27/12/2025
Las comunidades que luchan contra el extractivismo energético se parecen a Don Quijote enfrentándose a los molinos de viento. Al igual que el hidalgo, muchas comunidades identifican en esos “molinos” modernos, torres de alta tensión o eólicos impuestos— a gigantes que amenazan su forma de vida, su territorio y su dignidad. Desde fuera, su lucha suele verse como ingenua o inútil frente al enorme poder económico, técnico y político que los respalda.
Como Don Quijote, estas comunidades combaten con recursos limitados, apoyándose más en la convicción ética, la memoria ancestral y la defensa del bien común que en la fuerza institucional. A menudo, igual que el caballero manchego, no cuentan con el respaldo de la autoridad comunal o estatal, que permanece ausente o alineada con los intereses extractivos. Y como Sancho Panza, hay voces internas que dudan, advierten del riesgo o del costo de resistir, pero aun así acompañan el proceso.
El paralelo también revela una diferencia clave: mientras Don Quijote lucha contra una ilusión, las comunidades enfrentan amenazas reales, aunque se las descalifique como “atrasadas” o “románticas”. En ese sentido, su lucha no es locura, sino una forma de lucidez ética frente a un modelo de desarrollo que convierte el territorio en botín. Como en la novela, puede que el combate deje heridas y derrotas, pero también deja una pregunta abierta: ¿quiénes son los verdaderos gigantes y quiénes los verdaderos visionarios?