09/08/2026
NOS ESTÁN DEJANDO SIN PATRIA
Nos dijeron que venían a liberarnos. Y tal vez allí esté la primera gran ironía de este tiempo: mientras nos hablan de libertad, cada vez tenemos que preguntarnos con mayor preocupación cuánto poder conserva la Argentina para decidir sobre sí misma. Porque un país puede seguir teniendo bandera, Himno, escarapela y fronteras dibujadas en un mapa y, sin embargo, empezar lentamente a perder soberanía cuando deja de decidir sobre su tierra, su agua, su energía, sus recursos y su futuro. No hace falta bajar una bandera para perder un país. A veces alcanza con ir vendiendo. Con hipotecar el futuro de los que hoy estamos, el de nuestros hijos y nuestros nietos, y hasta el de aquellos que todavía no nacieron. Con resignar aquello que existe debajo de nuestro suelo y de nuestras aguas.
Mientras el jubilado cuenta los pesos y le quitan la gratuidad de medicamentos; mientras el trabajador pelea por su salario todos los meses y no se le puede empatar a la inflación y que por tal motivo bajan los consumos de compras de la canasta de alimentos, la industria intenta sobrevivir, cierran día a día, fábricas y comercios; se pierden más de 260 puestos de trabajo por día; suben los servicios esenciales (Agua; Gas; Energía Eléctrica); suben los combustibles ya sin avisarte -será para evitar cola de autos en las estaciones de servicios..??-; nuestros jóvenes se preguntan si tendrán que marcharse para encontrar una oportunidad futura fuera de la Argentina, los grandes capitales cuentan otra cosa: hectáreas, petróleo, gas, minerales, agua y energía. Miran a la Vaca Mu**ta como a una viva. Miran Tierra del Fuego, nuestro mar, la Patagonia, el Atlántico Sur y su conexión con el océano Pacífico. Miran la Antártida. Y ahí aparece una contradicción que debería despertarnos: nos repiten que somos pobres y nos culpan a nosotros, al pueblo, de serlo, mientras el mundo se desespera por comprar nuestro suelo y acceder a sus riquezas. En las islas Malvinas encontraron petróleo y están realizando obras de infraestructura para extraerlo, es como si entran a tu casa y el fondo de ella hacen una perforación y se llevan el petróleo -se entiende..??-
Hoy alrededor de 13 millones de hectáreas rurales argentinas están en manos extranjeras. Dicho así parece una estadística. Digámoslo entonces de una manera que podamos imaginar: es una superficie comparable a toda la provincia de Santa Fe. Una Santa Fe entera de suelo argentino en manos extranjeras. Y la cuestión no termina en la cantidad. Hay que preguntarse qué se busca cuando se compra tierra argentina: agua, bosques, minerales, energía, zonas fronterizas, accesos y posiciones estratégicas. El capital no suele comprar pensando en el próximo domingo. Compra pensando en las próximas décadas. El mundo está pensando en 2050 mientras a nosotros
- jubilados y trabajadores - nos tienen pensando en cómo hacer para llegar al día 30 de cada mes, sacando a crédito para comprar para alimentarse, pagando intereses usureros por esos créditos.
Tal vez ahí esté una de las trampas más perfectas de nuestra historia: convencernos de que somos pobres para que aceptemos vender todo aquello que otros saben que vale una fortuna. Somos tan “pobres” que quieren nuestro petróleo; tan “pobres” que buscan nuestro gas; tan “pobres” que estudian y quieren nuestros minerales; tan “pobres” que compran nuestra tierra; tan “pobres” que miran nuestra agua y nuestra energía; tan “pobres” que la Patagonia despierta intereses en todos los rincones del mundo. Quizás Argentina no sea pobre. Quizás lo que históricamente hemos sido es un país bendecido y extraordinariamente rico, cuyo pueblo demasiadas veces fue convencido de que tiene que arrodillarse y entregar lo suyo frente a quienes venían y siguen viniendo a comprar su riqueza y en la actualidad a extorsionar o robarte para quedarse con lo hasta ahora era nuestro.
Por eso no podemos mirar cada hecho aisladamente, como si no tuviera relación con el siguiente. Parte del oro de las reservas fue trasladado al exterior - mientras lo filmaron a los camiones de caudales y salió por canales de televisión - y todavía persisten interrogantes públicos acerca de su destino y las condiciones de esa operación. La Argentina volvió a depender de grandes paquetes de financiamiento internacional a través de F.M.I. - antes fomentaban golpes de estado cívicos militares - ahora cambiaron de modalidad, te dan préstamos y más préstamos y más préstamos para poder hacer frente al pago de esos compromisos y de ahí salen todos y cada uno de los “ajustes”.
Vaca Mu**ta se convirtió en una pieza central y en Vaca Viva..!!
para conseguir dólares. El Puerto de Ushuaia quedó intervenido por el Gobierno nacional. Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur volvieron a aparecer en discusiones y decisiones vinculadas con nuestro patrimonio estratégico. Y el gobierno de Javier Milei impulsó cambios y flexibilizaciones sobre el régimen de tierras rurales y otras áreas estratégicas, con acompañamientos “políticos” que también merecen ser planteados y discutidos públicamente. Cada medida podrá tener su explicación técnica, jurídica o económica, pero un pueblo tiene derecho a juntar las piezas y formular una pregunta mucho más grande: ¿qué país están construyendo con estas medidas? ¿O están, en realidad, desguazando la Patria dejándola en pampa y la vía?
Porque esto ya no es solamente economía. Es geopolítica. El agua es y será poder. La energía es y será poder. Los alimentos es serán poder. Los minerales es serán poder. El territorio es y será poder. Por eso la provincia de Tierra del Fuego e Islas del Atlantico Sur no es simplemente tierra: es Atlántico Sur, Malvinas, acceso bioceánico (léase Atlántico Pacifico) y proyección argentina hacia la Antártida. Por eso la Patagonia no es ese enorme espacio vacío que algunos imaginan sentados desde Buenos Aires. Es nuestro país. Es petróleo, gas, energía, minerales, agua, viento, mar y alimentos. La Patagonia no es una góndola esperando que vengan compradores. La Patagonia es Patria.
No importa si quien viene por nuestros recursos es estadounidense, británico, chino, israelí, chileno, italiano o de cualquier otra nacionalidad. Ellos harán aquello que hacen todas las naciones y todos los grandes capitales: defender sus intereses. Lo verdaderamente escandalosamente y triste es que nosotros dejemos de defender los intereses nuestros. Argentina necesita inversiones, claro que sí. Que vengan, que produzcan, que traigan tecnología, que generen trabajo argentino, como asimismo generen valor agregado acá en Argentina y en cada región en donde extraen sus materias primas y que ganen dinero. Pero existe una enorme diferencia entre recibir inversiones y entregar soberanía. Argentina necesita socios. No necesita dueños. Podemos hacer negocios con el mundo; lo que no podemos permitir es que el negocio de cambio sea la Argentina.
Milei ganó una elección. No heredó un país. No recibió la escritura de Vaca Mu**ta, de Tierra del Fuego, de nuestros ríos, de nuestro litoral marítimo, del petróleo, del gas, de la cordillera ni de la Patagonia. Recibió un mandato constitucional por cuatro años. Cuatro años que no convierten a nadie en propietario de más de doscientos años de historia. Una elección entrega un gobierno. No entrega, atada de pies y manos, a la Patria.
Y uno no puede evitar preguntarse qué pensarían San Martín, Belgrano o Moreno frente a este tiempo. No hace falta inventarles frases. Sabemos qué hicieron: lucharon para que dejáramos de depender de decisiones tomadas desde afuera. ¿Qué queda de aquella independencia, si dos siglos después terminamos aceptando que defender nuestra tierra es atraso y entregarla es modernidad? ¿Qué queda del “gobernar es poblar” de Alberdi cuando nuestros jóvenes hacen las valijas mientras capitales extranjeros descubren el valor extraordinario del suelo que ellos abandonan?
Ahí está quizás la imagen más triste y brutal de esta Argentina: los de afuera quieren entrar por lo que tenemos y nuestros hijos quieren irse porque sienten que acá no tienen futuro. Ellos miran nuestro subsuelo pensando en las próximas generaciones; nuestros jóvenes miran un pasaje pensando en mañana. Ellos saben cuánto vale nuestra tierra. A nuestros hijos y nietos les estamos enseñando que su única oportunidad puede estar lejos de ella.
Y eso debería indignarnos, pero sobre todo debería obligarnos a reflexionar profundamente sobre lo que estamos haciendo con nuestro silencio y nuestros actos. Porque Argentina no es pobre. Tiene alimentos, agua, petróleo, gas, minerales, energía, universidades, científicos, técnicos, trabajadores y uno de los territorios más extraordinarios del planeta. La verdadera discusión nunca fue si tenemos riqueza. La verdadera discusión es quién va a quedarse con ella, quién va a transformarla y al servicio de quién estará.
Eso es soberanía. No una palabra vieja ni una bandera en un acto escolar. Soberanía es poder decidir sobre el agua que bebemos, la energía que producimos, la tierra que habitamos y los recursos que pertenecen también a quienes todavía no nacieron. Porque la Patria no es solamente nuestra. La recibimos de quienes estuvieron antes y tenemos la obligación de entregarla a quienes vienen después. Somos apenas custodios de algo que no tenemos ningún derecho a liquidar.
Milei pasará. Todos los presidentes pasan. La pregunta no es dónde estará Milei cuando termine su gobierno. La pregunta es qué Argentina quedará cuando él ya no esté. Qué deuda quedará, qué industria, qué ciencia, qué trabajo, qué recursos y qué capacidad tendremos todavía para decidir nuestro propio destino. Porque nuestros hijos y nietos algún día van a preguntarnos qué hicimos, y no podemos entregarles un mapa para señalarles todo lo que alguna vez fue nuestro: nuestra Argentina, nuestra Patria.
San Martín y Belgrano lucharon para que dejáramos de ser extranjeros en nuestra propia tierra. Dos siglos después sería una derrota imperdonable convertir en extranjeros a nuestros hijos y nietos, sin que siquiera hayan cruzado una frontera. Una economía puede recuperarse. Un gobierno puede cambiarse. Una crisis puede terminar. Pero la tierra que se entrega permanece exactamente en el mismo lugar: lo único que cambia es quién decide sobre ella y quién ejerce su soberanía sobre ella.
Por eso hay una palabra que quieren hacernos olvidar porque todavía tiene la fuerza suficiente para poner un límite: PATRIA. Patria es tierra. Es agua. Es petróleo. Es gas. Es industria y trabajo. Es nuestro mar. Es Malvinas. Es Patagonia. Es Tierra del Fuego. Es Antártida. Es el derecho de nuestros hijos y nietos a vivir sobre esta tierra sin pedir permiso para decidir sobre ella.
Y mientras discutimos todo esto aparece además otra cuestión que merece nuestra atención. Los grandes centros de datos y las nuevas infraestructuras tecnológicas necesitan condiciones concretas: territorio, enormes cantidades de energía y sistemas de refrigeración que, dependiendo de la tecnología utilizada, pueden involucrar importantes requerimientos de agua. ¿Y saben qué territorio argentino reúne condiciones extraordinarias para algunas de esas inversiones? La Patagonia. Por eso debemos discutir cada proyecto, cada inversión y cada concesión con preguntas por delante: ¿qué gana la Argentina?, ¿qué trabajo argentino genera?, ¿qué tecnología deja?, ¿qué valor agrega?, ¿qué recursos consume?, ¿qué control conserva nuestro país? y, fundamentalmente, ¿quién decidirá mañana sobre aquello que hoy estamos comprometiendo? Porque desarrollarse no significa regalarse. Modernizarse no significa entregarse. Integrarse al mundo no significa dejar de pertenecernos.
Y entonces la pregunta final no es económica. Tampoco es partidaria. Es mucho más sencilla, pero también mucho más profunda: ¿QUÉ PAÍS VAMOS A DEJARLES A LAS FUTURAS GENERACIONES; A TUS NIETOS; HIJOS, Y LOS QUE TAMBIÉN HOY TODAVÍA NO NACIERON, PERO SUFRIRÁN LAS CONSECUENCIAS DE LO QUE DEJAMOS DE HACER O NO HICIMOS NOSOTROS SIN DECIR NI MU..??
Porque después de Milei tiene que seguir quedando Argentina. Con argentinos y argentinas adentro. No solamente su bandera. No solamente su Himno. No solamente su escudo. No solamente la escarapela. No solamente un mapa.
La Patria no está en venta. La Patria no se vende. La Patria se defiende. Y ahora nos toca reflexionar, pero también actuar, empezando por cada uno de nosotros. Porque para que siga existiendo Patria también tienen que existir ciudadanos dispuestos a defenderla.
La vida es elección, de acuerdo con los tiempos y las circunstancias.
Y este es uno de esos tiempos.
EL LOBO LUDO... FEROZ
Y Argentino hasta la muerte.