08/06/2026
Sr. Gurdjieff. Extracto de “Fragmentos de una enseñanza desconocida” de P. Ouspensky
En una de las reuniones siguientes, le fue planteada esta pregunta: ¿Cuál es la meta de su enseñanza? —Yo tengo, por cierto, mi meta, respondió G., pero ustedes me permitirán que no hable de ella. Porque mi meta no puede todavía significar nada para ustedes. Para ustedes, lo que cuenta ahora es que puedan definir su propia meta. En cuanto a la enseñanza misma, ella no puede tener una meta. No hace sino indicar a los hombres la mejor manera de alcanzar sus metas, cualesquiera que éstas sean. La cuestión de metas es primordial. Mientras un hombre no haya definido su propia meta, no es capaz aún de comenzar a «hacer». ¿Cómo podría uno «hacer», si no tiene meta? Ante todo, «hacer» presupone una meta. —Pero la cuestión de la meta de la existencia es una de las más difíciles, replicó uno de los presentes. Usted nos pide resolverla de entrada. Quizás hemos venido aquí precisamente porque buscamos una respuesta a esta pregunta. Usted espera de nosotros el que ya la conozcamos. Pero de ser así el caso, ya sabríamos realmente todo. —Ustedes me han comprendido mal, dijo G. No hablaba de la meta de la existencia, en un sentido filosófico. El hombre no la conoce y no puede conocerla, mientras siga siendo lo que es.
"No le es posible, primeramente porque la existencia no tiene una sola, sino numerosas metas. Por lo demás, todas las tentativas para resolver este problema por los métodos ordinarios son absolutamente sin esperanza e inútiles. Yo les hice una pregunta totalmente diferente. Les interrogué sobre su meta personal, sobre lo que quieren alcanzar, y no sobre la razón de ser de su existencia. Cada uno debe tener su propia meta; un hombre desea riquezas, otro salud, un tercero el reino de los cielos, un cuarto quiere ser general, etc. Sobre metas de esta clase es lo que les pregunté. Si me dicen cuál es su meta, yo podré decirles si seguimos o no el mismo camino.
"Piensen de qué manera se formulaban su meta, a sí mismos, antes de venir aquí. —Yo me formulaba mi meta con perfecta claridad hace algunos años, respondí. Me decía entonces que quería conocer el futuro. A través de un estudio teórico del problema, había llegado a la conclusión de que el futuro puede ser conocido, e incluso varias veces logré conseguir experimentalmente un conocimiento exacto del futuro. Había llegado a la conclusión de que teníamos que conocer el futuro y que teníamos derecho a ello, porque de otra manera no podríamos organizar nuestras vidas. Este asunto me parecía muy importante. Consideraba, por ejemplo, que un hombre puede saber y tiene el derecho de saber exactamente el tiempo que le queda, el tiempo de que aún dispone—el día y la hora de su muerte. Siempre había encontrado humillante vivir en esta ignorancia y había decidido, desde cierto momento, no emprender nada, fuera lo que fuere, antes de saberlo. En realidad ¿qué sentido tiene emprender un trabajo cualquiera cuando uno ni siquiera sabe si tendrá tiempo para terminarlo? —Muy bien. dijo G. Conocer el futuro es para usted la primera meta. ¿Puede alguien más formular su meta? —Quisiera estar convencido de que sobreviviré a la muerte de mi cuerpo físico y, si esto depende de mí, quisiera trabajar para existir después de la muerte, dijo uno de los presentes. —El conocimiento o la ignorancia del futuro, la certidumbre o incertidumbre de una supervivencia me importan igualmente poco, dijo otro, si he de seguir siendo lo que soy ahora. Lo que siento con más fuerza es que no soy el amo de mí mismo, y si debo formular mi meta diría que quiero ser el amo de mi mismo. —Quisiera comprender la enseñanza de Cristo y ser un verdadero cristiano, dijo el siguiente. —Quisiera poder ayudar a los demás. —Quisiera saber cómo detener las guerras. —Bien, eso basta, dijo G. Ya tenemos suficientes elementos. Entre los deseos formulados, el mejor es el de ser el amo de sí. Sin esto, nada más es posible, ninguna otra cosa podrá tener valor alguno.