08/04/2026
Mizar y las gotitas enamoradas
Un día de lluvia suave, de esos en los que el cielo parece suspirar bajito, Mizar se recostó en la galería de la casa de Nora. Las gotitas caían despacito, como si estuvieran enamoradas del suelo… una tras otra, sin prisa y sin ruido. Mizi apoyó su cabecita sobre sus patitas blancas y suspiró. Había algo en ese día gris que le apretaba un poquito el corazón.
—¿Qué te pasa, Mizi? —preguntó Fafa, acercándose con su andar tranquilo de viejo sabio.
Mizar levantó sus ojitos dulces —Estoy triste… —dijo bajito —No
sé si esta felicidad que siento va a durar para siempre… Y eso me da miedo.
Fafa se quedó en silencio unos segundos, mirando la lluvia junto a ella.
—¿Vos vas a durar para siempre, Fafa? —preguntó Mizi, con un hilo de voz.
Antes de que Fafa pudiera responder, una orejita curiosa asomó desde atrás de una maceta. Era Foxy que, como siempre, había estado escuchando todo. Se acercó despacito y se sentó junto a ellos.
—Dicen los humanos que los perros no sabemos de la muerte… —dijo con una sonrisa suave —pero yo creo que, en el fondo, nuestro corazón sí entiende algunas cosas. Y a veces no las hacemos saber para no causarle daño a nuestros papis humanos…
Mizar lo miró, con los ojos bien abiertos —¿Qué cosas?
Foxy levantó la mirada hacia el cielo gris, como si pudiera ver más allá de las nubes —Que algún día todos vamos a viajar al cielo del Arco Iris…
Mizi inclinó la cabecita —¿Y cómo es ese lugar?
—Es un lugar lleno de luz, de pastos verdes y de juegos sin fin,
donde están todos los perritos que partieron antes —dijo Foxy —Felices, sanos, corriendo… Los que partieron viejitos allá vuelven a ser cachorros, los que tuvieron alguna enfermedad aquí, en el Arco Iris están curados… Todos esperando.
—¿Esperando qué? —susurró Mizi.
—Esperando a sus humanos para volver a abrazarse y no separarse nunca más.
La lluvia seguía cayendo, pero ahora parecía más suave, más cálida.
Mizar apoyó su cabecita contra Fafa —Entonces, ¿no estamos solos nunca?
Fafa sonrió, con esa calma que solo tienen los corazones que han amado mucho —Nunca, Mizi.
Foxy se acomodó del otro lado y agregó —Pero hay algo más importante todavía…
Mizi levantó la mirada —¿Qué cosa?
—Que ahora estamos acá —dijo Foxy —juntos, amándonos, disfrutándonos, cuidándonos…
Fafa asintió —Y eso, es la felicidad verdadera.
Mizar cerró los ojitos. La lluvia ya no era triste. Era como una canción suave, una de esas que abrazan el alma.
Y mientras las gotitas enamoradas seguían cayendo… Mizi entendió que el “para siempre” no estaba en el futuro, sino en cada momento que se comparte con amor…