ZEN es Zazen
Sentado de cara al muro sobre un almohadón redondo (zafu), las piernas en la posición de loto o medio loto, las rodillas apoyadas contra el suelo, la espalda derecha, la nuca bien estirada, la mano izquierda sobre la mano derecha, los cantos de las manos en contacto con el abdomen, en completa inmovilidad, la respiración es calma y profunda, concentrándose especialmente en la espiraci
ón. El espíritu consciente esta en reposo, sin oponerse ni apegarse a los pensamientos, los dejamos pasar, concentrándonos sobre la postura y la respiración. Pero practicado cotidianamente es muy efectivo para la ampliación de la conciencia y el desarrollo de la intuición. Zazen no solamente genera una gran energía, también es la postura del despertar. Durante la práctica no hay que intentar lograr lo que sea. “Sin objeto”, es unicamente concentración en la postura, la respiración y la actitud del espíritu.”
La postura
Sentados en el medio del zafu (almohadón redondo), se cruzan las piernas en la posición de loto o de medio loto. Si ello no es posible, y se cruzan las piernas simplemente sin colocar el pie en el muslo opuesto, aun así es esencial que las rodillas empujen el piso. La columna vertebral bien derecha, el mentón entrado y la nuca estirada, la nariz en la misma línea vertical que el ombligo, se empuja la tierra con las rodillas y el cielo con la cabeza. Se pone la mano izquierda en la mano derecha, las palmas hacia el cielo, los pulgares se tocan, formando una línea derecha. Las manos descansan en los pies, los cantos en contacto con el abdomen. La punta de la lengua toca el paladar. La vista está puesta aproximadamente a un metro de distancia en el suelo sin mirar nada en particular. La respiración
La respiración zen no se puede comparar con ninguna otra, es muy antigua, en sánscrito se llamó ‘anapanasati’, solamente puede surgir de una postura correcta. Antes de todo se trata de establecer un ritmo lento, fuerte y natural, basado en una exalación suave, larga y profunda. El aire se expulsa lentamente y silenciosamente por la nariz, mientras que la presión debido a la exalación, baja con fuerza al vientre. Al final de la exalación, la inspiración se hace naturalmente. Los maestros comparan el aliento zen con el mugir de las vacas o con la exalación de un bebé que grita recién nacido. La actitud del espíritu
Sentados en zazen, dejamos que las imágenes, los pensamientos, las construcciones mentales, que surgen del inconsciente, pasen como nubes por el cielo – sin oponerse ni agarrarse a ellos. Como los reflejos en un espejo, las emanaciones del subconsciente pasan y pasan otra vez y terminan por desvanacerse. Y llegamos al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todos los pensamientos (hishiryo), verdadera pureza. Esa actitud de espíritu surge naturalmente de una concentración profunda en la postura y la respiración, y permite así controlar la actividad mental, resultando una mejora en la circulación cerebral. En efecto el cortex (sede del pensamiento consciente) descansa durante zazen, mientras que la sangre fluye hacia las capas más profundas del cerebro, las cuales se despiertan de un estado de somnolencia, ya que están mejor irrigadas. Su actividad da la impresión de bienestar, serenidad, calma, liberando totalmente despierto, las ondas cerebrales del sueño profundo ‘alpha’ y ‘theta’. El Zen fue enseñado por Buda en la India, posteriormente introducido en China por Bodhidharma en el siglo VI e implantado en Japón por Dogen en el siglo XIII. El maestro Deshimaru enseñó su práctica en Europa desde 1967 hasta su muerte en 1982. Y el Maestro Kosen – discípulo de Deshimaru – lo trajo a Latinoamerica. El Zen se basa en la práctica de zazen (meditación). Sentados en la postura justa, la respiración se vuelve tranquila y natural y la actitud de la mente se mece entre la concentración y la observación. Zazen nos permite vivir más conscientemente en contacto con nosotros mismos: cuerpo, sensaciones, percepciones y deseos sin ligarnos a ellos, y entrar así en contacto con nuestro verdadero ser original. El interés, no es el objeto, es verdad, nos concentramos sobre algo muy simple. En zazen nos concentramos sobre la postura. No nos concentramos en Dios, el nirvana o no sé qué. Y entonces digo, lo importante no es el objeto de concentración, es el sujeto. Y el despertar, el satori como decimos, no nace del objeto pero del sujeto, es decir del que observa. Y poco a poco vamos a volvernos íntimo con quién observa la postura. Vamos a darnos cuenta que esta conciencia que observa la postura está al mismo tiempo dentro del cuerpo, está al mismo tiempo por encima del cuerpo, está por delante, está por detrás. De hecho, es universal. Está por todas partes y es esto que es importante. Vamos de repente a darnos cuenta que la dimensión de nuestra conciencia es mucho más fabulosa, más libre, enorme y universal que lo que habíamos pensado. Y todo esto, justamente, observando, a fuerza de observar simplemente su postura. Y pues sentimos una alegría inmensa porque nos damos cuenta que somos mucho más allá de lo que estamos observando. Y que somos capaces de observar, por ejemplo, dos lugares al mismo tiempo. Nuestra capacidad de conciencia es fabulosa. Somos al mismo tiempo uno mismo y estamos al mismo tiempo más allá de uno mismo. Entonces la respiración tiene también un papel muy importante en nuestra conciencia, en la observación de la postura. La respiración está fuera, dentro, arriba, abajo. Y es pues un intercambio. Así que nuestra conciencia está dentro, fuera, arriba, abajo. Maestro Kosen Thibaut