10/10/2022
Desde que el Trabajo Social es una diciplina y esta en la académica. A la fecha seguramente han egresado miles de profesionistas ¿Y dónde se encuentran? No lo sé. Tal vez la mayoría jubilados o quizás en servicio, e incluso nunca ejercieron sus estudios. Saberlo llevaría a una investigación para no sólo asumir cantidades sino también, en lo cualitativo, sus historias de vida.
Comprendo que la carrera de Trabajo Social se orienta al apoyo a otros para salir adelante en diversas dificultades. Sin embargo, con todo y que muchos dirigen sus esfuerzos para el logro de un cambio positivo en las condiciones sociales de su comunidad, falta mucho por hacer y no sólo desde el esfuerzo individual del trabajador social, sino también del apoyo institucional y de los variados agentes sociales que reciben el beneficio de su labor.
¿Qué hacer entonces? Refrendo que en este terreno el límite es la imaginación en tanto esbozo una idea sujeta a desarrollar.
Juan Cruz Ruiz comenta en alguna de sus obras que hay muchas maneras de matar a un hombre, pero una de las más terribles es no dejarlo dormir. Se muere, dice, no porque no pueda descansar, sino porque no puede soñar. Luego remata: Nuestra mente no puede soportar la realidad sin los sueños.
Por ello, estoy convencido de que las sociedades no son diferentes: Requieren de creadores que sueñen el sueño de los pueblos, de la gente común, de la raza. Y los trabajadores sociales sin duda podrían hacerlo si ejercen su calidad de soñadores, quizás románticos, inmersos tanto en tareas de prevención del delito, de justicia, educación, problemáticas familiares, como de atención a adictos, embarazo adolescente, abuso infantil, seguimiento a jóvenes liberados y mucho más, todo en el desempeño de una acción social que articule los recursos disponibles para ayudar a las personas más necesitadas.
¿Y qué con eso? Bueno, que esos sueños de los trabajadores sociales, incluyendo a los estudiantes de la carrera, se escriban, se documenten en breves ensayos, libros colectivos, artículos, poemas porque con los libros, con los cuentos, los testimonios, las novelas, los ensayos y los artículos cada uno sueña su propio sueño, además de que un escrito es el único lugar donde dos personas que no se conocen pueden encontrarse en la intimidad.
Creo que el trabajador social debe escribir, de hacerlo se dará el milagro de conocer más a fondo nuestra sociedad. Es tiempo de que nos compartan su labor, su compromiso social, sus triunfos, enojos, frustraciones y sus satisfacciones que tal vez nos abra los ojos para saber que ciertas labores como las desarrolladas por las y los trabajadores sociales es la única forma posible de estar en este mundo.