04/05/2023
Un día le pregunté a G. si creía posible alcanzar la "conciencia cósmica", no sólo por un instante sino por un período más largo. Yo entendía por "conciencia cósmica" —tal como lo he expuesto en mi libro Tertium Organum— la conciencia más elevada que le es accesible al hombre.
—No sé a qué llama usted «conciencia cósmica», dijo G. Es un término vago e indefinido; cada cual puede llamar por este nombre lo que quiera. En la mayoría de los casos, lo que se llama «conciencia cósmica» no es sino fantasía, ensueño, asociaciones, todos ellos acompañados por un trabajo intensivo del centro emocional. Esto puede llegar hasta el umbral del éxtasis, pero muy a menudo no se trata sino de una experiencia emocional subjetiva al nivel de los sueños. Por lo demás, antes de hablar de «conciencia cósmica» debemos definir en general qué es la conciencia.
"¿Cómo define usted la conciencia?
—La conciencia se considera indefinible, dije yo. Y, en efecto, ¿cómo podría definirse siendo cualidad interior? Con los medios ordinarios de que disponemos es imposible establecer la presencia de la conciencia en otro hombre. No la conocemos sino en nosotros mismos.
—¡Palabrería científica habitual! dijo G. Ya es tiempo de que se libere de toda esa sofística. No hay sino un punto justo en lo que ha dicho: es que usted no puede conocer la conciencia sino en usted mismo. Pero fíjese bien, usted no puede conocerla sino cuando la tiene. Y cuando no la tiene, no puede reconocer, en ese mismo momento, que no la tiene; sólo más tarde podrá hacerlo. Quiero decir que cuando vuelva, usted podrá ver que ella ha estado ausente durante largo tiempo y recordar el momento en que desapareció o aquél en que volvió a aparecer. Podrá también determinar los momentos en que se encuentra más cerca o más lejos de la conciencia. Pero al observar en usted mismo las apariciones y desapariciones de la conciencia verá inevitablemente un hecho que nunca ve, del cual jamás se ha dado cuenta, y es que los momentos de conciencia son muy cortos y están separados los unos de los otros por largos intervalos de completa inconsciencia, durante los cuales su máquina trabaja en forma automática. Verá que puede pensar, sentir, actuar, hablar, trabajar, sin estar consciente. Si usted aprende a ver en usted mismo los momentos de conciencia y los largos períodos de mecanicidad, verá en los otros, con la misma certidumbre, en qué momentos son conscientes de lo que hacen y en qué momentos no lo son.
"Su principal error es el creer que siempre tiene conciencia, el creer, en general, que la conciencia siempre está presente o que nunca está presente. En realidad, la conciencia es una propiedad que cambia continuamente. Ora está presente, ora no lo está. Hay diferentes grados, diferentes niveles de conciencia. La conciencia y los diferentes niveles de conciencia deben comprenderse en nosotros mismos por la sensación, el sabor que tenemos de ella. Ninguna definición nos puede ayudar y no es posible ninguna definición, mientras no comprendamos lo que debemos definir. La ciencia y la filosofía no pueden definir la conciencia porque quieren definirla donde no la hay. Es necesario distinguir la conciencia de la posibilidad de conciencia. Nosotros no tenemos sino la posibilidad de conciencia, y raros vislumbres de conciencia. Por consiguiente, no podemos definir qué es la conciencia."
No comprendí inmediatamente lo que G. decía sobre la conciencia. Sin embargo, los principios básicos de su enseñanza llegaron a ser claros para mí en el curso de las conversaciones siguientes.
CAPITULO 7