14/06/2026
Devocional para hoy, 14 de junio de 2026
𝐇𝐄𝐑𝐄𝐍𝐂𝐈𝐀 𝐃𝐄 𝐉𝐄𝐇𝐎𝐕𝐀
❞𝐁𝐨𝐨𝐳, 𝐩𝐮𝐞𝐬, 𝐭𝐨𝐦𝐨́ 𝐚 𝐑𝐮𝐭, 𝐲 𝐞𝐥𝐥𝐚 𝐟𝐮𝐞 𝐬𝐮 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫; 𝐲 𝐬𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐨́ 𝐚 𝐞𝐥𝐥𝐚, 𝐲 𝐉𝐞𝐡𝐨𝐯𝐚́ 𝐥𝐞 𝐝𝐢𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐛𝐢𝐞𝐬𝐞 𝐲 𝐝𝐢𝐞𝐬𝐞 𝐚 𝐥𝐮𝐳 𝐮𝐧 𝐡𝐢𝐣𝐨❞ (𝐑𝐮𝐭 𝟒:𝟏𝟑)
Pasajes complementarios: Salmo 127:3, Génesis 15:5, Génesis 21:7, Hebreos 11:11-12
Booz pudo engendrar un hijo de Rut. La concepción es un regalo de Dios, es don de Dios. Los hijos son regalo de Dios, herencia de Jehová son los hijos, dice el salmista.
La herencia es un regalo, un regalo que viene por parte de Dios, pero no es un regalo ordinario; podemos regalar algo a una persona, pero la heredad solamente viene por parte del padre. Es un regalo que el Padre deja, pero es más que eso, es la herencia, es aquello que es del Padre, que ahora es nuestro. Los hijos son de Dios, pero son herencia de Dios para nuestra vida.
El salmista expresa en el Salmo 127 que los hijos son fruto, son fruto del vientre, de aquel vientre que está dentro de una madre; pero qué interesante, también son herencia de Jehová. Cuando recibimos una herencia de Dios eso entonces se constituye ya en un fruto dentro de nuestra vida.
Nuestros hijos son herencia de Jehová, pero qué es lo que queremos por parte de cada uno de ellos, o qué es lo que esperamos de cada uno de ellos. No solamente nos debemos contentar con aquella herencia que viene de Dios, sino que hemos de trabajar en ella, hemos de labrar aquella tierra (hijos) la cual recibimos como herencia. Podemos recibir una herencia, pero si no la trabajamos, pues entonces nos llenamos de pobreza, y esa tierra no va a producir su fruto. Hemos de formar hijos a quienes dejemos un legado.
Dios le dio una promesa a Abraham, que le daría descendencia. Abram no tuvo nietos sino descendientes. Abraham tenía 75 años cuando Dios le dio la promesa. Por 25 años le dijo que mirara las estrellas, y cuando tenía 100 años, su esposa dio a luz a Isaac (herencia de Dios). Sara era de edad muy avanzada, cuando dio a luz a Isaac. Tenía su capacidad reproductiva doblemente menguada: era estéril y ya le había pasado la costumbre de las mujeres. Dios les dio la gracia de concebir, porque les había prometido descendencia.
El que solo tiene hijos es un miope espiritual, mira a corto plazo, le falta visión y no comprende el pacto. El destino de los hombres del mundo es tener hijos, pero nuestro llamado como hijos del pacto, es vivir para dejar una descendencia y dejarle un legado a esta. Hasta el último aliento de nuestra vida es posible tener descendencia, y dar a luz hijos en la fe, no importa las limitaciones que tengamos, ni que estén menguadas nuestras capacidades humanas.
𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Amado Padre, me acerco a ti, agradecido por el milagro de la concepción. Gracias por cada hijo físico o espiritual, porque son herencia tuya en los que he de trabajar para dejar un legado. Padre, que yo no sea un miope espiritual, que no comprende el pacto, sino que yo cumpla con tu llamado como hijo del pacto, vivir para dejar una descendencia y dejarle un legado a esta, hasta el último aliento de mi vida. Gracias, Señor".