05/07/2026
La proclamación de Keiko Fujimori como presidente electa de Perú no es un episodio aislado. Ganó con el 50,135 % de los votos en una elección polarizada. Su triunfo se suma a las victorias conservadoras en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.
Inflación, deterioro fiscal, corrupción, crimen organizado y pérdida de autoridad convirtieron varias elecciones en plebiscitos contra gobiernos de izquierda. Ese sector dejó de representar el cambio y empezó a pagar el costo de gobernar sin resolver los problemas centrales.
La derecha interpretó mejor el ánimo social. Sustituyó los discursos abstractos por mensajes directos sobre seguridad, libertad económica, reducción del Estado, propiedad privada y orden. Trump y Milei demostraron que el descontento podía convertirse en mayoría mediante liderazgos firmes.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca no creó este giro, pero lo aceleró y le dio una referencia de poder. Washington volvió a tratar el hemisferio como prioridad estratégica, con énfasis en migración, narcotráfico, energía y contención de China. La cercanía con Trump pasó a ser un activo geopolítico.
La caída de Nicolás Maduro fue una consecuencia decisiva de ese retorno estadounidense y aceleró la nueva correlación regional. Debilitó el principal eje autoritario de la izquierda sudamericana y dejó al poder venezolano atravesado por la influencia de Washington.
La reconfiguración combina sociedades cansadas del fracaso de la izquierda y una Casa Blanca decidida a recuperar liderazgo en su hemisferio. La caída de Maduro es la manifestación más contundente de esa segunda fuerza.
Con Fujimori, la derecha consolida su mayoría. Brasil y Uruguay permanecen en la izquierda, mientras Venezuela ocupa una posición distinta. Sudamérica no se pinta de azul por una moda, sino porque cambiaron las prioridades electorales, la derecha aprendió a representarlas mejor y Trump devolvió a Estados Unidos capacidad real para modificar el equilibrio hemisférico.
Sábado, 4 de julio de 2026.