Centro Cultural de las Canteras de O'Higgins

Centro Cultural de las Canteras de O'Higgins Organización conformada por Canteranos y Canteranas que buscan rescatar la memoria histórica de las tierras donde se forjó el carácter del Libertador.

EL OSTRACISMO Y LA MUERTE DE BERNARDO O’HIGGINS. En enero de 1823, Bernardo O’Higgins tomó una decisión en firme, abdicó...
18/07/2026

EL OSTRACISMO Y LA MUERTE DE BERNARDO O’HIGGINS.
En enero de 1823, Bernardo O’Higgins tomó una decisión en firme, abdicó de forma dramática a su cargo de Director Supremo de Chile. Tras ser sometido a un Juicio de Residencia (costumbre heredada de la administración española) en el que dio cuenta de sus actos, fue autorizado a dejar el país rumbo al Perú. Ahí, el gobierno peruano le entregó las Haciendas de Montalván y Cuiba, pero el prócer ansiaba regresar a Chile.
Después de haber acompañado a Simón Bolívar en su última fase de la independencia del Perú, O’Higgins se retiró a sus haciendas, donde siguió presto las noticias que le llegaban de Chile, donde una guerra civil desangraba el país principalmente entre liberales (pipiolos) y conservadores (pelucones), además de la presencia de otros grupos como federalistas y estanqueros.
En esos años se probaban Constituciones y se sucedían gobiernos inestables. Uno de los bandos políticos de esos años, los o’higginistas, planteaban abiertamente su regreso al país y al poder.
Y eso estuvo cerca de concretarse. A mediados de 1826, un grupo de partidarios de Bernardo O’Higgins, desde Lima, fraguaron un levantamiento contra Ramón Freire, el entonces Director Supremo y quien había liderado el alzamiento contra O’Higgins en 1823. El movimiento pretendía colocar nuevamente al prócer en el poder. Tomaron el control de la isla de Chiloé y se declararon independientes. Sin embargo, el alzamiento fracasó.

A partir de ahí, O’Higgins no tuvo más intentonas de intervención política en el convulsionado Chile del período 1823 a 1831, año en que tras la Batalla de Lircay, asumió uno de sus antiguos generales, Joaquín Prieto, uno de los más destacados o’higginistas, pero que tras el triunfo conservador y el influjo del ministro Diego Portales, se mantuvo alejado de la figura del prócer.
Sin embargo, la idea de volver a Chile nunca lo abandonó, pero su salud comenzó a dejalo. En enero de 1841, O’Higgins comenzó a sentir molestias en el pecho mientas cabalgaba por el campo.

Ello lo motivó a dejar su hacienda en manos de su hermana y trasladarse hasta Lima, donde se le diagnosticó una hipertrofia al corazón. Poco a poco mejoró, lo que le permitió planificar su viaje de regreso al país para diciembre de ese año, pero la mala salud no lo dejó y el día en que debía embarcar sufrió un ataque al corazón que postergó los planes. Lo intentó meses después, en febrero de 1842, pero volvió a sufrir un fuerte dolor en el pecho. Allí los médicos fueron tajantes; no podría viajar. Así, el chillanejo debió resignarse a que moriría lejos de su tierra.
Consciente de que le quedaba poco tiempo, en los primeros días de octubre de 1842 mandó llamar al notario Jerónimo Villafuerte ante quien dictó su testamento, legando sus bienes a su media hermana, Rosa Rodríguez Riquelme y sobre todo a su único hijo, Pedro Demetrio. Luego, en su pieza hizo construir un altar para escuchar misa todas las mañanas.

En la primaveral mañana del 24 de octubre, O’Higgins se sintió con energía y bien, por lo que se hizo vestir, pidió que lo sentaran en un sillón, pero la fatiga obligó a que volviera a su camal. De repente, entre su respiración entrecortaba, exclamó: “¡Magallanes!”. Eran las 12.30 horas del 24 de octubre de 1842.

Tras conocerse su muerte, el periódico El Comercio de Lima, publicó una necrología del prócer el día 26 de octubre. “El espíritu de un hombre verdaderamente grande acaba de dejar este mundo y ascendido a otro mejor. Tal era el general O’Higgins, que falleció ayer en su residencia en esta ciudad, de resultas de una enfermedad en el corazón”, la que según el matutino tenía una causa. “Causada por la ingratitud, mala fe e injusticia que experimentó por muchos años”.
Finalmente, sus restos volvieron a Chile en 1869, por gestiones de su hijo Pedro Demetrio. Fue sepultado en una pomposa ceremonia en el Cementerio General. Pero desde agosto de 1979 descansan en el Altar de la Patria, en la Alameda, la cañada que su gobierno transformó en una importante arteria de la ciudad.

EL PADRE DE BERNARDO.En el frío invierno de la Irlanda del siglo XVIII, un joven de origen humilde llamado Ambrosio O'Hi...
24/06/2026

EL PADRE DE BERNARDO.

En el frío invierno de la Irlanda del siglo XVIII, un joven de origen humilde llamado Ambrosio O'Higgins jamás imaginó que su destino estaba trazado al otro lado del océano.
Tras fracasar como comerciante en Cádiz, decidió probar suerte en los vastos dominios de la Corona española en América. Sin linaje ni riquezas, solo llevaba consigo una determinación inquebrantable y una mente brillante para la ingeniería militar.
🇨🇱 Su ascenso fue meteórico y desafió toda lógica de la época colonial: de construir caminos en las alturas andinas, pasó a ser Gobernador de Chile y, finalmente, Virrey del Perú, el cargo más alto del continente.
Fue un reformador incansable que fortificó fronteras, fundó ciudades y abolió la encomienda para proteger a los indígenas, ganándose el respeto de sus aliados y el temor de sus rivales.
Sin embargo, su mayor encrucijada no estuvo en el campo de batalla, sino en su propia sangre.
Su hijo secreto, Bernardo, educado en los mejores colegios del mundo en esa época, bajo su estricta pero distante tutela en Europa, comenzó a abrazar las peligrosas ideas de la Ilustración y la independencia.
Aunque Ambrosio permaneció fiel al rey de España hasta su último aliento en 1801, el destino tejió una ironía perfecta: el imperio que el viejo irlandés defendió y construyó con tanto esmero terminó siendo liberado, pocos años después, por la mano de su propio hijo.
⚔️ Aquel humilde migrante que transformó el Nuevo Mundo dejó un legado imborrable, sepultado bajo el peso de su propia lealtad institucional y la inevitable marea de la libertad que su primogénito desataría en la historia americana.

“EL GUACHO RIQUELME”Antes de ser estatua, avenida o retrato escolar, Bernardo fue una herida con nombre prestado. Nació ...
04/06/2026

“EL GUACHO RIQUELME”

Antes de ser estatua, avenida o retrato escolar, Bernardo fue una herida con nombre prestado. Nació en Chillán, en 1778, hijo de Isabel Riquelme y de Ambrosio O’Higgins, un militar irlandés al servicio de la Corona española que ascendería hasta gobernador de Chile y virrey del Perú. Pero en la sociedad colonial, donde el apellido podía abrir puertas o cerrarlas para siempre, aquel niño no fue recibido como heredero: fue señalado como hijo natural, como “el guacho Riquelme”.

La palabra dolía. No era solo un apodo; era una sentencia social. Decía: no perteneces. Decía: tu padre está lejos. Decía: tu lugar no está entre los grandes salones de la aristocracia. Bernardo creció entre separaciones, silencios y traslados. Su padre pagó estudios, ordenó cuidados, decidió destinos, pero no le dio algo más simple y más profundo: una presencia cotidiana.

Primero vino Talca, bajo el amparo de la familia Albano. Luego Chillán, Lima, Inglaterra. En Londres, lejos del polvo chileno y de las miradas que lo medían, escuchó ideas nuevas: libertad, soberanía, patria. Allí, Francisco de Miranda encendió en él una chispa peligrosa. El muchacho marcado por la falta de legitimidad empezó a imaginar un mundo donde la legitimidad no viniera de la sangre, sino de la causa.

Al regresar, recibió su apellido y la hacienda de Las Canteras en la Comuna de Quilleco y trabajó la tierra. Parecía destinado a una vida de propietario rural, lejos de la gloria y del ruido político. Pero en 1810, cuando la crisis de la monarquía abrió una grieta en América, Bernardo entró a la política; después tomó las armas.

En Chacabuco, Maipú y el gobierno, su nombre se volvió símbolo. Firmó decisiones duras, ganó enemigos y también dejó obras. Pero detrás del Director Supremo seguía latiendo el niño que había aprendido temprano cuánto pesaba una etiqueta.

Quizás por eso su historia incomoda para siempre. Porque Chile llamó Padre de la Patria a un hijo que su propio mundo quiso dejar sin padre.

BERNARDO O’HIGGINS RIQUELME ES UNO DE LOS LIBERTADORES DE AMÉRICA CON MAYOR EDUCACIÓN.En 1782, por indicaciones del padr...
05/05/2026

BERNARDO O’HIGGINS RIQUELME ES UNO DE LOS LIBERTADORES DE AMÉRICA CON MAYOR EDUCACIÓN.

En 1782, por indicaciones del padre, fue llevado a Talca a casa de un acaudalado comerciante portugués, Juan Albano Pereira, donde fue bautizado y recibió los cuidados y cariño de su esposa, doña Bartolina de la Cruz.

En 1788 ingresó al Colegio de Naturales, de Chillán, dirigido en esa época por la Orden Franciscana, quedando bajo la tutela del rector del colegio, padre Francisco Javier Ramírez, amigo de Ambrosio O’Higgins, quien a la sazón ya era gobernador de Chile.

En este establecimiento estudiaban también los hijos de los caciques mapuche de la zona, por lo que allí aprendió a hablar mapudungun. La familia Riquelme —sus abuelos, madre y media hermana— lo visitaba frecuentemente, por lo que nació una estrecha unión con ellas. Luego de su paso por el colegio de Naturales su padre ordenó su traslado al Colegio del Príncipe y luego al aristocrático colegio de San Carlos en Lima, en Perú. A los 12 años estaba en la capital del Virreinato del Perú, cursando los estudios secundarios

Posteriormente, en 1794 fue enviado a Cádiz, España, a casa de su tutor, Nicolás de la Cruz. A los pocos meses fue enviado a Inglaterra a la casa de los fabricantes de relojes Spencer y Perkins, donde perfeccionó sus estudios en una academia de Richmond.

En Londres, sus perspectivas políticas se ampliaron en gran medida por su contacto con varios activistas políticos, entre ellos Francisco Miranda, uno de los más destacados impulsores de la independencia latinoamericana, que ejerció una gran influencia sobre el joven Riquelme. Junto con varios otros futuros líderes revolucionarios, perteneció a una logia secreta, la Logia Lautarina, fundada en Londres por Miranda, cuyos miembros tenían como objetivo de vida la independencia de Latinoamérica.

En Inglaterra los fabricantes de relojes, Spencer y Perkins, recibían periódicamente las remesas de dinero que enviaba Ambrosio por intermedio de Nicolás de la Cruz y Bahamonde para el mantenimiento de su hijo. Este dinero fue bastante recortado por estos mandatarios lo que significó una constante preocupación y fuente de disgustos para el joven Bernardo Riquelme.

En 1799, dejó Inglaterra rumbo a España, donde entró en contacto con clérigos latinoamericanos que también apoyaban la independencia y sin duda reforzaron sus ideas y su posición política era destacable dada la condición de que su padre era virrey del Perú, un de las altas autoridades de la corona española en América.

A la edad de 24 años. Bernardo O’Higgins recibe en herencia la hacienda, Las Canteras ubicada en la Comuna de Quilleco, ...
15/04/2026

A la edad de 24 años. Bernardo O’Higgins recibe en herencia la hacienda, Las Canteras ubicada en la Comuna de Quilleco, se trasladó a vivir con su madre y hermana a dicha propiedad, en donde destacó por su capacidad de trabajo y buen trato con los inquilinos, lo que más tarde le valió la elección como alcalde del Cabildo de Chillán.

En febrero de 1811, durante la Junta de Gobierno, fue elegido como diputado representante de Los Ángeles, inaugurando la nueva Junta de Gobierno el 4 de julio del mismo año, congreso que fue cerrado por José Miguel Carrera un mes después. Más tarde se enfrentaría con Carrera en el Combate de Las Tres Acequias, para finalmente unirse a él con el objetivo común de enfrentar a las tropas realistas.

Junto a José de San Martín, O’Higgins organiza en Mendoza el Ejército Libertador de Los Andes, dirigiendo la ofensiva chilena. Tras varias batallas decisivas, Cancha Rayada, Chacabuco y Maipú, finalmente se proclama la Independencia de Chile el 12 de febrero de 1818.

Como Director Supremo entre febrero de 1817 y enero de 1823, O'Higgins realizó grandes obras, promulgó las Constituciones de 1818 y 1822 y abolió los títulos nobiliarios herencia de la conquista española, acción que le restaría apoyo político y finalmente le llevaría a la abdicación el 28 de enero de 1823.

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