10/06/2026
Adorni o las Universidades públicas 🇦🇷
Durante meses se construyó un relato destinado a instalar que las universidades públicas eran ámbitos oscuros, sin controles ni auditorías. Se las señaló desde tribunas políticas y mediáticas como si fueran un privilegio de una casta académica que debía rendir cuentas ante la sociedad. Sin embargo, la realidad demuestra que las universidades nacionales cuentan con mecanismos de control internos y externos, auditorías y órganos de fiscalización que pueden y deben seguir perfeccionándose, como ocurre con cualquier institución pública.
Lo que resulta inadmisible es la doble vara moral. Quienes impulsaron la sospecha permanente sobre la universidad pública hoy adhieren al régimen de inocencia fiscal. Entre ellos, el vocero presidencial Manuel Adorni y el ministro Federico Sturzenegger. Es decir, mientras se exigía hasta el último papel a las universidades, se acompaña una herramienta que para muchos argentinos implica menos controles y menos exigencias sobre el origen y la declaración de determinados bienes.
La contradicción es política y ética. Se cuestiona a instituciones que forman profesionales, científicos, médicos e investigadores para todo el país, pero se normalizan mecanismos que benefician a quienes prefieren mantenerse alejados de los estándares de transparencia que dicen defender.
Si la transparencia es un valor, debe ser para todos. Si las universidades deben ser auditadas, quienes ejercen funciones públicas también deberían someterse al máximo nivel de control y publicidad de sus actos. No se puede levantar la bandera de la honestidad para atacar a la educación pública y al mismo tiempo refugiarse en esquemas que generan más interrogantes que certezas.
La verdadera casta no es la que estudia, enseña o investiga en las universidades públicas. La verdadera casta es la que utiliza el discurso de la transparencia como herramienta de marketing político mientras promueve excepciones para sí misma. Allí es donde la sociedad encuentra la diferencia entre la coherencia y la hipocresía.