17/09/2026
NO TE CONFUNDAS DE ENEMIGO
Los sindicatos no aumentan los precios. Los trabajadores no provocan la inflación. Pero son siempre los primeros señalados y los últimos en ser escuchados.
¿Vos creés que Luz y Fuerza aumenta la tarifa eléctrica?
¿Que el sindicato de trabajadores de estaciones de servicio decide cuánto cuesta el litro de combustible?
¿Que la UOCRA fija el precio del cemento, del hierro o de los materiales de construcción?
¿Que los trabajadores textiles remarcan las prendas en las vidrieras?
¿Que los empleados de comercio aumentan los alimentos en las góndolas?
Claro que no.
Pero todos los días intentan convencerte de que el problema de la Argentina es el trabajador que cobra un salario. Que la luz es cara porque existe un convenio colectivo. Que una obra cuesta demasiado porque un albañil tiene derechos. Que la ropa aumenta porque una costurera pretende llegar a fin de mes. Que el país no funciona porque todavía quedan hombres y mujeres organizados dispuestos a defender lo que les corresponde.
Esa es la gran mentira.
Los sindicatos no fijan las tarifas.
Los trabajadores no deciden los precios.
Los convenios colectivos no generan inflación.
Las tarifas las define la política. Los precios los determinan las empresas. La especulación la realizan quienes concentran el mercado. Y el rumbo económico lo establece un gobierno.
El trabajador solamente hace algo mucho más sencillo y mucho más difícil: intenta sobrevivir.
La derecha argentina necesita construir un enemigo. Lo hizo Mauricio Macri y lo profundiza Javier Milei. Necesita que el vecino mire con bronca al trabajador organizado mientras los verdaderos responsables pasan por detrás llevándose todo.
Necesita que el usuario insulte al trabajador de la energía cuando recibe una factura impagable. Que culpe al petrolero o al estacionero cuando aumenta el combustible. Que señale al docente cuando la educación se desmorona. Que acuse al médico, al enfermero o al empleado público cuando el Estado abandona sus responsabilidades.
Quieren enfrentar pobres contra pobres, usuarios contra trabajadores, ocupados contra desocupados, privados contra estatales.
Porque mientras discutimos entre nosotros, ellos gobiernan para los de siempre.
Primero liberan los precios. Después aumentan las tarifas. Luego destruyen el salario. Finalmente, cuando la gente ya no puede pagar, señalan al trabajador y dicen que el problema son sus derechos.
Es una maniobra vieja, pero todavía funciona.
Nos dicen que el salario es un costo, pero nunca hablan de la rentabilidad empresaria. Cuestionan una indemnización, pero callan frente a la fuga de capitales. Persiguen al delegado sindical, pero protegen al especulador. Piden sacrificios a quienes viven de su trabajo, mientras garantizan privilegios a quienes viven del trabajo ajeno.
Quieren que aceptemos que reclamar un salario digno es una extorsión, pero que aumentar una tarifa por encima de cualquier ingreso es una necesidad económica.
Quieren que creamos que una paritaria desestabiliza el país, pero que la timba financiera lo ordena.
Que despedir es modernizar.
Que perder derechos es avanzar.
Que trabajar más por menos es libertad.
Que callarse es ser responsable.
No. Eso no es libertad.
Libertad no es elegir qué factura dejar de pagar. No es decidir qué comida sacar de la mesa. No es vivir endeudado para comprar alimentos. No es aceptar cualquier condición por miedo a perder el trabajo.
Eso se llama ajuste.
Eso se llama transferencia de riqueza.
Eso se llama gobernar para una minoría a costa del sufrimiento de la mayoría.
Los trabajadores no somos responsables de esta crisis. Somos quienes la sostienen sobre la espalda.
Somos quienes producimos la energía, construimos las viviendas, transportamos los alimentos, atendemos los hospitales, enseñamos en las escuelas, mantenemos las ciudades en funcionamiento y ponemos el cuerpo cuando todo lo demás falla.
Y los sindicatos son la herramienta que tenemos para no enfrentar solos al poder.
Por eso los atacan.
No los atacan por sus errores, que pueden existir y deben discutirse. Los atacan porque un trabajador aislado tiene miedo, pero miles de trabajadores organizados tienen fuerza. Porque sin sindicatos no hay paritarias, no hay convenios colectivos, no hay límites frente al abuso ni una voz capaz de decir basta.
Cada derecho laboral que hoy quieren presentar como un privilegio fue conquistado por trabajadores que lucharon antes que nosotros. Nadie regaló las vacaciones, el aguinaldo, la jornada laboral, las licencias, la seguridad en el trabajo ni las indemnizaciones.
Costaron años de organización, persecución, cárcel y, en demasiados casos, vidas.
Por eso, cuando vuelvan a decirte que la tarifa aumenta por culpa de Luz y Fuerza, preguntá quién autorizó el aumento.
Cuando te digan que el combustible sube por culpa de los trabajadores, preguntá quién fija su precio.
Cuando culpen a la UOCRA por el valor de una vivienda, preguntá quién se queda con la renta de la construcción.
Y cuando te aseguren que el país va mal porque los trabajadores todavía tienen derechos, mirá hacia arriba. Nunca hacia el costado.
Porque a tu lado no está el enemigo.
A tu lado está otro trabajador tratando de llegar a fin de mes.
No son los sindicatos.
No son los convenios colectivos.
No son los salarios.
Es la política.
Es el proyecto de Macri que hoy profundiza Milei: un país barato para quienes vienen a quedarse con todo y cada vez más caro para quienes nacieron, trabajan y viven en él.
Que no nos enfrenten.
Que no nos dividan.
Que no nos confundan.
El trabajador no aumenta los precios. El trabajador los paga.
El sindicato no provoca la crisis. El sindicato defiende a quienes la padecen.
No te confundas de enemigo.
Por Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia
Héctor Rubén González - Secretario General
Juan Domingo Espinoza - Secretario General Adjunto