09/02/2025
HACIA UN RENOVADO PODER JUDICIAL
Al cumplirse poco más de dos décadas de mi ingreso al Poder Judicial Bonaerense, comienzo a advertir un notorio cambio generacional dentro de la plana de magistrados y funcionarios judiciales.
Así como poco a poco fueron alejándose los otrora magistrados del sistema de enjuiciamiento escrito, hoy comienzan a hacer lo propio aquellos entusiastas empleados que por finales de los años noventa juraban como magistrados de un novedoso y desconocido sistema oralizado.
Dentro de las virtudes de ese grupo sin duda alguna ha sido lo intrépido de enfrentar un sistema procesal novedoso, con muy escasos recursos para el nivel e intensidad de trabajo que esa puesta en marcha demandó y postreó varios años en aceitarse.
Quienes transitamos esas épocas recordamos las jornadas de trabajo con más audiencias diarias que lo materialmente posible y turnos hasta medianoche en el fuero penal, con pedidos de detención de 6 horas límite.
Otra gran virtud sin dudas ha sido -por lo general- el perfil académico de sus integrantes, cuya búsqueda filtraba (pese al gran número de aspirantes), el Consejo de la Magistratura con el contenido de sus exámenes y entrevistas.
Pero, así como resalto estas virtudes, no se me escapa que muy pocos de ellos han podido despojarse del organigrama verticalista con el que fueron forjados en sus épocas de empleados, cuando se imponía la corbata y s**o cerrado para dirigirse a su superior jerárquico como ineludible símbolo de respeto, cuya omisión podía llegar a ser pasible de sanciones disciplinarias.
Esa estructura conceptual empujó a mantener un sistema de trabajo en cada dependencia judicial alejado de la posibilidad de encarar trabajos en equipo, persistiendo así la figura de la cabeza de dependencia y empleados subalternos que cumplen directivas individuales.
No hay líderes, hay jefes.
No hay equipos, hay dependientes.
La pública apropiación de los trabajadores subalternos a parte de su patrimonio (“Mi Secretario”, “Mi Consejera”, “Mi Relator”, etc), dan cuenta de ello.
Bajo esa concepción laboral, la única opción organizacional posible trátase la de impartir directivas individuales a un disperso grupo de trabajadores (“sus” dependientes) para que la suma de esas actividades decanten en el objetivo pensado por quien impartió la directiva.
Por el contrario, el trabajo en equipo en cambio, es una forma de organización laboral en la que un grupo de personas colaboran para alcanzar un objetivo común. Se basa en la idea de que el talento individual no es suficiente para alcanzar metas, sino que es necesario que los recursos se coordinen adecuadamente, aún con un líder a la cabeza del equipo.
Bajo ésta premisa las labores se realizan de manera compartida y organizada, en las que cada quien asume una parte y todos tienen el mismo objetivo en común. Se trata de una forma de organización del trabajo basada en el compañerismo, ya que el equipo debe asumir en conjunto y de manera articulada todas las tareas a realizar, y no simplemente repartirlas para luego juntarlas.
Este sistema organizacional es perfectamente compatible con un esquema jerárquico como es el judicial, donde el “líder” del equipo necesariamente será el superior jerárquico, pero integrándose al equipo de trabajo.
Así se establecen reglas claras de comportamiento, emerge como fundamental la comunicación de sus integrantes, y se festejan los éxitos y fracasos en conjunto, lo cual quiere decir que el espíritu grupal debe primar, comprendiendo cada logro como un logro del equipo, y reforzando la idea de que trabajar juntos es más y mejor que trabajar por separado.
El trabajo en equipo podría presentarse como una herramienta fundamental para erradicar la violencia en el ámbito laboral (principalmente la violencia verticalista), fomentando la idea de la importancia de cada uno de los eslabones de trabajo sin distingo de escalafones, decantando en una mejor administración de justicia para el ciudadano con soluciones más eficientes y ágiles.
A los nóveles reemplazantes de esa generación que ahora asumen funciones, pareciera que en su proceso de selección el organismo de rigor ha puesto en mira diversas cualidades a las que otrora buscara en sus colegas noventosos.
Espero que dentro de esas cualidades se encuentre la transformación cultural con una nueva dinámica laboral donde prevalezcan los conceptos de trabajo en equipo, atención al público y activismo judicial, donde cada integrante posea la posibilidad de aportar herramientas para la mejora del servicio, ya que como cita en su canción Sabina: “dos no es igual a uno más uno”.