar de frente lo que aún falta.

El punto es otro.

El punto es si ese avance está dialogando de verdad con la comuna de Los Vilos que hoy tenemos al frente.

Porque cuando una comuna cambia de tamaño, de ritmo y de rostro, seguir haciendo lo mismo empieza a quedarse corto.

Y aquí va una convicción personal.

El desarrollo no se mide solo por lo que se inaugura, sino por lo que se logra anticipar.

Ahí es donde se juega el siguiente paso.

Los Vilos tiene potencial. Tiene recursos comparativos importantes. Tiene identidad. Tiene capital humano. Pero, sobre todo, tiene una comunidad que cada vez mira con más atención lo que viene.

La pregunta, entonces, no es si la comuna ha avanzado o no. Eso cada cual lo evalúa desde su propia mirada.

La pregunta de fondo es más incómoda y más exigente.

¿Estamos planificando Los Vilos que viene… o administrando el que ya quedó atrás?

Porque cuando una comuna crece, en lo urbano y en lo rural, ya no basta con reaccionar. Hay que mirar más lejos.

Porque al final, las comunas no se estancan por falta de diagnósticos.

Se estancan cuando normalizan avanzar mirando por el espejo retrovisor.

Y Los Vilos merece mirar hacia adelante. No seguir avanzando por el espejo retrovisor.

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