18/09/2026
𝑺𝒆𝒎𝒊𝒍𝒍𝒂: 𝑨𝒑𝒓𝒆𝒏𝒅𝒆𝒓 𝒂 𝒄𝒂𝒎𝒊𝒏𝒂𝒓 𝒄𝒐𝒏 𝑶𝒕𝒓𝒐𝒔
𝑈𝑛𝑎 𝑟𝑒𝑓𝑙𝑒𝑥𝑖ó𝑛 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑙𝑣𝑎𝑛𝑎 𝑆𝑢𝑎𝑟𝑒𝑧, 𝑆𝑒𝑚𝑖𝑙𝑙𝑒𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖𝑟𝑣𝑖ó 𝑒𝑛 𝐶𝑜𝑐ℎ𝑎𝑏𝑎𝑚𝑏𝑎
¿𝑸𝒖é 𝒂𝒑𝒓𝒆𝒏𝒅𝒊𝒔𝒕𝒆 𝒂𝒍 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒓 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒍 𝒔𝒐𝒄𝒊𝒐?
Trabajar con el socio me enseñó que servir no se trata únicamente de hacer algo por alguien, sino de aprender a caminar con otros. Aprendí sobre el acompañamiento, la resiliencia y la importancia de sanar y crecer en comunidad. También fui descubriendo un corazón más sensible a las necesidades de otros y comprendiendo que la vida y el servicio pueden ser una manera concreta de vivir y mostrar el Evangelio.
En este camino también aprendí sobre la amistad y la vulnerabilidad; sobre la importancia de permitirnos estar presentes para otros, pero también de reconocer cuándo nosotros necesitamos ser acompañados. Mi servicio con Semilla me recordó el llamado de Jesús: “el que quiera hacerse grande entre ustedes será su servidor” (Mateo 20:26-28). Y creo que, de alguna manera, estos dos años me enseñaron que servir también implica dejarse transformar por las personas con las que caminamos, hoy puedo mirar atrás y reconocer que he aprendido a consolar con el mismo consuelo con que he sido consolada. Eso ha sido para mí, vivir de una manera muy concreta 2 Corintios 1:4, recibir consuelo para poder compartirlo, y permitir que aquello que Dios ha hecho en mi vida también pueda ser de bendición para otros.
¿𝑪ó𝒎𝒐 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊ó 𝒕𝒖 𝒇𝒐𝒓𝒎𝒂 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒖𝒄𝒉𝒂𝒓 𝒐 𝒂𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂ñ𝒂𝒓?
Antes pensaba que acompañar significaba hacer muchas cosas por otra persona. Si alguien me compartía algo de su vida, asumía que necesitaba una solución, un consejo o alguna respuesta que pudiera ayudarle. Sentía que escuchar implicaba necesariamente tener algo que decir, pero durante estos dos años, escuchar y acompañar adquirieron un significado completamente diferente para mí.
Con el socio aprendí que acompañar también puede ser simplemente sentarse a mirar las flores o el cielo con un niño o una niña. Puede ser pasar una tarde pintando, conversar sobre cosas cotidianas, compartir una merienda, reírse juntos o simplemente estar. También descubrí que acompañar no siempre significa encontrar las palabras correctas o tener una respuesta para cada situación, muchas veces significa simplemente estar: compartir un momento, escuchar con atención, disfrutar de las cosas sencillas y permitir que el otro sepa que no tiene que atravesar todo en soledad. Por último, creo que uno de los regalos más grandes durante mi tiempo de servicio ha sido aprender a valorar esos pequeños momentos.
Ahora sé que en medio de una conversación cotidiana, una tarde de juegos o un silencio compartido, también puede existir acompañamiento, cuidado y amor. Y que muchas veces es justamente ahí, en lo sencillo, donde se construyen los vínculos que realmente nos transforman.
¿𝑸𝒖é 𝒑𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒔 𝒎𝒂𝒓𝒄𝒂𝒓𝒐𝒏 𝒕𝒖 𝒑𝒓𝒐𝒄𝒆𝒔𝒐?
Podría hacer una lista muy detallada de todas las personas que me acompañaron y sostuvieron de maneras sencillas, pero extraordinarias para mí. Sin embargo, estos dos años también cambiaron el significado que tiene para mí la palabra acompañamiento, porque no solo aprendí a acompañar, también aprendí a dejarme abrazar y acompañar. Por eso, ¡gracias! Gracias por ser respuesta a una oración que ni siquiera sabía que tenía en mi corazón, gracias por sostenerme, acompañarme y apoyarme, por abrirme las puertas de sus casas y de sus corazones, por un plato de comida, por un mensaje preguntando cómo estoy, por exhortarme con amor y por tantas otras muestras de cariño que quizá parecían pequeñas, pero que para mí significaron muchísimo. Sin duda, he podido ver a Cristo en cada una de ustedes, y he visto cómo Él ha sido glorificado en cada proceso y en cada encuentro. Me llevo la certeza de que Dios también responde nuestras oraciones a través de las personas que pone en nuestro camino.
¿𝑸𝒖é 𝒔𝒊𝒈𝒏𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒕𝒓𝒖𝒊𝒓 𝒑𝒂𝒛 𝒅𝒆𝒔𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒄𝒐𝒕𝒊𝒅𝒊𝒂𝒏𝒐?
Lo primero que vino a mi mente fue Juan 14:27, donde Jesús habla de la paz que nos deja, una paz diferente a la que el mundo ofrece. Por eso, para mí, construir paz desde lo cotidiano comienza con una comunión diaria con Dios, aprender a llevar nuestras cargas a Él, confiar en su cuidado y permitir que su paz transforme primero nuestro propio corazón.
Creo que cuando experimentamos esa paz que viene de Dios (una paz que sobrepasa todo entendimiento) también podemos compartirla con otros. Construir paz puede estar en la manera en que escuchamos, en cómo respondemos, en la paciencia que tenemos, en la forma en que acompañamos el dolor de alguien o simplemente en nuestra disposición de permanecer cerca.
Después de estos dos años, entiendo que construir paz no siempre significa hacer grandes cosas. Muchas veces comienza en lo pequeño: en una conversación, en una escucha atenta, en un abrazo, en una palabra de ánimo o en una presencia que le recuerda a alguien que no está solo.