23/03/2026
Fondos de Agua y Seguridad Hídrica
Ricardo Cox Aranibar / KUMI-ADSI
El 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, en un contexto en el que la humanidad ha declarado haber entrado en una era de “quiebra hídrica global” (ONU, 2026). Hemos agotado los ahorros milenarios de agua dulce almacenados en glaciares, humedales y acuíferos (manantiales y aguas subterráneas), poniendo en riesgo el conjunto del sistema hídrico del planeta.
En América Latina se han constituido más de 25 Fondos de Agua en casi todos los países, excepto en Bolivia y Paraguay. Muchos de ellos son experiencias exitosas desde hace más de 25 años, como el Fondo de Agua de Quito. En Cochabamba-Bolivia, diversas instituciones —lideradas por la Gobernación— impulsamos la creación de un Fondo de Agua que garantice recursos financieros permanentes para enfrentar la tan ansiada seguridad hídrica de la Región Metropolitana. En el entendido de que la seguridad hídrica significa contar con suficiente disponibilidad de agua de buena calidad, así como reducir o eliminar los desastres hidrológicos: inundaciones, mazamorras, aluviones, sequías y contaminación.
Un Fondo del Agua es un mecanismo financiero que se orienta al cuidado de las fuentes de agua en las cabeceras de las cuencas de la cordillera del Parque Nacional Tunari, mediante soluciones basadas en la naturaleza, infraestructura verde (terrazas, zanjas, etc) y otras acciones destinadas a restaurar la salud y el equilibrio de nuestro entorno. Y el mismo puede ser diseñado de acuerdo a las características y problemáticas ambientales, sociales e institucionales de cada región.
En Bolivia existen esfuerzos por crear Fondos de Agua en Tarija, Sucre, Santa Cruz, Cochabamba y La Paz. Con el objetivo de compartir experiencias y visiones conjuntas de futuro, se realizó en Cochabamba el “Encuentro por la Seguridad Hídrica” el pasado 9 de marzo, donde se alcanzaron aprendizajes y acuerdos. Desde mi experiencia en dicho evento destaco los siguientes puntos de reflexión para la construcción de los Fondos de Agua:
La participación social en la creación, puesta en marcha, gestión y control de los Fondos de Agua es la única garantía de su consolidación, efectividad y sostenibilidad.
La sociedad, principal beneficiaria del agua y también la más afectada por los desastres hidrológicos y la mala gestión, constituye el cimiento más firme sobre el cual construir estos fondos. Los cimientos institucionales, en cambio, suelen ser más volátiles.
La participación social debe estar presente en todos los procesos e instancias de gestión: comunidades rurales de la cordillera, distritos urbanos, OTBs y productores de las partes bajas de la cuenca. Todos deben dialogar, concertar y organizar una representación territorial legítima en las decisiones del Directorio, en el Consejo Social y de Control, y en las OGCs. La gestión debe ser protagonizada por la gente, desde la planificación hasta la ejecución y el control, en un enfoque ascendente: del territorio hacia las políticas públicas.
La participación social implica fortalecer la conciencia y la cultura del agua en toda la sociedad. Existen experiencias valiosas de educación y comunicación financiadas por Fondos de Agua, que han consolidado el compromiso y la corresponsabilidad de la población urbana y rural. En Cochabamba, se lograron avances con el Comité de Educación Ambiental (GAD/GIAC/JICA y varias instituciones/distritos educativos).
En experiencias de diálogo colaborativo rural-urbano en las cuencas de Tiquipaya, la población urbana manifestó su disposición a aportar con trabajo, recursos económicos y apoyo político a las comunidades de la cordillera, mientras que estas ofrecieron sus conocimientos, territorio y esfuerzo en una acción conjunta por la seguridad hídrica, especialmente en la prevención de desastres.
Respecto a la mercantilización del agua, se entiende que todos los usuarios pagamos por ella a las EPSAs. En nuestra realidad cercana, también se paga a los propietarios del agua en el campo y la ciudad, lo que convierte al agua en uno de los bienes comunes más privatizados.
El Fondo de Agua no implicaría un aumento en la tarifa de agua, ya que cada factura de agua potable incluye una tasa de mantenimiento que actualmente no atiende la problemática de las cuencas hidrográficas. Se propone que las EPSAs y sistemas autogestionarios aporten al Fondo de Agua el porcentaje correspondiente.
Este aporte social sería la base de un fondo común en el que también participen la empresa privada e industrial, el Estado en todos sus niveles (Ministerio, Gobernación, Municipios, SERNAP), la cooperación internacional bilateral y multilateral, las ONG y la academia. Los recursos se invertirían, mediante un fideicomiso o acuerdos recíprocos, en proyectos de reforestación, cuidado de fuentes de agua, manantiales y aguas subterráneas, así como en la cosecha y recarga hídrica de las lluvias. Se propone crear un gran sistema de almacenamiento de agua desde cada casa (cosecha urbana), cada atajado comunal, cada manantial y río subterráneo, cada represa, lago y río, previniendo así los desastres hidrológicos.
En Cochabamba, la región metropolitana y el Parque Nacional Tunari forman parte de la Cuenca del Río Rocha, que cuenta desde hace años con un Plan Director y una Plataforma Interinstitucional de gestión y gobernanza, pero carece de recursos financieros para su implementación. Un Fondo de Agua permitiría garantizar financiamiento permanente para enfrentar el desafío de restaurar la cordillera y asegurar la seguridad hídrica, especialmente ante la amenaza constante del cambio climático.
Deseamos que los esfuerzos por crear Fondos de Agua en Cochabamba, Tarija, Sucre, Santa Cruz y La Paz continúen pese a los cambios de administraciones autonómicas, y que se conviertan en políticas públicas y en una gran movilización ciudadana. Avancemos en el mensaje clave de este Día Mundial del Agua 2026: “Donde fluye el agua, crece la igualdad”. Las mujeres deben ser protagonistas en la construcción del futuro del agua.