28/02/2024
El poeta Héctor Cordero Vitaglic me soplo al tímpano parte de su fuego, pólvora seca que tomo con gran responsabilidad, astucia y coraje.
Arranca la Mecanica de dios, un disco filosofico/musical que me llama desde el siempre, del profundo de la era, me siento insignificante ante futura maravilla.
Estará traducida a 7 idiomas, logrando el cometido expansivo con carácter de URGENTE! ante los sucesos mundiales. No es religión dogmática solo describe con visión objetiva el fenómeno de la vida. Esta obra nos sacara los pájaros que llevamos dentro de nuestras cabezas y capaz que algún día logremos ver de VERDAD tal como nuestros antiguos.
¿CÓMO HACES VOLAR AL VIENTO A LA GAVIOTA SIN FONDO?
HCV. (Dedicado a Alejandro Segura, y su notable música. A sus ideas sobre este Dios que nos cuida desde todos los ángulos del Universo).
Yo sé que la naturaleza del sonido debe tener un timbre exacto,
sin igual,
expresado sin la ayuda de un atlas del cuerpo ni la radiografía del alma,
con una levedad inexplicable de dedos.
Lo sé,
pero cuesta imaginarlo en toques, en roces,
en gemidos sin iguales.
¿Cómo lo sueña el músico?
¿Cómo haces volar al viento
a la gaviota sin fondo? ¿Con qué alas tan vivas?
¿Cómo lo haces, Alejandro
para hablar, y sólo con sonidos, dulces y secos,
del Desierto , de este Norte Grande ?
Es un misterio para mí,
que poco sé de corcheas y de fusas.
Tu música es como un río de diamantes
en que nos dejamos envolver,
lo palpamos en el aire repentino de la tarde,
y sirve como un lenguaje
para comprender rostros y paisajes
detrás del silencio del tiempo.
Sirve para
consolarse de tanta muerte
y abandono,
de tantas letanías e injusticias,
para entender lo que el pampino vivió
en los cuarteles más alejados de su propia patria.
La música y la palabra, entonces
para entenderse, para conocerse,
tienen que caminar juntas,
como inseparables amigas, como hermanas.
Son historia y extrañeza de lo insufrible:
el pomo y el acero de una misma espada,
la justicia que todavía espera ser.
Magno Alejandro: el músico de hoy
inaugurando la noche y el día
con unas cuerdas de cobre que centellean
en la hazaña de atrapar la melodía.
¡Cuánta sensibilidad en las manos orfebres,
bajo el zumbido de afuera que todo lo aleja!
Llegar al corazón del pensamiento universal,
sin pautas,
rozando la eternidad, esquivando el odioso olvido.