13/05/2026
A lo largo de la historia argentina, las conquistas universitarias nunca fueron un regalo; siempre nacieron de la organización, en la calle, con convicción y unidad. Mañana, frente a un nuevo desafío para la educación pública, la historia nos vuelve a convocar.
La Casa del Obrero Estudiante (COE) no es solo un edificio o un lugar de paso en Santa Fe; es el testimonio vivo e innegable de la lucha por una educación superior verdaderamente inclusiva. Nuestra institución nació de una convicción inquebrantable: que el hijo del trabajador, el pibe del interior, tiene el mismo derecho a formarse, a pisar la universidad y a transformar su realidad que cualquier otro.
Nuestras paredes respiran el esfuerzo histórico de cada compañero. Saben de desarraigo, de los mates compartidos en la madrugada preparando un parcial, y del sacrificio enorme de quienes dividen sus horas entre el trabajo y la facultad para poder sostener una vocación. Esa es nuestra identidad y nuestro mayor orgullo.
Hoy, cuando la universidad pública, laica, gratuita y de calidad nos necesita, los que habitamos esta casa y somos herederos de esa tradición de esfuerzo, decimos presente.
No marchamos solo por los números de un presupuesto; marchamos por la dignidad del esfuerzo diario.
Marchamos para que el ascenso social siga siendo una realidad y no una utopía inalcanzable.
Marchamos para que las puertas de las facultades sigan abiertas para los que vienen de abajo, garantizando que estudiar no se convierta en el privilegio de unos pocos.
La historia de la COE es, en su esencia, la historia de la lucha por el acceso a la educación. Honremos a quienes fundaron y levantaron esta casa, a los que lucharon antes que nosotros, y defendamos hoy el futuro de los compañeros que todavía no llegaron.