30/12/2025
Cuando tenía 14 años tomé sesiones de psicoterapia por primera vez. Alguien de mi familia seguramente pidió una recomendación y así conocí a Silvia, psicóloga en Buenos Aires.
Los encuentros que tuve con Silvia habrán sido diez, como máximo. Tengo igualmente varios recuerdos precisos de toda esa experiencia. Uno de ellos es el recuerdo de Silvia preguntándome en plena sesión si sabía lo que era o si había escuchado hablar sobre Zen. Dije que no. Me dijo que sin ser un arte marcial ni una religión, era como una combinación entre ambas. Digamos un tipo de entrenamiento espiritual ni marcial ni religioso.
Además me contó un relato extraño sobre un amigo suyo que había estado estudiando Zen recientemente en Brasil con un maestro. Me contó que en una ocasión este estudiante estaba junto con su maestro dentro de una habitación y en un momento el maestro se levantó y salió, dejándolo ahí sentado en soledad. Comenzó a pasar el tiempo y el maestro no volvía, el estudiante perdió la noción de las horas. Debieron parecerle muchas horas porque recuerdo que me dijo que se tocaba la cara con la mano para intentar percibir y calcular el crecimiento de su barba. Eventualmente el maestro volvió a entrar en la habitación. El estudiante le preguntó “¿cuánto tiempo ha pasado?”, el maestro dijo “Dos días.” El estudiante entonces preguntó “¿Por qué me dejaste encerrado aquí por dos días?”, el maestro dijo “No estuviste encerrado. La puerta estuvo abierta todo el tiempo.” Silvia concluyó el relato con la frase “era tanta la apacibilidad que había desarrollado, que en ningún momento se levantó a intentar abrir la puerta…”
Han pasado muchos años desde esa conversación. Nunca más tuve noticias de Silvia. ¿Es posible que la gente del relato hayan sido Ricardo Dokyu y su maestro Ryotan Tokuda?
El Zen resultó tener más relación con el budismo que con las artes marciales. Años más tarde descubrí que la práctica de meditación es considerada esencial en el Zen y que al menos varias veces al año se realiza sesshin, que consiste en practicar meditación intensivamente (de 10 a 15 horas diarias), durante varios días consecutivos (3, 5 o 7 días). Hoy día no tengo dudas de que en el relato de Silvia hubo una buena proporción de efecto teléfono descompuesto, sin embargo es lo más probable que el suceso real que originó el relato haya tenido lugar en el marco de un sesshin.