Lejos del conformismo y la autocomplacencia, cargados de autocrítica constructiva, de satisfacción por lo logrado y de ansiedad por lo venidero, nos lanzamos nuevamente al ruedo para seguir en este juego. Lo último que han de quitarnos es la palabra, y es así que decidimos seguir produciendo contenidos que incorporen en la agenda de la sociedad y de los medios las luchas que consideramos justas y
populares, como una forma de minar los resabios de individualismo y egoísmo que aún contaminan a nuestro pueblo, destruir los prejuicios que nos dividen, contrapesar los discursos que construyen los poderosos desde los medios masivos para embrutecernos y enfrentarnos. Por eso decidimos redoblar nuestro compromiso político con nuestrxs hermanxs y compañerxs que resisten al extractivismo entreguista petrolero, minero o agroindustrial, que dan pelea por el respeto a la diversidad sexual y a la igualdad de género, que defienden la cultura y la dignidad de los pueblos originarios, que combaten la violencia sistemática de la policía, la justicia y demás instituciones del Estado contra lxs pobres, que militan por la educación y la salud públicas, el trabajo, la vivienda digna y el acceso a la tierra. Hoy, cuando las expresiones políticas más conservadoras de la derecha liberal pretenden reordenar el tablero apostándolo todo a la carrera electoral, otras voces deben poblar el espinoso terreno de la opinión pública. Una vez más, La Megafónica enfrenta un desafío con la incertidumbre de lo desconocido: replantearnos nuestro rol como medio de comunicación, asumiendo el gran vacío que implica la ausencia del trabajo territorial desarrollado en el gabín. Pero también, y fundamentalmente, pensarnos como medio más allá de la radio, incorporando las posibilidades que nos brinda internet para permitir la producción de contenidos audio visuales, programas de radio, periodismo gráfico, etc.