Taller de Historia Oral Andina - THOA

Taller de Historia Oral Andina - THOA Qhip nayr uñtasis sarnaqapxañani

  | Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)LARI JAYCHKATAPor: Filomena Nina HuarcachoEn el cantó...
12/05/2026

| Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)

LARI JAYCHKATA

Por: Filomena Nina Huarcacho
En el cantón Mikaya, municipio de Colquencha de la provincia Aroma, se conservan muchas riquezas culturales. El 3 de mayo de cada año se realiza una actividad en la que intervienen dos grupos de danzarines, los k’usillu ‘salta monte’ y los qinali. También está presente el lari ‘zorro’ juguetón y cazador.

Los k’usillu aparecen muy temprano del este, detrás de unas lomas; se acercan a la comunidad al son de un pinkillu y un pequeño tambor. Luego va visitando la casa de cada comunario, ingresando a todas ellas, aunque nadie se encuentre en el hogar. Los danzarines están al tanto que la familia dejó para ellos un par de botellas de refresco o algo más, porque de antemano saben vendrán a visitarles desde muy lejos.

Los k’usillu, con voz falsete, les va augurando mucha prosperidad a cada casa y a las familias. Algunas personas les esperan con comida preparada con los productos agrícolas de la época. Incluso en algunos hogares los danzantes les ayudan a las familias a seleccionar papas y papalisas por tamaños en canastas, que luego son guardadas en costales para su uso durante el año. Al terminar la actividad dan una vuelta bailando y tocando su pikillu alrededor de los productos agrícolas y siguen su camino visitando otros hogares, sin dejar de lado a ningún hogar.

Al atardecer, aparecen del oeste los qinali en la plaza, compuesta por personas mayores, sobre todo varones que llevan qhawa y sombrero, unos tocan el instrumento llamado qinali y otros el tambor. Luego van a cada casa y entran ejecutando ceremonialmente el qinali, dan una vuelta en el patio y luego salen hacia otra casa, así sucesivamente. Más tarde retornan a la plaza, allí los acompaña algunas mujeres bailando y dando vueltas al ritmo ceremonial del qinali; ellas visten pollera rosada, otras verde, y manta café.

Una vez en la plaza, los k’usillu buscan un palo largo y ramas de eucalipto. Luego, plantan el tronco y adecuan las ramas a semejanza de un árbol frutal; los frutos son las manzanas que representan a las papas grandes que se produce en el cantón. Luego, un k’usillu pequeño sube al árbol, cosecha las manzanas y las divide en varios pedazos; las mismas se reparten entre los presentes, tanto a personas mayores como a menores. Este acto simboliza la distribución de los productos agrícolas en la comunidad.

Además, en la Plaza, continua la música y danza tanto de los qinali como de los k’usillu. Cada grupo danza a su ritmo dando vueltas alrededor de la fogata. Al mismo tiempo, se ve el juego del lari con los k’usillu. Así el lari juguetón y cazador, después de una larga persecución a los k’usillu, coge a un pequeño k’usillu y supuestamente le muerde y acaba con su vida.

Posteriormente, como castigo al lari ‘zorro’, se procede a realizar el lari jaychkata o ‘ahorcamiento’; en un abrir y cerrar de ojos el zorro aparece colgado del árbol sin frutos, mirando hacia el este. Esto, según los comunarios, se interpreta como buena producción agrícola porque el zorro murió mirando hacia la salida del sol; porque si fuera a la entrada del sol sería un mal augurio para la producción agrícola. Simultáneamente, los qinali y los k’usillu siguen bailando alrededor del fuego en círculo. Así termina todo el acto.

Tanto en el caso de los qinali como de los k’usillu, en los espacios que ocupan al iniciar las danzas se puede distinguir que los qinali representan a los de alax saya, parcialidad de arriba; y los k’usillu representan a manqha saya, parcialidad de abajo. Ambos confluyen en el taypi ‘centro’. Esto significa que la estructura social del ayllu se mantiene vigente e intacta hasta la actualidad, dado que el 3 de mayo de cada año se transmite este conocimiento ancestral mediante imágenes vivas que lo disfrutan grandes y pequeños, recalcándonos que no olvidemos nuestro origen y nuestra vivencia en el ayllu. Así, se afirma constantemente la vitalidad y resistencia aymara.

  | Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)AWKI AWKI: LA DANZA SAGRADA QUE AÚN LEE LAS ESTRELLAS...
05/05/2026

| Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)

AWKI AWKI: LA DANZA SAGRADA QUE AÚN LEE LAS ESTRELLAS EN EL ALTIPLANO
Por: Edwin Surco Toledo

La danza de los Awki Awkis, practicada en las comunidades de San Jorge Villa Chakaqui, Muelle, Alto Huaygua, Millisia y Chakaqui Primero, en el municipio de Puerto Acosta, es mucho más que una expresión folklórica: constituye un sistema de conocimiento ancestral que articula astronomía, espiritualidad y vida comunitaria. De probable origen prehispánico (según la tradición oral), esta práctica ha sido transmitida por generaciones y documentada mediante un proceso de investigación basado en la memoria oral y la observación participante.

Desde una perspectiva etnográfica, el estudio de esta danza permite entender sus significados en el marco de la cosmovisión aymara, evitando interpretaciones externas que la reduzcan a un mero espectáculo. En este sentido, la danza se configura como un espacio de mediación entre el mundo humano y el espiritual. Durante su ejecución, los espíritus de los ancestros sabios y las deidades de las montañas —los achachilas— se manifiestan en los danzantes mediante rituales guiados por autoridades como el paqu o ch’amakani, dando lugar a un proceso de transformación ritual.

El origen del Awki Awki se sitúa en la antigua región de Waychu, hoy Puerto Acosta, a orillas del lago Titicaca, donde aún existen centros de observación astronómica. A partir de saberes transmitidos oralmente, se infiere que los sabios andinos estudiaron los movimientos del Sol, la Luna y las constelaciones desde puntos elevados como los volcanes extinguidos T’äta y Yayi. Estas observaciones dieron lugar a un calendario lunar agrícola, en el cual la danza cumplía funciones rituales vinculadas a la renovación de los ciclos productivos, especialmente del cultivo de la papa.

Cada año, a inicios de mayo, la alineación de la Cruz del Sur —denominada en aymara Jach’a Qhana— con las montañas marca el inicio de un nuevo ciclo agrícola y espiritual. Antes de la danza, los participantes ascienden a cerros sagrados para realizar ofrendas con hojas de coca, estableciendo un vínculo con los achachilas. La creencia de que los espíritus “toman” el cuerpo de los danzantes refleja una concepción relacional del cuerpo, en la que lo humano y lo espiritual coexisten.

La danza funciona también como un lenguaje simbólico complejo. La vestimenta representa el cosmos: el sombrero alude a la bóveda celeste, las máscaras evocan a los sabios, los bordados reproducen estrellas y los collares simbolizan el agua como reflejo del cielo. Los movimientos —giros, espirales y saltos— remiten a dinámicas astronómicas y al tiempo cíclico, mientras que la música refuerza su dimensión ritual.

Sin embargo, una lectura crítica evidencia que el Awki Awki no es inmutable. Durante la colonización, fue mimetizado y muchos de sus significados fueron ocultados como estrategia de defensa. En la actualidad, enfrenta tensiones derivadas de la modernidad, el turismo y nuevas prácticas religiosas, que pueden simplificar o transformar sus contenidos simbólicos. Esto plantea desafíos en torno a la preservación y la autenticidad cultural.

Por ello, el Awki Awki puede entenderse como una “enciclopedia viva” del saber andino, que integra conocimientos astronómicos, agrícolas y espirituales, además de transmitir valores como el respeto a los ancestros y la armonía con la naturaleza. Su vigencia radica en su práctica continua y en su capacidad de adaptación sin perder su esencia.

Finalmente, es necesario fortalecer la preservación de esta práctica más allá de la Ley N.º 1659, que no incorporó explícitamente los ritos y protocolos de la danza, esenciales para su comprensión y salvaguarda. Asimismo, toda iniciativa de investigación o astroturismo debe respetar a las comunidades y evitar su folklorización.

Así, entre las montañas del municipio de Puerto Acosta y sus espacios culturales, los Awki Awkis continúan danzando cada 3 de mayo al ritmo del universo, manteniendo vivo un saber que dialoga con las estrellas.

’aQhana

  | Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)LA REBELDÍA AYACUCHENSESANGRE AYMARA EN EL “COLEGIO D...
27/04/2026

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LA REBELDÍA AYACUCHENSE
SANGRE AYMARA EN EL “COLEGIO DEL PUEBLO”

Por: Vitaliano Soria Choque

En ocasión de celebrar el bicentenario del primer Colegio de Ciencias y Artes “San Simón de Ayacucho”, cabe mencionar que este fue fundado el 27 de abril de 1826 por el Mscal. Antonio José de Sucre en el convento de la orden dominica. Sucre ejecutó los decretos del año 1825 del libertador Simón Bolívar para la fundación de “Colegios Nacionales de Ciencias y Artes” y “Escuelas de Primeras Letras” en las capitales de provincia y departamento, con los fondos y bienes confiscados a la iglesia católica. En el colegio fundado en La Paz se inscribieron los hijos de la élite de criollos-mestizos y mestizos-indios.

En mi condición de exalumno durante los 6 años de la secundaria en el Ayacucho, “Colegio del Pueblo”, considero que uno de los aspectos poco visibilizados y reflexionados es la “rebeldía ayacuchense”. Un valor cívico y patriótico que cultivó el colegio en el alumnado. Esto incentivó la participación del colegio en las situaciones de protesta social y en las reivindicaciones ciudadanas ante los gobiernos dictatoriales.

La tradición del espíritu de lucha de nuestros abuelos de Chuquiyawu Marka, ya tenía una trayectoria histórica desde la antigüedad. En la colonia, el mayor espíritu rebelde se manifestó en el cerco a la ciudad de La Paz, por los legendarios Tupac Katari (Julián Apaza), Bartolina Sisa y Gregoria Apaza, ante la imposición de tributos injustos. Sofocadas las rebeliones, los ejércitos realistas castigaron sanguinariamente a los alzados, como escarmiento.

Asimismo, se conoce que los estudiantes del Colegio Seminario “San Jerónimo”(actual colegio Ayacucho) de la orden dominica, fueron los protagonistas de la revolución del 16 de julio 1809. Más tarde el espíritu emancipador del ch´ukuta se manifestaría activamente en la guerra de guerrillas de las republiquetas, preámbulo de la Asamblea Constituyente que selló la independencia de Bolivia.

De toda esa trayectoria de lucha contra los invasores españoles, emergió en los hijos la rebeldía paceña, siendo los pasajes más heroicos de la participación paceña y ayacuchense en el curso de la historia boliviana los siguientes: “La Paz cuna de libertad, tumba de tiranos”, frase que refleja el carácter rebelde del paceño contra las tiranía de los gobiernos. Por su parte, en las primeras décadas del periodo de los caudillos militares y “conservadores” (1825 -1898), la resistencia ayacuchense tuvo una participación contra la invasión peruana del Gral. Gamarra a la ciudad de La Paz. De hecho, ocuparon el colegio Ayacucho como su cuartel, circunstancia en la que los ayacuchenses actuaron como chasquis llevando informaciones sobre los movimientos del ejército peruano, e influyendo en la derrota de las tropas invasoras.

El grito de combate “Kory paiti koriy paita, Kory paita, Koriy paiti” (El Ayacucho está acá, el Ayacucho está aquí), terminaba con el grito “Muera Melgarejo”. El tirano , presidente entre 1864 y 1871 fue el mayor gestor de la usurpación de tierras comunarias, de ahí el cerco a sus tropas. Pocos años después, los ayacuchenses participaron en el ejército boliviano en la guerra del Pacífico contra la usurpación marítima chilena y en la guerra de Acre contra la invasión brasileña.

En la guerra del Chaco, cuando ejercía la dirección del colegio el meritorio Prof. Delfín Eyzaguirre, los estudiantes le solicitaron ir al frente de batalla. Ante tal pedido, el director les arengó: “¿Cómo piden ir a la guerra del Chaco, ni siquiera saben amarrarse los pantalones? Los alumnos se dieron la vuelta en su fila, se sacaron las corbatas y con ellas amarraron sus pantalones. Nuevamente se dieron la vuelta, para expresarle en coro que y estaban listos para ir a la guerra”. Así pues, los ayacuchenses conformaron el ejército “Illimani”, y en el campo de batalla formaron la “patrulla Kantuta”, con acciones heroicas contra los paraguayos.

En la Revolución Nacional de 1952, no se puede ignorar la participación ayacuchense junto a los trabajadores fabriles y a la población popular, aunque después fueron opositores al gobierno del M.N.R. por sus arbitrariedades. Es más, el gobierno de facto del Gral. Hugo Banzer en los años setenta ordenó la persecución de los dirigentes estudiantiles del colegio, quienes a su vez protestaron en los desfiles cívicos mirando al lado contrario del palco presidencial.

En octubre de 2003, la prensa relató: “Los estudiantes ayacuchenses fueron al Ministerio de Educación a reclamar sobre problemas con la dirección y la falta de materiales, allí fueron gasificados por la policía, y al volver al colegio a dejar el estandarte cruzaron por la plaza Murillo, y por la bronca contenida, apedrearon las puertas y ventanas del palacio de gobierno con el grito ¡Ayacucho!”. En esa circunstancia, los actos de rebeldía ayacuchense motivaron que la policía y la población popular se envalentonara hasta lograr la caída y huida del presidente Sánchez de Lozada. El periódico estudiantil A.B.C. del colegio titulaba: “La rebeldía ayacuchense cambió la historia de Bolivia”. No era para menos.

En síntesis, el Colegio Ayacucho en su trayecto histórica educativa mantuvo la rebeldía como un valor cívico y patriótico, con ese espíritu estuvo siempre a la vanguardia de los movimientos estudiantiles y las reivindicaciones sociales, dando la cara por el pueblo.

¡Quién es el taita de los colegios. ¡El Ayacucho!
¡Quién manda, quien impera! ¡El Ayacucho!

  | Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)¿COLONIALISMO E IDEOLOGÍA COGNITIVA?¡Dejemos el colon...
20/04/2026

| Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)

¿COLONIALISMO E IDEOLOGÍA COGNITIVA?
¡Dejemos el colonialismo de los “estatutos orgánicos” atrás!

Por: Godolfredo Calle Vallejos

Hace mucho dijimos que los “estatutos” y las “cartas orgánicas” son la expresión perfecta del colonialismo interno, toda vez que configuran una arquitectura cognitiva antropocéntrica, racionalista e instrumental. En otras palabras, son productores de una ontología del colonialismo sobre el que el presente artículo reflexiona.

El tema pasa por saber quién diseña o controla estos “códigos de convivencia”; es más, cabe preguntarse ¿desde qué lugar y con qué fines? Al respecto, se ha pensado desde la racionalidad monista que el ayllu carece de una normativa convivencial propia o que no es viable sin las lógicas racionalistas occidentales. Esto quiere decir que los “estatutos orgánicos” tienen una carga de colonialismo ontológico y, por ende, contienen una ideología cognitiva que rompe con las matrices filosóficas de los pueblos indígenas.

Consiguientemente, los “estatutos orgánicos” están montados por categorías ontológicas occidentales. De hecho, se configuran o han sido diseñados dentro de un colonialismo y a través de dualismos constitutivos de la modernidad. Vale decir, las ontologías occidentales se han vuelto en un peligro para las ontologías de los pueblos indígenas, toda vez que se sostienen en las “hegemonías de la razón”, en el “control de la vida” y el “dominio del cosmos”, es decir en los dualismos constitutivos de la modernidad. De esta manera, reproducen esquemas de las narrativas dominantes y del racismo epistemológico. Por ello, es fundamental advertir que la aplicación de “estatutos orgánicos” en nuestro sistema andino tiene las siguientes consecuencias:

- Extirpan las matrices filosóficas del mundo indígena.
- Hacen ver a los pueblos indígenas como inviables fuera de los estados eurocéntricos.
- Rompen con la autonomía de pensamiento de los pueblos indígenas.
- Reproducen la hegemonía de la razón y los dones imperiales.
- Desechan normas convivenciales descolonizadoras.
- Reproducen la ideología lingüística.
- Despojan a los pueblos de su memoria, de su cosmopraxis y de otras éticas.

Asimismo, los problemas de colonialismo de orden intelectual nos conducen a la pérdida de lo que somos, es decir, nos vuelven árboles sin raíces y sin identidad. No obstante, en el presente aún no hemos perdido el modo de ser lo que somos, es decir, aún somos seres con raíces, con lengua, con oído, con pie, y esas nuestras raíces y matrices salen de nuestros ancestros, abuelas y abuelos, de nuestro idioma, en suma, de nuestra palabra.

En contrapartida, el orden colonial busca seres sin pie, sin palabra. Dicho de otra manera, si seríamos atrapados por la modernidad y el colonialismo, entonces reproduciríamos fielmente las categorías del orden colonial; es más, seríamos seres sin corazón, sin oído y sin boca, andaríamos en el mundo al revés.

A todo esto, ¿cómo salimos de estos problemas que se presentan hoy en día? Considero que el pensar debe ser un constante proceso de descolonización intelectual. El rol del intelectual, aquel forjado en el imaginario de la colonialidad, nos conduce hacia una civilización sin identidad, destinada a asimilar parámetros dominantes que consideran que el intelecto debe desarrollarse mediante la civilización. Esto quiere decir que el intelectual, cuando piensa, actúa y asume éticas colonizantes, sobrelleva un problema de subjetividad, ya que mira a sus ancestros como atrasados, pues solo piensa y produce intelectualmente para dominar, imponerse o destruir.

En este caso, el papel del intelectual debe reformularse en términos epistémicos, éticos, políticos, vale decir que debe ser un constante proceso de des-territorialización del poder colonial y del colonialismo intelectual. En definitiva, cuando de descolonización intelectual se trata, es preciso erradicar el intelectualismo extractivista, el intelectualismo sin raíces, sin ojos y sin oídos.

¡Jallalla!

  | Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)“LAS MUJERES, ALGO DE BRUJAS, CURANDERAS O YATIRIS DE...
14/04/2026

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“LAS MUJERES, ALGO DE BRUJAS, CURANDERAS O YATIRIS DEBEMOS TENER”
Por: Judith Lopez Uruchi

Histórica y culturalmente, las mujeres han tenido el conocimiento de las plantas y el arte de preparar remedios para mitigar dolencias, tanto físicas como espirituales. Según María Jesús Samora (2018), sus preparados eran efectivos y generaban temor. En el siglo XVII, la Inquisición se extendió a los pueblos colonizados de América, donde las mujeres desempeñaban un rol fundamental; eran respetadas por sus conocimientos medicinales y rituales. Como señala Irene Silverblatt (1990), ejercían como sacerdotisas, pero fueron perseguidas y condenadas por brujería, acusadas de pactar con el demonio. Pese a ello, siguieron practicando la medicina natural clandestinamente.

Recuerdo que en los lugares más húmedos de la ciudad de La Paz crecía variedad de plantas medicinales, pero con la urbanización ya no es posible encontrarlas. Hoy, se las puede adquirir donde las chifleras o vendedoras de hierbas medicinales, quienes conocen los nombres y propiedades de cada una de ellas.

En nuestra cultura, las plantas medicinales han sido fuente de curación y sabiduría, por generaciones. Nuestras abuelas y madres nos han enseñado a utilizarlas para tratar una variedad de malestares. Para el dolor de estómago, la indigestión, el dolor de hígado o de vesícula, luego de un colerón, se recomienda diente de león, llantén y cola de caballo; la poción de chanqa piedra es muy efectiva para destruir los cálculos biliares. La wira wira, qhiya qhiya y hoja de lampazo combaten la tos. Para la altura, la presión alta y la diabetes, se aconseja hojas de guayaba, mango, naranja o coca. Las rodajas de papa o unas hojas de coca en las sienes absorben el dolor de cabeza. La hoja de coca también se usa a menudo para el mal de altura. Estos remedios naturales son una alternativa efectiva y segura para tratar nuestros malestares, sin recurrir a remedios industriales.

¿Quién no ha sufrido una torcedura o fractura? Antes de ir al traumatólogo, preferimos recoger ch’illkha, Andrés waylla para preparar un ungüento. Hay una gran cantidad de plantas, semillas y animales que sirven para su curación.

Existen remedios naturales para las mujeres y los niños. Entre nosotras, solemos recomendar qué plantas alivian las molestias de la menstruación, de la matriz o de sobreparto. Algunas de las yerbas calientes que se usan son: romero, rosa blanca, chijchipa, cola de caballo, manzanilla y orégano. Para las wawas (niños) que sufren de parásitos o de problemas digestivos, las pepas de zapallo o la plantita kuti kuti, son efectivas.

No solo se trata de curar el cuerpo, también de cuidar el espíritu o el ajayu, para evitar la depresión. Para el estrés y la ansiedad, se usa toronjil y rosas blancas. Para llamar el ánimo y “ahuyentar a los malos espíritus”, el sahumerio de palo santo o chachacoma, es efectivo. También se recurre al lavado con hierbas. Para el mal de amores, las abuelas solían preparar un hervido de piedras de río para endurecer el corazón y dejar de ser jisk’a chuyma o muy sensibles. Así también, flores de retama, ruda, romero y semillas sirven para la protección y el cuidado espiritual. Estos rituales y remedios nos ayudan a conectarnos con nuestra esencia y a encontrar equilibrio en nuestra vida.

Todo lo descrito, lo he aprendido de mi madre y abuela quienes siempre me decían: “la mujer siempre tiene que conocer y saber, especialmente cuando se tiene familia, sino cómo va a cuidar y curar a los hijos; una tiene que saber”. Entonces, las mujeres detentamos el conocimiento ancestral, acumulado desde niñas. Este legado es una parte fundamental de nuestra identidad que ha permitido cuidar de nuestra salud y bienestar de manera natural y efectiva. El conocimiento de las hierbas medicinales es un tesoro que nos conecta con nuestro pasado ancestral.

Comunidad THOA : En el marco de la 3ra Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos a la exposición, presentac...
10/04/2026

Comunidad THOA : En el marco de la 3ra Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos a la exposición, presentación y debate del tema "Filosofía, epistemología y lógica aymara". Contamos con su presencia este viernes 10 de abril a las 14:00 en el 2do. piso de la Terminal de Buses.

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08/04/2026

Comunidad THOA : En el marco de la 3ra Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos a la exposición del investigador e historiador mapuche Felipe Curivil y de la comunicadora social e investigadora Libertad Pinto . Contamos con su presencia este miércoles 8 de abril a las 17:00 en el 2do. piso de la Terminal de Buses de El Alto.

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08/04/2026

Estimados amigos del THOA: En el marco de la 3era Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos a la exposición "Los pueblos de la diáspora africana en América Latina". Contamos con su presencia este miércoles 8 de abril a las 19:00 en el 1er. piso de la Terminal de Buses.

Estimados amigos del THOA : En el marco de la 3era Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos a la exposició...
06/04/2026

Estimados amigos del THOA : En el marco de la 3era Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos a la exposición "Pensando en la solidaridad internacional" a cargo de Kadia St. Pierrre y Taruneek Kapoor. Contamos con su presencia este lunes 6 de abril a las 14:00 en el 1er piso de la Terminal de Buses.

  | Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA) YUNKAS QHIRIMP AWICHAMPIW ARU JARATATÄNAEL FOGÓN YUN...
06/04/2026

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YUNKAS QHIRIMP AWICHAMPIW ARU JARATATÄNA
EL FOGÓN YUNGUEÑO Y LA ABUELA QUE DESATABA LA PALABRA
Por: Ramiro Huanca Soto

En cada madrugada mi abuela Florencia comenzaba a reordenar el mundo. Iniciaba desde un pequeño balcón, contemplaba el universo. Leía en la aún oscuridad radiante del cielo, el tiempo venidero del día. Por ejemplo, cuando se nublaba y ya tronaba el Tata Santiago con su caballo, corriendo de aquí pa’ allá, el Illapa solapado de los yungueños, a quien había que respetarlo, el q'ixu q'ixux sarnaqki ukjax janiw muru p'iqix sarnaqañati. Jiwasaruw puristaspa: cuando camina el trueno, no hay que caminar con la cabeza pelada. Nos puede llegar a nosotros.

– ¡Este Tata Santiago que corre y corre!

Cuando el cielo truena, no hay fatalidad ni sensación de un tiempo feo o malo, como ahora citadinamente se dice. Al contrario, en cada temblor de trueno Tata Santiago anunciaba la fertilidad sonora del alax pacha, mundo de arriba, con el cocal aka pacha y los suelos y abundancia de ríos, manqha pacha. Con esta certeza, la abuela se dirigía al qhiri, un fogón hecho de tierra especial por mi abuelo Francisco. Las manos de mi abuela en gestos matemáticos acomodaban ritualmente la leña, medían su espesor y tamaño. Mientras el fuego de a poco se encendía, sentada anidaba el tiempo, su mirada sincronizaba con la paz de su pollera.

Colocaba las ollas con agua y esperaba el crepitar del “achachila” fuego. Alzaba un poco de ceniza, combinaba con hojitas de coca, rumiaba en suave lenguaje su alianza con la tierra, el fuego y el agua; metía las walusa y los plátanos phuti y aparte las yucas. En otra olla preparaba el charque con ahogado más hecho de magia que de receta, y probada en palo-cuchara. Toda una constelación del consumo y micro política tranquila del cuerpo. Esperaba la mutación de alimentos como un acontecimiento sagrado y preparaba el olfato. Calculaba mi abuela no con reloj, sino en el olor desprendido de los alimentos, cerraba los ojos y predecía el acontecimiento perfecto del hervor.

Las manos de mi abuela eran pequeñas, como dos aves en señal de descanso. Pero cada acción era la forma más cultivada para llevar la merienda al cocal. Cuando compartíamos el desayuno, primero agradecíamos; luego, tras uno y otro bocado sentíamos su amor calientito en nuestras entrañas. Comprendimos cómo se preparaba la energía y se hacía medicina la comidita a fuego lento; sin plásticos ni comida procesada. Toda la comidita era –y aún es– vida de tierra yungueña.

Entre medio de la madrugada y la comidita, la abuela desataba la palabra, awichax aru jaratatäna. Sentados alrededor del qhiri, las palabras emanaban. Entonces se aparecían las historias de palabras o mitos de la viborita y la Bernita, del inca dormido, del chulu umani o la tomateta, de los relatos de negros de Chicaloma o de los condenados de Laza y hasta los sabios excesos de la comadre zorra Antonia. Cada vez los relatos se trenzaban y aunque un mismo cuento varias veces nos contara, siempre sus variantes del relato nos embrujaba. Como un relámpago su palabra iluminaba lo ocurrido en tiempos remotos una constelación creativa del qhip nayr uñtasis sarnaqapxañäni en el resplandor del yunka qhiri.

Era mi abuela el hilo y aliento de los ancestros del Mirq’i o antiguo Irupana, entrelazado a la ciudadela de piedra Pasto Grande, a los caminos del inca y pre-inca de Tiwanaku. También emergían constelaciones de voces de aparecidos o mu***os, vecinos y de familia. Mu***os revividos en la caída del rayo, en el descenso de algún barranco. Era el valor de la palabra que constelaba presencias. Es especial aquel relato donde un tío fabricara su ataúd a la espera de su muerte y que nunca se moría, pese a que inclusive en el mismo ataúd muchas noches dormía. Pasó la edad de cien años para partir al wiñay marka. Bueno, este desatar la palabra de la abuela se termina, antes que aclare el día.

– ¡Comete comete de una vez, ya vamos a partir a la huerta!, la abuela sigue diciendo.

Estimados amigos del THOA: En el marco de la 3era Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos al Apthapi de S...
04/04/2026

Estimados amigos del THOA: En el marco de la 3era Feria Internacional del Libro de El Alto los invitamos al Apthapi de Saberes "Metodologías de investigación Comunitaria en Bolivia" a cargo Benjamin Dangl, Vania Calle, Abigail Roque y Pedro Aliaga . Contamos con su presencia este sábado 4 de abril a las 17:00.

Dirección

Calle León M. Loza No. 1199 Esquina Ascencio Padilla (Parada Minibus 361), Alto San Pedro
La Paz

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