01/08/2026
Hoy, 1 de agosto, comienza un tiempo especial. Aunque solemos hablar del Día de la Pachamama, la tradición de los pueblos andinos nos recuerda que agosto completo es el tiempo del Pachamama Raymi: un ciclo para preparar la tierra —la que pisamos y la que habita en nuestro interior—, renovar la reciprocidad y ofrendar.
En tiempos en que el éxito parece medirse por la velocidad y por la cantidad de toneladas de minerales, agua y vida que somos capaces de extraer, agosto nos recuerda otra medida del progreso: la capacidad de cuidar, restaurar y devolver. Sin reciprocidad no hay abundancia; solo agotamiento y destrucción.
Todo nuevo comienzo necesita una tierra fértil. Una tierra cuidada. Una tierra dispuesta a germinar la vida. Por eso, antes de sembrar, preparamos el suelo. Y también nos preparamos a nosotras/os mismos.
La vida florece cuando existe reciprocidad. Así como la Tierra nos sostiene, también estamos llamados a sostenerla. Toda relación se fortalece cuando el agradecimiento deja de ser una idea y se transforma en acción.
En este agosto, agradezcamos al territorio que nos permite existir: a las aguas del río Mapocho, a las montañas, a los glaciares y al Apu El Plomo, guardianes silenciosos de la vida que compartimos. Todas esas bellezas merecen ser cuidadas y por eso renovamos nuestro compromiso amoroso en su defensa.
Que este mes renueve nuestro compromiso con la Madre Tierra y con todas las formas de vida que la habitan.
¿Qué ofrenda harás este agosto? ¿Qué gesto concreto de cuidado ofrecerás a la tierra que habitas, al río que te acompaña y a las montañas que te cuidan?