12/05/2026
| Desde la “Olla Común” del Taller de Historia Oral Andina (THOA)
LARI JAYCHKATA
Por: Filomena Nina Huarcacho
En el cantón Mikaya, municipio de Colquencha de la provincia Aroma, se conservan muchas riquezas culturales. El 3 de mayo de cada año se realiza una actividad en la que intervienen dos grupos de danzarines, los k’usillu ‘salta monte’ y los qinali. También está presente el lari ‘zorro’ juguetón y cazador.
Los k’usillu aparecen muy temprano del este, detrás de unas lomas; se acercan a la comunidad al son de un pinkillu y un pequeño tambor. Luego va visitando la casa de cada comunario, ingresando a todas ellas, aunque nadie se encuentre en el hogar. Los danzarines están al tanto que la familia dejó para ellos un par de botellas de refresco o algo más, porque de antemano saben vendrán a visitarles desde muy lejos.
Los k’usillu, con voz falsete, les va augurando mucha prosperidad a cada casa y a las familias. Algunas personas les esperan con comida preparada con los productos agrícolas de la época. Incluso en algunos hogares los danzantes les ayudan a las familias a seleccionar papas y papalisas por tamaños en canastas, que luego son guardadas en costales para su uso durante el año. Al terminar la actividad dan una vuelta bailando y tocando su pikillu alrededor de los productos agrícolas y siguen su camino visitando otros hogares, sin dejar de lado a ningún hogar.
Al atardecer, aparecen del oeste los qinali en la plaza, compuesta por personas mayores, sobre todo varones que llevan qhawa y sombrero, unos tocan el instrumento llamado qinali y otros el tambor. Luego van a cada casa y entran ejecutando ceremonialmente el qinali, dan una vuelta en el patio y luego salen hacia otra casa, así sucesivamente. Más tarde retornan a la plaza, allí los acompaña algunas mujeres bailando y dando vueltas al ritmo ceremonial del qinali; ellas visten pollera rosada, otras verde, y manta café.
Una vez en la plaza, los k’usillu buscan un palo largo y ramas de eucalipto. Luego, plantan el tronco y adecuan las ramas a semejanza de un árbol frutal; los frutos son las manzanas que representan a las papas grandes que se produce en el cantón. Luego, un k’usillu pequeño sube al árbol, cosecha las manzanas y las divide en varios pedazos; las mismas se reparten entre los presentes, tanto a personas mayores como a menores. Este acto simboliza la distribución de los productos agrícolas en la comunidad.
Además, en la Plaza, continua la música y danza tanto de los qinali como de los k’usillu. Cada grupo danza a su ritmo dando vueltas alrededor de la fogata. Al mismo tiempo, se ve el juego del lari con los k’usillu. Así el lari juguetón y cazador, después de una larga persecución a los k’usillu, coge a un pequeño k’usillu y supuestamente le muerde y acaba con su vida.
Posteriormente, como castigo al lari ‘zorro’, se procede a realizar el lari jaychkata o ‘ahorcamiento’; en un abrir y cerrar de ojos el zorro aparece colgado del árbol sin frutos, mirando hacia el este. Esto, según los comunarios, se interpreta como buena producción agrícola porque el zorro murió mirando hacia la salida del sol; porque si fuera a la entrada del sol sería un mal augurio para la producción agrícola. Simultáneamente, los qinali y los k’usillu siguen bailando alrededor del fuego en círculo. Así termina todo el acto.
Tanto en el caso de los qinali como de los k’usillu, en los espacios que ocupan al iniciar las danzas se puede distinguir que los qinali representan a los de alax saya, parcialidad de arriba; y los k’usillu representan a manqha saya, parcialidad de abajo. Ambos confluyen en el taypi ‘centro’. Esto significa que la estructura social del ayllu se mantiene vigente e intacta hasta la actualidad, dado que el 3 de mayo de cada año se transmite este conocimiento ancestral mediante imágenes vivas que lo disfrutan grandes y pequeños, recalcándonos que no olvidemos nuestro origen y nuestra vivencia en el ayllu. Así, se afirma constantemente la vitalidad y resistencia aymara.