Con nuestros aciertos y errores, expresamos un modelo sindical claro, nítido, y, por sobre todas las cosas, consolidado. Esa es nuestra gran fortaleza y nuestros compañeros la conocen. A 30 años de la recuperación de nuestro gremio, luego de la intervención de la sangrienta dictadura cívico-militar, hemos sabido recuperar derechos y avanzar permanentemente. La supimos defender cuando el neoliberal
ismo de los 90 trituró derechos de todos los trabajadores, no escapando judiciales de todo el país que también fueron víctimas y aún hoy siguen luchando por la recuperación de lo que no es un mero sistema salarial sino que es la columna vertebral de la actividad judicial. Avanzamos sin pausas en lo patrimonial, y desde hace tiempo, año tras año vamos mostrando nuevos logros. Nuestro gremio crece económicamente pero fundamentalmente en lo que realmente importa: la incorporación permanente de nuevos afiliados. Esto ocurre cotidianamente y nos enorgullece. Porque la democracia es la más civilizada vinculación en la sociedad y también, particularmente, entre los trabajadores. Porque a todas las visiones negativas, instando a la no participación, siempre, absolutamente siempre, le respondimos desde la construcción. Con nuestras verdades relativas, pero poniendo la cara, todos los días. Pocos gremios pueden ubicar a sus dirigentes a pasos de su lugar de trabajo. Nosotros lo disfrutamos mucho y cada compañero que tiene trato directo con nosotros estemos de acuerdo o no, nos enriquece. Eso lo vivimos a diario y es maravilloso. Y, sencillamente, porque la solidaridad es el vínculo que nos hace trascendentes a las organizaciones sindicales, la democracia se ejercita desde el voto, y es la manera expresa de manifestar la irrenunciabilidad a nuestros sueños colectivos.