02/08/2025
Ayer, 1 de agosto, se llevó a cabo el primer debate presidencial rumbo a las elecciones del 17 de agosto, organizado por el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) junto a la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) y la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia (ANPB). Se esperaba que fuera un espacio democrático para escuchar propuestas claras, responsables y viables frente a los múltiples problemas que atraviesa Bolivia. Sin embargo, lo que vimos fue una profunda muestra de ignorancia política, falta de visión de país y una desconexión total con la realidad del pueblo.
Ocho candidatos estuvieron presentes: Samuel Doria Medina, Andrónico Rodríguez, Jorge Tuto Quiroga, Manfred Reyes Villa, Eduardo del Castillo, Rodrigo Paz, Jhonny Fernández y Pavel Aracena. Aunque el formato del debate permitió la exposición de ideas y preguntas cruzadas, la mayoría utilizó ese espacio no para responder a las necesidades urgentes del país, sino para atacarse entre sí, lanzar acusaciones, ironías e incluso apodos ofensivos. Parecía más un programa de espectáculo político que un debate presidencial.
Ninguno de los candidatos presentó soluciones concretas a la crisis económica, la inflación, el desempleo juvenil o la emergencia ambiental. Se mencionaron términos como “democracia”, “justicia” y “derechos”, pero sin propuestas reales ni rutas de implementación. ¿Dónde está el plan para recuperar la economía popular? ¿Qué medidas urgentes tomarán para garantizar agua limpia en las comunidades indígenas afectadas por la minería? ¿Cómo piensan proteger a los defensores ambientales?
Como jóvenes bolivianos, nos sentimos profundamente decepcionados y preocupados. Una vez más, hemos sido testigos de cómo la clase política solo se enfoca en conseguir el poder, sin mostrar empatía ni compromiso con los millones que luchan día a día para sobrevivir. Este debate no nos dejó esperanza, sino frustración.
Peor aún, varios de los candidatos aprovecharon el espacio para repetir viejos discursos, culparse mutuamente por el pasado o deslizar teorías de conspiración sobre el litio, acuerdos ocultos y universidades extranjeras. ¿Y el presente? ¿Y el futuro de las juventudes, de las mujeres trabajadoras, de los pueblos indígenas? Nadie habló de políticas públicas centradas en la gente.
La responsabilidad de este vacío de contenido no solo recae en los candidatos, sino también en los organizadores. El OEP, la CEPB y la ANPB debieron garantizar un debate que nos permita evaluar propuestas y comparar visiones de país. Sin embargo, el formato no evitó que se convierta en un campo de batalla verbal sin respeto ni profundidad.
Bolivia no necesita más caudillos ni políticos reciclados. Necesita líderes con ética, propuestas reales y sensibilidad social. El debate del 1 de agosto fue una oportunidad perdida para mostrar madurez política. Y nosotras y nosotros, como juventudes conscientes, no vamos a seguir aplaudiendo espectáculos vacíos.
Nuestro país merece más.