08/10/2026
| Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)
53 DÍAS: MOVILIZACIÓN Y DISCURSIVIDAD AYMARA
Por: Alex Ruiz Mendoza
La movilización de los 53 días, entre mayo y junio de 2026, funcionó como un sistema de procesos continuos, de carácter comunal originario aymara, que evocó el cerco de Túpac Katari de 1781-1782. Entre sus particularidades estuvieron los discursos en aymara, decisiones y acuerdos para realizar marchas, bloqueos y cercos a La Paz, en contra del gobierno de Rodrigo Paz y sus medidas de transgresión a la Constitución Política del Estado; acciones en contra de los factores socioeconómicos, la escasez de combustibles, la inflación y el conflicto agrario en relación con las tierras, así como la privatización encubierta de las empresas estatales.
Antes y durante las movilizaciones, los discursos fluían como fuentes de agua que se recolectaban y canalizaban hasta convertirse en río. La expresión “uma apthapiña” (recoger el agua) para el “aymara de cordillera” implica entender la conducta del agua: la humedad y las filtraciones no son asuntos superficiales; requieren conocimiento y control. Ignorar o dejar a la deriva las filtraciones puede traer consecuencias graves. Por ello, se deben encauzar para unirlas en una acequia que las dirija al río y así puedan fluir adecuadamente.
En este tiempo, la preocupación de las poblaciones aymaras aumentó y se asemejó a distintas fuentes de agua; las autoridades originarias recogían discursos en los ampliados, se trasladaban a subcentrales y centrales agrarias antes de tomar decisiones sobre las movilizaciones. Los discursos iban creciendo exponencialmente como un río que necesita su cauce para fluir. Además, el agua conoce su recorrido, al igual que los aymaras conocen el “Thakhi de las movilizaciones”.
El descontento de la población frente al gobierno creció en varios sectores, especialmente en las comunidades aymaras. Las comunidades son como madres, mientras que los hijos, es decir, los miembros de las mismas, con sentido de pertenencia aymara, veían los ampliados como su propio escenario de lucha. En estos espacios de expresión, los discursos emergieron de diversas fuentes: familia, mercado, transporte y otros espacios; luego, esos discursos llegaban a los ampliados en las comunidades y, de ahí, a subcentrales y centrales agrarias. Es expresión verbal y orgánica, de cara a cara, sin limitaciones en la comunicación de los sentimientos.
Los discursos se refuerzan en los puntos de bloqueo, donde se practica la reciprocidad. Por ejemplo: alrededor de una fogata, antes de iniciar el discurso, a la llegada de otra comunidad, una de las autoridades menciona: “Kunampis arsuwayaxa” (¿con qué voy a hablar?). Es una forma de acercamiento entre grupos antes de comenzar el discurso público ante las “bases”. Las autoridades se reúnen para fortalecerse, comparten coca y refrescos; la palabra está unida a la acción y a escuchar al otro. En este proceso, descubren que las ideas son las mismas y deciden unir fuerzas para continuar con las movilizaciones integrando a más comunidades.
El otro escenario de lucha emergente adverso estuvo en las “redes virtuales”, donde ciertos individuos producían y compartían información superficial de manera cotidiana. Se publicaban, difundían y viralizaban imágenes y mensajes ofensivos racistas hacia los aymaras, a través de “perfiles falsos” encubiertos y anónimos. Estas expresiones en su mayoría eran violentas social-darwinistas con imágenes despectivas, en las que predominaban conceptos como “salvaje”, “primitivo”, “resentido social”, entre otros. Una parte de la población aceptaba y la otra rechazaba las publicaciones odiadoras. Como en el 2019 y el 2025, este fue un nuevo escenario de lucha: entre lo orgánico y lo virtual.
Mientras la lucha queda en un “cuarto intermedio”, se escucha a una de las abuelas decir: “Utjistuwa ch’uqisa, ch’uñusa, uka pitas jakaskañaniw” (tenemos papa, chuño, con eso vamos a seguir viviendo).