29/06/2026
Los nuevos Criterios de McDonald 2024 en la EM. Diferencias con 2017.
Avatar de jsruibal
De jsruibal en 23 Abr 2026
Los nuevos Criterios de McDonald 2024 no son solo una actualización técnica; representan un cambio de filosofía en neurología. Hemos pasado de un modelo de «esperar y ver» (basado en ataques clínicos y tiempo) a uno de «entender y actuar» (basado en la biología de la enfermedad).
Aquí tienes un desglose didáctico de los puntos clave y sus diferencias fundamentales con la versión de 2017. Mas abajo, tienes el resumen técnico.
1.El nervio óptico
En 2017, para demostrar la Diseminación en Espacio (DIS), utilizábamos cuatro regiones: periventricular, cortical/juxtacortical, infratentorial y médula espinal.
La novedad: El nervio óptico se oficializa como la quinta región anatómica.
¿Cómo se mide? No solo por clínica o RM. Se acepta evidencia de daño unilateral mediante RM orbital, Potenciales Evocados Visuales (VEP) con latencias prolongadas, o Tomografía de Coherencia Óptica (OCT) con una diferencia interocular $\ge 6 \mu m$ en la capa de fibras o $\ge 4 \mu m$ en células ganglionares.
Diferencia 2017: Antes, una neuritis óptica era el «evento clínico», pero no sumaba como localización para DIS.
2. Diseminación en tiempo (DIT)
Este es quizás el cambio más radical. Tradicionalmente, necesitábamos demostrar que la enfermedad ocurría en momentos distintos.
La novedad: Si un paciente tiene lesiones típicas en 4 o más de las 5 regiones anatómicas, se puede diagnosticar EM sin necesidad de demostrar DIT o positividad en el líquido cefalorraquídeo.
Lógica biológica: Se considera que una carga de enfermedad tan extendida en el espacio es, per se, evidencia de un proceso crónico recurrente.
Diferencia 2017: La DIT era obligatoria (por RM o bandas oligoclonales) para todos los diagnósticos tras un primer evento.
3. Las Cadenas Ligeras Kappa (kFLC)
Las Bandas Oligoclonales (OCB) han sido el estándar de oro, pero son manuales y subjetivas.
La novedad: El índice kFLC es ahora intercambiable y equivalente a las OCB para demostrar síntesis intratecal.
Ventaja: Se realiza mediante ensayos automatizados, es más rápido, más económico y elimina la variabilidad de interpretación visual.
Diferencia 2017: Solo las OCB eran aceptadas formalmente como sustituto de la DIT.
4. RM de alta especificidad: CVS y PRL
Para esos casos dudosos donde las lesiones de RM podrían ser migraña o daño vascular, 2024 introduce «sellos de identidad» de la EM.
Signo de la Vena Central (CVS): Si $\ge 6$ lesiones (o la mayoría si hay menos de 10) tienen una vena central, la especificidad para EM es altísima.
Lesiones con Borde Paramagnético (PRL): Indican inflamación crónica activa (hierro periférico). La presencia de una sola PRL puede validar el diagnóstico en escenarios de DIS limitada.
Diferencia 2017: Estos biomarcadores no estaban incluidos en el algoritmo diagnóstico oficial.
5. Un solo algoritmo para todos
Los criterios de 2024 eliminan las «islas» diagnósticas.
RIS (Síndrome Radiológicamente Aislado): Ahora puede diagnosticarse formalmente como EM si cumple DIS y tiene apoyo biológico (kFLC+, OCB+ o CVS+).
PPMS (Primaria Progresiva): Se utiliza el mismo marco biológico que en las formas recurrentes, simplificando el proceso.
Ciclo Vital: Se aplica el mismo marco desde pediatría hasta adultos, aunque con precauciones adicionales (como descartar MOGAD en niños o evaluar riesgo vascular en $> 50$ años).
Resumen de Diferencias: 2017 vs. 2024
Característica McDonald 2017 McDonald 2024
Topografías DIS 4 (PV, CT/JC, IT, Médula) 5 (Se añade Nervio Óptico)
DIT Obligatoria Siempre (o bandas +) No, si hay DIS en $\ge 4$ regiones
Biomarcador LCR Solo OCB OCB o kFLC (Intercambiables)
Imágenes Avanzadas No incluidas CVS y PRL (Opcionales de alta especificidad)
RIS Categoría aparte (observación) Puede ser EM (si hay apoyo biológico)
Algoritmo Diferente para PPMS Unificado para todas las formas
¿Cuál es su utilidad real en consulta?
La utilidad principal es la velocidad con seguridad.
Diagnóstico en días, no en años: Los estudios de validación muestran que el tiempo medio al diagnóstico baja de 84 a 40 días, y la probabilidad de diagnosticar al paciente en su primera visita aumenta un 43%.
Tratamiento precoz: Al identificar la enfermedad biológica antes de que el tiempo demuestre su cronicidad, podemos iniciar Terapias Modificadoras de la Enfermedad (DMT) de alta eficacia mucho antes, protegiendo la reserva neurológica del paciente.
Menos diagnósticos erróneos: Las herramientas como el CVS y los umbrales más estrictos para pacientes mayores de 50 años ayudan a no «etiquetar» como EM a personas con migraña o microangiopatía isquémica.
A partir de aquí, explico de manera más técnica, el desarrollo del resumen anterior:
El diagnóstico temprano y preciso es fundamental para iniciar terapias modificadoras de la enfermedad de alta eficacia, las cuales han demostrado alterar la trayectoria de la enfermedad, reducir la formación de nuevas lesiones, mitigar las tasas de recaída y frenar la acumulación de discapacidad a largo plazo. En este contexto, la publicación de las revisiones de 2024 de los Criterios de McDonald representa un cambio de paradigma histórico, moviendo el campo desde un enfoque puramente clínico-radiológico hacia una definición más profunda y biológicamente fundamentada de la enfermedad.
Estas actualizaciones, formalizadas por el Comité Asesor Internacional sobre Ensayos Clínicos en Esclerosis Múltiple (IACCTMS) y presentadas en el congreso ECTRIMS 2024 antes de su publicación en The Lancet Neurology en 2025, integran por primera vez avances en biomarcadores de imagen de alta especificidad y biomarcadores de fluidos cuantitativos. El objetivo central de la revisión es acelerar el diagnóstico para que este pueda realizarse en cuestión de días o semanas, en lugar de los meses o años que se requerían bajo versiones anteriores de los criterios. Al hacerlo, los criterios de 2024 no solo aumentan la sensibilidad, sino que introducen salvaguardas críticas para mitigar el riesgo de diagnóstico erróneo, un problema que afecta a aproximadamente el 20% de los pacientes en la práctica clínica actual.
Evolución histórica de los marcos diagnósticos en esclerosis múltiple
La necesidad de criterios diagnósticos estandarizados surge de la heterogeneidad clínica intrínseca de la esclerosis múltiple. Históricamente, el diagnóstico dependía de la observación de ataques clínicos separados por tiempo y espacio. Los criterios de Schumacher de 1965 establecieron la primera base clínica sólida, pero fue en 1983 cuando los criterios de Poser introdujeron por primera vez el uso de pruebas paraclínicas, como los potenciales evocados visuales y las bandas oligoclonales en el líquido cefalorraquídeo, para apoyar la evidencia clínica.
La introducción de los criterios de McDonald en 2001 transformó radicalmente el panorama al integrar la resonancia magnética como una herramienta central para demostrar la diseminación en el espacio y en el tiempo, permitiendo por primera vez un diagnóstico antes de un segundo evento clínico. Las revisiones posteriores de 2005, 2010 y 2017 continuaron refinando este equilibrio entre sensibilidad y especificidad. Sin embargo, el análisis retrospectivo de los criterios de 2017 reveló que, aunque permitían un diagnóstico más rápido, su aplicación incorrecta en pacientes con migraña o enfermedad vascular conducía a menudo a diagnósticos erróneos debido a la interpretación subjetiva de lesiones de la sustancia blanca.
La revisión de 2024 surge, por tanto, como una respuesta necesaria para integrar la evidencia científica acumulada en los últimos ocho años y proporcionar un marco que sea internacionalmente aplicable a lo largo de toda la vida del paciente.
Comparativa de la evolución de los criterios diagnósticos
Año de Versión Innovación Principal Limitación Identificada
1965 (Schumacher) Definición puramente clínica de ataques. Falta de soporte paraclínico; diagnóstico tardío.
1983 (Poser) Introducción de bandas oligoclonales (OCB) y potenciales evocados. Dependencia de eventos clínicos macroscópicos.
2001 (McDonald) Integración de la RM para demostrar DIS y DIT. Protocolos de RM aún no estandarizados.
2017 (McDonald) Uso de OCB para sustituir DIT; inclusión de lesiones corticales. Riesgo elevado de diagnóstico erróneo en imitadores de EM.
2024 (McDonald) Quinta topografía (Nervio Óptico); Biomarcadores CVS/PRL; kFLC; RIS. Requiere estandarización técnica de secuencias de RM avanzadas.
Metodología de consenso y el proceso de Barcelona 2024
La revisión de 2024 fue el resultado de un esfuerzo colaborativo global sin precedentes. El panel estuvo compuesto por cincuenta y seis expertos internacionales de dieciséis países, con una representación diversa que incluyó neurólogos, neurorradiólogos, epidemiólogos, metodólogos y, por primera vez de manera formal, representantes de pacientes. Este enfoque integrador aseguró que las recomendaciones no solo fueran científicamente rigurosas, sino también relevantes para la experiencia vivida por quienes padecen la enfermedad.
El panel empleó una metodología de consenso formal conocida como Técnica de Grupo Nominal. Cada recomendación fue presentada por un experto y seguida de una discusión abierta. Para que una declaración fuera incluida en la versión final de 2024, se requirió que al menos el 90% de los participantes votaran y que al menos el 80% estuviera de acuerdo o muy de acuerdo con la propuesta. Este rigor metodológico garantiza que los cambios introducidos cuenten con un respaldo sólido y una base biológica validada.
El nervio óptico
Uno de los cambios más trascendentales de la actualización de 2024 es la incorporación oficial del nervio óptico como la quinta región anatómica reconocida para establecer la diseminación en el espacio (DIS). En las versiones anteriores (2010 y 2017), la DIS se limitaba a cuatro regiones del sistema nervioso central: periventricular, cortical o juxtacortical, infratentorial y médula espinal. Dado que la neuritis óptica es la manifestación inicial en aproximadamente el 25% al 35% de los pacientes que presentan un síndrome clínicamente aislado, su exclusión formal de los criterios de DIS se consideraba una deficiencia importante que retrasaba el diagnóstico definitivo.
La evidencia científica ha demostrado que la inclusión del nervio óptico aumenta significativamente la sensibilidad diagnóstica sin comprometer la especificidad, permitiendo que la afectación de este nervio cuente para el cumplimiento de la DIS en igualdad de condiciones con las otras cuatro regiones. Ahora, la DIS se cumple cuando se encuentran lesiones típicas en al menos dos de las cinco regiones anatómicas reconocidas, ya sean estas lesiones sintomáticas o asintomáticas.
Criterios paraclínicos para la afectación del nervio óptico
Para facilitar la aplicación clínica de esta nueva topografía, los criterios de 2024 definen parámetros objetivos utilizando tres modalidades diagnósticas principales. La flexibilidad en el uso de estas herramientas permite que el diagnóstico sea accesible incluso en entornos donde no todas las tecnologías están disponibles.
Modalidad de Evaluación Hallazgo Requerido para DIS Requisitos Técnicos y de Calidad
Resonancia Magnética (RM) Presencia de una lesión unilateral de segmento corto, hiperintensa en T2 o con realce de gadolinio. Debe ser intrínseca al nervio óptico; excluir afectación quiasmática prominente o perineuritis.
Tomografía de Coherencia Óptica (OCT) Diferencia interocular en la capa de fibras nerviosas de la retina peripapilar (pRNFL) de ≥6μm. Alternativamente, una diferencia interocular en la capa plexiforme interna de células ganglionares maculares (GCIPL) de ≥4μm.
Potenciales Evocados Visuales (VEP) Prolongación de la latencia P100 o asimetría interocular significativa (>2.5 desviaciones estándar sobre la media). Aplicar en el contexto de una presentación típica y descartar otras neuropatías ópticas.
La inclusión de la OCT y los VEP es particularmente relevante porque permite identificar daños previos en el nervio óptico en pacientes que quizás no recuerdan un evento clínico agudo de neuritis óptica, o en aquellos donde la RM inicial del nervio óptico es negativa pero el daño estructural o funcional es evidente.
Transformación de la diseminación en el tiempo y el papel de los biomarcadores de fluido
La revisión de 2024 marca un alejamiento histórico de la necesidad obligatoria de demostrar la diseminación en el tiempo (DIT) para diagnosticar la esclerosis múltiple. En el marco anterior, la DIT era fundamental para distinguir la EM de procesos inflamatorios monofásicos. Sin embargo, bajo los nuevos criterios, la carga biológica y la extensión de la afectación espacial se consideran suficientes para establecer la cronicidad y la naturaleza recurrente de la enfermedad en ciertos escenarios.
Específicamente, en pacientes que presentan un ataque clínico típico o una progresión neurológica, el diagnóstico de EM puede establecerse sin necesidad de demostrar DIT si se encuentran lesiones típicas en cuatro o cinco de las localizaciones anatómicas reconocidas. Este cambio reconoce que la presencia de una enfermedad tan extendida espacialmente en el momento de la presentación inicial es biológicamente incompatible con un síndrome monofásico transitorio.
Cadenas Ligeras Kappa: Un Salto en la Accesibilidad y Objetividad
En los casos donde la extensión espacial no es suficiente (lesiones en 2 o 3 topografías), se sigue requiriendo evidencia de DIT o de un proceso inmunológico intratecal activo. Los criterios de 2017 permitieron que la presencia de bandas oligoclonales (OCB) específicas del líquido cefalorraquídeo sustituyera a la DIT radiológica. Los criterios de 2024 expanden significativamente esta opción al introducir las cadenas ligeras kappa libres (kFLC) como una alternativa formal e intercambiable con las OCB.
La medición de kFLC y el cálculo del índice kFLC ofrecen ventajas clínicas sustanciales sobre las OCB tradicionales:
Cuantificación Automatizada: Mientras que las OCB requieren isoelectroenfoque, una técnica manual y dependiente de la interpretación visual de un experto, el índice kFLC se mide en plataformas de laboratorio automatizadas, lo que elimina la subjetividad y mejora la reproducibilidad entre centros.
Eficiencia y Coste: Los ensayos de kFLC son generalmente más rápidos y económicos que el análisis de OCB, lo que facilita su implementación en una gama más amplia de entornos hospitalarios.
Valor Diagnóstico: El índice kFLC ha demostrado una alta correlación con la síntesis intratecal de IgG y su positividad tiene el mismo peso diagnóstico que las bandas oligoclonales para confirmar la EM en pacientes con DIS.
Esta actualización formaliza que la presencia de OCB o de un índice kFLC elevado en el líquido cefalorraquídeo es suficiente para cumplir con los requisitos de diagnóstico en pacientes que ya demuestran diseminación en el espacio, permitiendo un diagnóstico definitivo tras una única punción lumbar y una resonancia magnética inicial.
Biomarcadores de resonancia magnética de alta especificidad: CVS y PRL
Uno de los mayores retos en el diagnóstico de la esclerosis múltiple es la diferenciación de sus lesiones respecto a las provocadas por otras patologías, como la enfermedad vascular isquémica crónica o la migraña, que pueden presentar hiperintensidades inespecíficas en la sustancia blanca. Para abordar esta «zona gris», los criterios de 2024 han incorporado dos biomarcadores de imagen avanzados: el signo de la vena central (CVS) y las lesiones con borde paramagnético (PRL).
El signo de la vena central (CVS) y el protocolo «Select-6»
El signo de la vena central es una característica radiológica que refleja la naturaleza perivenular de la placa de esclerosis múltiple. Utilizando secuencias de RM sensibles a la susceptibilidad magnética (como T2* o SWI), se puede identificar una vena pequeña que atraviesa el centro geométrico de una lesión inflamatoria. El CVS tiene una especificidad reportada de hasta el 92% para distinguir la EM de imitadores vasculares.
Para su aplicación práctica, se ha adoptado el método «Select-6»:
En pacientes con una carga de lesiones moderada a alta, se requiere la identificación de al menos seis lesiones que presenten el signo de la vena central para considerar la prueba como positiva.
En pacientes con menos de diez lesiones totales en la RM cerebral, el criterio se cumple si la mayoría de estas lesiones presentan el signo de la vena central.
La positividad del CVS puede actuar como una herramienta poderosa para confirmar el diagnóstico en casos donde la diseminación en el espacio es marginal o donde existen dudas razonables sobre la etiología de las lesiones.
Lesiones con borde paramagnético (PRL)
Las PRL son lesiones crónicas activas que muestran un borde hipointenso en secuencias de susceptibilidad, lo cual representa una acumulación periférica de macrófagos y microglía cargados de hierro. Estas lesiones son indicativas de una inflamación compartimentada persistente y son extremadamente específicas de la esclerosis múltiple, siendo raras en otras condiciones neuroinflamatorias o vasculares.
La importancia de las PRL en los criterios de 2024 radica en su capacidad para validar el diagnóstico en lo que se denomina «Escenario 2»: pacientes con síntomas típicos pero con afectación de una sola topografía anatómica (sin DIS). En estos casos, el diagnóstico de EM puede confirmarse si se identifica al menos una PRL y existe evidencia adicional, ya sea de DIT o de positividad en el líquido cefalorraquídeo.
Biomarcador de Imagen Significado Biológico Utilidad Diagnóstica en 2024
Signo de la Vena Central (CVS) Inflamación perivenular focal. Sustituto de DIT; Diferenciación de migraña y enfermedad vascular cerebral.
Lesión con Borde Paramagnético (PRL) Inflamación crónica activa (hierro). Confirmación en DIS limitada; marcador de mayor discapacidad futura.
Integración del síndrome radiológicamente aislado (RIS)
El síndrome radiológicamente aislada se refiere a individuos asintomáticos en los que se descubren hallazgos incidentales en la RM que son altamente sugestivos de esclerosis múltiple. Históricamente, el RIS era una entidad de observación, y el diagnóstico de EM se posponía hasta la aparición de un síntoma clínico o progresión neurológica objetiva. La revisión de 2024 cambia este enfoque al permitir que el RIS sea clasificado formalmente como esclerosis múltiple si se cumplen criterios biológicos estrictos de actividad y especificidad.
Para que un paciente con RIS sea diagnosticado con EM, debe cumplir con los criterios de DIS y, además, presentar al menos una de las siguientes evidencias de apoyo:
Diseminación en el tiempo radiológica (nuevas lesiones en RM o presencia simultánea de lesiones con y sin realce).
Presencia de bandas oligoclonales o un índice kFLC elevado en el líquido cefalorraquídeo.
Evidencia de alta especificidad mediante el cumplimiento del criterio «Select-6» para el signo de la vena central.
Esta decisión se basa en estudios que demuestran que una proporción significativa de individuos con RIS presentan una actividad de la enfermedad que es indistinguible de la EM en fase temprana, y el diagnóstico formal permite considerar intervenciones preventivas que pueden preservar la función neurológica antes de que ocurra una discapacidad manifiesta.
El marco diagnóstico unificado para formas recurrentes y progresivas
Una de las críticas a versiones anteriores de los criterios de McDonald era la existencia de protocolos separados y a veces confusos para la esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP). La actualización de 2024 avanza hacia un algoritmo unificado que reconoce que la EM es un continuo biológico. En este nuevo esquema, aunque se mantiene el requisito clínico de un año de progresión continua (retrospectiva o prospectiva), los criterios paraclínicos de apoyo se han simplificado y alineado con los de las formas recurrentes.
Requisitos diagnósticos para esclerosis múltiple progresiva (2024)
Para establecer el diagnóstico de EM progresiva, el paciente debe presentar un año de progresión clínica y al menos dos de los siguientes hallazgos:
Lesiones Cerebrales Típicas: Al menos una lesión hiperintensa en T2 en las regiones periventricular, cortical/juxtacortical o infratentorial.
Lesiones Medulares: Al menos dos lesiones hiperintensas en T2 en la médula espinal. Este criterio es de particular importancia, ya que la afectación medular es una característica predominante en los fenotipos progresivos y tiene una alta especificidad diagnóstica.
Biomarcadores de Fluidos: Positividad de bandas oligoclonales o del índice kFLC en el líquido cefalorraquídeo.
La incorporación del nervio óptico como quinta topografía también aumenta la sensibilidad en el diagnóstico de la EMPP, permitiendo que la evidencia de daño en la vía visual (confirmada por RM, OCT o VEP) contribuya a los requisitos de diseminación espacial en estos pacientes.
Protección contra el diagnóstico erróneo en poblaciones específicas
A medida que los criterios diagnósticos se vuelven más sensibles y dependen más de la tecnología paraclínica, el riesgo de «sobrediagnóstico» aumenta. Los criterios de 2024 introducen salvaguardas explícitas y umbrales más rigurosos para grupos de pacientes donde existen otras causas comunes de lesiones en la RM cerebral.
Pacientes mayores de 50 Años y comorbilidades vasculares
En personas mayores de 50 años o en aquellas con factores de riesgo vascular (como hipertensión, diabetes, dislipidemia o tabaquismo), las lesiones de la sustancia blanca debidas a microangiopatía isquémica pueden imitar visualmente las lesiones de la EM. Para estos pacientes, los criterios de 2024 recomiendan encarecidamente que el diagnóstico no se base únicamente en RM cerebral convencional.
Se requiere que el diagnóstico en esta población cuente con al menos uno de los siguientes elementos de alta especificidad biológica:
Afectación Medular: La presencia de una lesión clásica en la médula espinal, que rara vez es de origen isquémico por microangiopatía.
Positividad en Líquido Cefalorraquídeo: Confirmación de un proceso inflamatorio intratecal mediante OCB o índice kFLC.
Signo de la Vena Central (Select-6): Esta herramienta es crucial para diferenciar las placas desmielinizantes de las lesiones de origen vascular o migrañoso.
Consideraciones en la infancia y adolescencia
En la población pediátrica, el diagnóstico debe manejarse con especial cuidado debido a la prevalencia de otros síndromes desmielinizantes como la encefalomielitis aguda diseminada (ADEM) y la enfermedad por anticuerpos MOG (MOGAD). Aunque los criterios generales de 2024 son aplicables a niños, se recomienda realizar de forma rutinaria pruebas de anticuerpos séricos (MOG-IgG y AQP4-IgG) para excluir estas alternativas antes de confirmar la EM. Además, se ha observado que el signo de la vena central es altamente efectivo en niños; si más del 50% de las lesiones de la sustancia blanca presentan CVS, el diagnóstico de esclerosis múltiple es extremadamente probable.
Validación clínica de los criterios McDonald 2024
La efectividad de estas revisiones ha sido evaluada en estudios retrospectivos que comparan directamente el rendimiento de los marcos de 2017 y 2024 en cohortes de pacientes reales. Los resultados presentados en el congreso ECTRIMS 2025 y publicados en revistas de neurología de alto impacto demuestran mejoras sustanciales en la rapidez diagnóstica.
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