14/02/2026
CRÓNICA DE UN CEREBRO SECUESTRADO
Nos están robando el silencio, y con el silencio, nos roban la capacidad de decir "no".
Desde las calles Resistencia, veo a los "humillados y ofendidos" de este siglo: gente con la mirada astillada, saltando de un video de siete segundos a una tragedia, y de la tragedia a un meme, en una rayuela infinita donde el cielo no es el destino, sino el fondo de un pozo de dopamina barata. Dicen los datos fríos de las estadísticas que, por primera vez, una generación es menos "inteligente" que la anterior. Pero yo sé, que el “coeficiente intelectual” es una mentira de los tecnocratas para ocultar el despojo. Lo que hay es un anumerismo del alma.
Nos han entrenado en los últimos años para la reacción, no para la reflexión. El pensamiento cuestionador, ese que nos permite calcular el tamaño de la estafa que nos rodea, ha sido sustituido por el espasmo del dedo sobre una pantalla. Es la "inteligencia mal distribuida" de la que hablaba Jauretche: gente rápida para el clic, pero lentos para comprender que cada segundo de distracción es un gramo de soberanía que se nos escapa entre los dedos.
Galeano me susurra que el sistema educativo no falló, sino que está teniendo un éxito macabro. Porque una generación que no puede leer en profundidad, que no puede sostener la atención en el dolor del otro o en la belleza de una ecuación, o de obra musical, es una generación que no cuestiona. Y quien no cuestiona, amigos míos, es más fácil de conducir al matadero de la reforma laboral o al vaciamiento de la Patria.
Estamos viviendo en el "Efecto Flynn" invertido: el retroceso de la conciencia. Nos quieren mudos de pensamiento y hambrientos de estímulos. Pero nosotros, los que todavía creemos en la tiza y en la palabra, sabemos que la “atención” es el último territorio que nos queda por defender.
No es un "desafío de un mes" lo que necesitamos; es volver al "Estar" situado de Kusch, a la lectura que duele, al número que libera. Recuperar la atención es el primer acto de una cambio que no se postea, se milita.
Ojalá que este texto no quede como un eco perdido en el algoritmo y que logremos que algún chango detenga el dedo y empiece a preguntarse quién es el dueño de su tiempo. Que la tiza recupere su filo contra la pantalla y que seamos capaces de reconstruir esa atención que nos permita calcular la dignidad. Yo espero que el pensamiento cuestionador no muera en el altar de la dopamina, que nos plantemos contra el despojo cognitivo y que la verdad nos encuentre con los ojos bien abiertos.
¡Que el Chaco piense y que el pueblo no se entregue!