01/10/2026
Empatía.
Según la definición del diccionario, es la capacidad que tiene una persona de comprender las emociones y los sentimientos de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar, es decir, como un individuo similar con mente propia.
En definitiva, la empatía es la posibilidad que tenemos en la Humanidad de percibir al otro, comprendiendo sus singularidades y atendiendo a sus necesidades, que bien podrían ser las nuestras.
Siendo consultada la antropóloga Margaret Mead en torno al primer indicio de civilización, contestó que según su análisis fue el hallazgo arqueológico de un fémur humano soldado y sanado. En la Naturaleza la fractura de la pata de un animal implica su muerte segura ante la imposibilidad de poder protegerse y alimentarse. Es presa fácil para otros animales.
Igual ocurre con las personas si no son cuidadas. Por ello, la Dra. Mead señala la aparición de un fémur fracturado y soldado como el primer signo de civilización, porque significa que alguien se encargó de proteger a la persona cuya pierna se fracturó, la llevó a un lugar seguro, le proporcionó alimentos y todos los cuidados para su recuperación. Tuvo empatía con quien se había herido.
Y aquí la gran pregunta: ¿Hasta dónde estamos dejando de lado los principios que nos definieron como seres “civilizados”, ahondando en una pérdida absoluta de la empatía, es decir, en el no reconocimiento del “otro” como un par?
Sin lugar a dudas, estamos viviendo tiempos en donde esta capacidad humana escasea. Diariamente nos enfrentamos a noticias, estadísticas y cotidianeidades que nos abruman con ejemplos que manifiestan una pérdida total de esta capacidad de ser humanos.
Y a contramano de este bombardeo deshumanizante estamos los coros.
Poniendo en práctica la primera forma de hacer arte en comunión que la humanidad abrazó en conjunto, probablemente alrededor de una fogata: el canto comunitario.
Aquí estamos los coros, insistiendo porfiadamente en ese canto ancestral en torno a un fuego encendido, que ayudó definirnos como seres humanos pensantes y en comunidad.
No hay manera de cantar en coro si no es ejerciendo la más profunda empatía. No hay forma de transformar nuestro canto colectivo en comunicación sensible si no es a través de una común unión entre quienes lo ejercen.
Desde hace 24 años sucede en La Pampa un fenómeno cultural que va reafirmando cada vez más conductas empáticas, a contramano de un discurso que divulga y normaliza conductas individualistas o violentas.
Hace poco más de 24 años, en la sala de ensayo de un coro, se gestó este evento que trasladó su impronta plena de empatía a la gestión. Un evento creado por coros para coros.
Y transitando estos caminos de construcción colectiva hoy nos encontramos con agrupaciones corales compartiendo, pueblos compartiendo e instituciones y organismos oficiales co gestionando con un fin común: la difusión y el crecimiento de la actividad coral en La Pampa.
Treinta conciertos en veintisiete localidades de la provincia en esta edición lo testimonian, cubriendo un territorio provincial que involucra distancias de hasta 650 kms. entre distintas sedes. Sincronizando agendas culturales municipales y provinciales con la participación de más de 50 coros de Buenos Aires, Neuquén, Río Negro y La Pampa.
Cantantes, Directores y Directoras, Municipios, ONG’s vinculadas al quehacer coral, medios de prensa y público dando forma a un evento donde prima la consigna: “Es entre todas y todos”.
Seguimos creyendo en esa comunidad cantando reunida en torno al fuego convocante. Cantando por alegría, por creencias, por tristeza, para superar los miedos o con esperanza.
Manifestando nuestros sentires cantando y compartiéndolos con quien nos escucha.
Tratando de reparar aunque sea en parte este tejido social tan deteriorado.
Ya estamos trabajando en otras actividades para este año que contribuirán a esta reconstrucción social.
Y también estamos programando el XXV Coral de La Pampa!