15/08/2026
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En 2016, Noruega tomó una decisión que ningún otro gobierno había tomado antes.
Y una década después, sigue siendo el único país del mundo que lo hizo.
El parlamento noruego aprobó una ley de cero deforestación, comprometiendo al gobierno a no financiar ni comprar productos ligados a la destrucción de bosques tropicales.
No es una ley que prohíbe talar árboles en Noruega. Es algo más sofisticado y más poderoso.
El gobierno noruego no otorgará contratos públicos a empresas que participen en deforestación. Y tampoco comprará productos importados vinculados a la deforestación masiva: ganadería, aceite de palma, soja y madera provenientes de operaciones que dañan los bosques.
La lógica es elegante. Noruega reconoció que sus decisiones de compra, a miles de kilómetros de distancia, influyen directamente en si los bosques tropicales permanecen en pie o desaparecen.
Y no se quedó solo en palabras. Su colaboración con Brasil ayudó a reducir la deforestación del Amazonas en un 75% durante una década.
La experiencia de Noruega abrió un debate global, proteger los bosques también implica revisar las cadenas de producción y el origen de los productos que consumimos.
Porque detrás de cada producto que consumimos existe una historia ambiental que muchas veces ocurre lejos de nuestros ojos.