24/07/2026
Sí, en Argentina hay racismo. Negarlo sería absurdo. Pero, ¿quiénes vienen a explicarnos el racismo como si fuera un problema exclusivamente argentino? ¿Los mismos que inventaron la esclavitud, el apartheid y la supremacía blanca? ¿Los mismos que todavía conviven con asesinatos policiales por perfil racial y políticas migratorias profundamente ra***tas?
Cuando convertimos el racismo en una competencia entre países, dejamos de discutir la estructura que lo produce. Porque el problema deja de ser el racismo y pasa a ser una etiqueta nacional, como si el racismo fuera una característica exclusiva de este país y no una herencia colonial que comparte toda América Latina.
Mientras nuestros pueblos compiten para decidir cuál es “más ra***ta”, la matriz colonial permanece intacta. No necesitamos competir para ver qué país es más ra***ta, esa operación construye un nuevo enemigo regional.
Y esto no es inocente, es intencional.
La pregunta no es si Argentina es ra***ta, como si el racismo fuera una etiqueta nacional. La verdadera pregunta es cómo se expresa el racismo en Argentina, contra quiénes opera y qué desigualdades produce.
En Argentina, el racismo no se expresa únicamente contra las personas afrodescendientes. También opera sobre los pueblos indígenas, las personas marrones, las migraciones latinoamericanas y todos aquellos cuerpos cuyos rasgos evocan lo indígena y, en definitiva, lo latinoamericano.
Se manifiesta cuando palabras como "negro", "coya", "boliviano", o "peruano" funcionan como insultos. Cuando un apellido andino, un acento del norte o un rostro indígena generan burla, sospecha o desprecio. Cuando determinadas personas son tratadas como extranjeras incluso habiendo nacido en este país. Cuando la pobreza tiene color de piel, y cuando el racismo determina quién merece ser escuchado y quién debe permanecer invisible. Ese ocultamiento no es casual, forma parte del mismo proyecto de blanqueamiento que durante décadas intentó convencernos de que Argentina era un país blanco y europeo
Argentina no es blanca y la argentinidad también es marrón.
Latinoamérica dividida es estrategia colonial.
Texto: Nayra Cachambi