03/03/2026
Editorial - La otra cara de Areco
Areco proyecta hacia afuera una imagen seductora. Tradición, fiestas, jineteadas, peñas, turismo, vida social activa. Una postal que enamora a visitantes y a muchos jóvenes que llegan con ilusión.
Sin embargo, cuando uno se arraiga, forma familia y empieza a vivir la ciudad en profundidad, aparecen realidades menos visibles.
El sistema de salud presenta falencias que los vecinos conocen bien. Los trámites administrativos suelen ser lentos y complejos. El tránsito urbano evidencia desorden: falta de semáforos, circulación de camiones en horarios inadecuados, calles deterioradas y problemas vinculados a animales sueltos.
En materia de desarrollo, la ciudad enfrenta desafíos estructurales: escasas políticas deportivas sostenidas para niños y adolescentes, poco impulso industrial y serias dificultades para acceder a un terreno o a la vivienda propia.
A esto se suma una percepción que muchos vecinos comparten: quienes toman decisiones o integran los sectores de mayor influencia no siempre utilizan los servicios públicos locales. No se atienden en el hospital, no realizan su vida cotidiana en el sistema educativo público local, no dependen del comercio del distrito ni transitan a diario las calles en las mismas condiciones que el resto. Tampoco viven en zonas afectadas por problemáticas como las inundaciones, por lo que esas urgencias no se sienten en carne propia.
Además, quienes cuentan con mayores recursos no sufren el impacto del alquiler ni las dificultades para acceder a lotes, mientras que gran parte de la población encuentra barreras económicas crecientes. El desarrollo urbano es limitado o inaccesible para muchos.
En el plano económico, se genera un círculo complejo: si el consumo se realiza fuera del distrito o a través de otros mercados, el comercio local queda sosteniendo una estructura impositiva elevada. Esa carga termina trasladándose a precios. Y así, el vecino que depende del almacén, del prestador de servicios o del comercio local termina pagando más caro.
Cuando aumenta el gasto público, aumentan también las necesidades de recaudación. Los costos suben. Los servicios suben. Los productos suben. Y cualquier mejora salarial pierde rápidamente poder adquisitivo frente a esa misma dinámica.
Se configura así un círculo vicioso que impacta directamente en la calidad de vida de la mayoría.
Plantear estas cuestiones no debería generar divisiones ni enemistades. Una comunidad madura necesita debate, autocrítica y planificación estratégica. El verdadero progreso no se sostiene solo con una buena postal turística, sino con políticas públicas que mejoren la vida cotidiana de quienes habitan la ciudad todo el año.
El desafío es pensar Areco no solo como destino, sino como hogar.
Vecino de San Antonio de Areco.