Educadores Jubilados Bonaerenses de La Matanza

Educadores Jubilados Bonaerenses de La Matanza Página Facebook no oficial de AEJyR La Matanza, gestionada por un colaborador que no tiene relación estatutaria alguna con esta Asociación. As.)

La Asociación de Educadores Jubilados y Retirados de la Provincia de Buenos Aires, con sede central en Luján (Bs. fue creada en 1948. Según su Estatuto son objetivos principales crear, fomentar e intensificar el espíritu de solidaridad y camaradería entre los docentes jubilados, crear filiales y vincularlas entre si, defender los derechos profesionales y legales, propender a la elevación cultural, crear destinos de turismo, etc.

Para aplicar con los hijos e hijas, Cuando los adultos no hacen por ellos lo que pueden hacer solos, les permiten descub...
13/06/2026

Para aplicar con los hijos e hijas, Cuando los adultos no hacen por ellos lo que pueden hacer solos, les permiten descubrir sus propias capacidades, enfrentar pequeños desafíos y aprender de la experiencia. Para Ge**er, la verdadera autoestima no nace de los elogios constantes, sino de la satisfacción que siente el niño al comprobar que puede actuar, resolver problemas y crecer por sus propios medios con el apoyo sereno de sus cuidadores.🧐

13/06/2026

📚✏️ Entre planillas, papeles y reuniones, la docencia se multiplica en mil tareas invisibles.
Aun así, cada maestro y maestra sigue encontrando tiempo —y corazón— para lo más importante: enseñar. 💜

Porque la educación no son solo papeles: son personas, historias y futuro.

12/06/2026

¡PADRES, PONGAN ATENCIÓN!

Una maestra estaba calificando las tareas de sus alumnos.
Mientras tanto, su esposo caminaba por la casa pegado al celular, clavado en su juego favorito.

Cuando la maestra llegó al último cuaderno, empezó a llorar en silencio.
El esposo la notó y le preguntó:
— ¿Qué pasó?

Ella respondió:
— Ayer les dejé a mis alumnos un escrito con el tema: “MI DESEO”.

El esposo insistió:
— ¿Y por qué lloras?

Conteniendo las lágrimas, la maestra dijo:
— Al corregir el último, no pude evitarlo…

Curioso, él preguntó:
— ¿Qué decía?

La maestra comenzó a leer:

"Mi deseo es convertirme en un celular.
Mis papás quieren mucho a su celular.
Lo cuidan tan bien que a veces se olvidan de cuidarme a mí.
Cuando mi papá llega cansado del trabajo, tiene tiempo para su celular, pero no para mí.
Cuando mis papás están ocupados y suena el teléfono, contestan de inmediato… pero conmigo no es igual, aunque yo esté llorando.
Juegan con su celular, pero no juegan conmigo.
Cuando hablan por teléfono, no me escuchan, aunque yo les diga algo importante.
Por eso, mi deseo es convertirme en un celular."

El esposo, conmovido, preguntó:
— ¿Quién escribió eso?

La maestra, con los ojos llenos de lágrimas, contestó:
— Nuestro hijo.

💡 PADRES, no olviden esto:
Los aparatos electrónicos son útiles, pero están para hacernos la vida más fácil, no para sustituir el amor hacia nuestra familia.

Los niños ven, sienten y aprenden de todo lo que pasa a su alrededor.
Esas experiencias marcan su corazón para toda la vida.

Démosles amor, tiempo y atención, para que crezcan con valores verdaderos y no con carencias emocionales.

Karolina Olsson tenía 14 años cuando se acostó en su cama y el mundo siguió adelante sin ella.Vivía en Oknö, una pequeña...
11/06/2026

Karolina Olsson tenía 14 años cuando se acostó en su cama y el mundo siguió adelante sin ella.

Vivía en Oknö, una pequeña isla sueca cerca de Mönsterås, donde la vida estaba marcada por el frío, el mar, la pobreza y las tareas sencillas de una familia humilde. Era 1876. Karolina había regresado a casa con molestias, primero tras una caída y luego con un fuerte dolor de muelas. Sus padres pensaron que debía descansar.

La mandaron a la cama.

Y Karolina dejó de despertar.

Respiraba. Su cuerpo seguía tibio. Su pulso continuaba. Pero no hablaba, no respondía y parecía hundida en un estado que nadie lograba explicar. La familia no tenía recursos para médicos constantes, así que durante mucho tiempo su madre la mantuvo con vida con leche y agua azucarada, gota a gota, como quien cuida una lámpara que se niega a apagarse.

Los días se convirtieron en semanas.

Las semanas, en años.

Los médicos que la examinaron hablaron de histeria, coma, catatonia, trastornos nerviosos y diagnósticos que hoy parecen incompletos. También hubo quienes sospecharon que el caso no era tan simple, que Karolina podía despertar en ciertos momentos, que quizá su estado era más psicológico que físico, o que su familia protegió una verdad que nunca llegó a aclararse del todo.

Pero para la gente de Oknö, la explicación médica importaba menos que la imagen.

Una muchacha dormida en una cama mientras el tiempo pasaba sobre todos los demás.

Su madre envejeció cuidándola. Sus hermanos se hicieron adultos. La isla cambió. Suecia cambió. El siglo XIX comenzó a desaparecer. Y Karolina seguía allí, inmóvil, como si una parte de la vida hubiera quedado suspendida dentro de aquella habitación.

En 1904 murió su madre.

En 1907 murió uno de sus hermanos.

Según algunos relatos, Karolina reaccionó con llanto, aunque seguía atrapada en aquel estado extraño. Ese detalle volvió el caso todavía más inquietante: parecía ausente, pero no completamente desconectada; parecía dormida, pero algo dentro de ella todavía sentía el golpe de la pérdida.

El 3 de abril de 1908, después de 32 años y 42 días, Karolina despertó.

Tenía 46 años.

Su cuerpo era el de una mujer adulta, pero su memoria parecía detenida en la adolescencia. No reconocía bien a sus hermanos. La luz le molestaba. Estaba débil, pálida, confundida. El mundo al que regresó ya no era el mismo que había dejado. Personas que buscaba habían mu**to. Rostros familiares habían envejecido. La casa, la isla y la vida cotidiana parecían pertenecer a una historia que ella no había vivido.

Los periódicos la convirtieron en sensación.

La llamaron la Durmiente de Oknö. Médicos, periodistas y curiosos quisieron verla, estudiarla, explicarla o simplemente comprobar si aquella historia era real. Karolina, que había pasado décadas encerrada en silencio, despertó de pronto dentro de otra forma de encierro: la mirada pública.

La ciencia nunca logró cerrar el caso.

Se habló de enfermedad neurológica, trastorno disociativo, catatonia, trauma, simulación involuntaria, dependencia familiar y episodios de vigilia ocultos. Ninguna teoría explica por completo lo ocurrido. Tal vez porque la historia de Karolina no pertenece solo a la medicina, sino también a una zona más humana y más dolorosa: la de una vida que se perdió sin desaparecer del todo.

Después de despertar, Karolina vivió otros 42 años. Murió en 1950, a los 88.

Pero una parte de ella había quedado para siempre en aquella cama.

Lo más perturbador de su historia no es solo imaginar a una mujer dormida durante décadas. Es pensar en todo lo que el tiempo puede llevarse mientras una persona permanece fuera de su propia vida. Infancias ajenas, muertes familiares, cambios de época, voces que ya no regresan, rostros que envejecen sin pedir permiso.

Karolina Olsson sigue siendo un misterio.

Pero también es una advertencia silenciosa sobre lo frágil que es estar presentes en nuestra propia existencia.

Ella despertó después de 32 años.

Y al abrir los ojos, descubrió que el mundo había seguido viviendo sin esperarla.

11/06/2026

En 1906, un pigmeo cazado en la selva del Congo llegó al zoológico del Bronx, en Nueva York.

Fue llamado Ota Benga, y fue exhibido al público, en una jaula, junto con un orangután y cuatro chimpancés. Los expertos explicaban al público que este humanoide podía ser el eslabón perdido, y para confirmar esa sospecha lo mostraban jugando con sus hermanos peludos.

Algún tiempo después, el pigmeo fue rescatado por la caridad cristiana.

Se hizo lo que se pudo, pero no hubo manera. Ota Benga se negaba a ser salvado. No hablaba, en la mesa rompía los platos, golpeaba a quien quisiera tocarlo, era incapaz de realizar ningún trabajo, se quedaba mudo en el coro de la iglesia y mordía a quien quisiera fotografiarse con él.

Al fin del invierno de 1916, tras diez años de domesticación, Ota Benga se sentó frente al fuego, se desnudó, quemó la ropa que le obligaban a vestir y apuntó al corazón la pi***la que había robado.

"Mayo 21: Día de la diversidad cultural" en Los hijos de los días. Eduardo Galeano.

10/06/2026
Cosas para tirar este fin de semana — 6 categoríasLa más ignorada es el cajón del desorden — contenedores sin tapa, cabl...
09/06/2026

Cosas para tirar este fin de semana — 6 categorías
La más ignorada es el cajón del desorden — contenedores sin tapa, cables sin aparato, cosas que "quizá sirvan algún día". Si llevan más de un año ahí, no sirven.
Regla rápida: si no lo comprarías hoy de nuevo, no lo necesitas guardar.

Esta historia tiene más de dos mil quinientos años, pero se siente tan actual que parece escrita hoy mismo: habla de nos...
08/06/2026

Esta historia tiene más de dos mil quinientos años, pero se siente tan actual que parece escrita hoy mismo: habla de nosotros, de nuestros padres y de nuestros hijos.

Es la parábola de un anciano llamado Li Wei, quien acudió al sabio Confucio con una duda que a muchos nos carcome el alma al llegar a la vejez: «¿Por qué, después de haber dado la vida entera por nuestros hijos, al final terminamos sintiéndonos tan solos?».

Li Wei había sido un padre ejemplar. Se partió el lomo trabajando de sol a sol para que a sus hijos nunca les faltara nada. Se quitó el pan de la boca —como decimos en México— con tal de verlos bien.

Cuando los hijos crecieron, hicieron sus propias familias y se independizaron, Li Wei pensó: «Ya es hora de disfrutar de los míos».

Vendió su casita y se mudó a vivir con su hijo. Tener cerca a los nietos, el calor de la familia... parecía el escenario perfecto para sus años dorados, ¿verdad?

Pero la felicidad nunca llegó.

La casa estaba llena de gente, pero el corazón de Li Wei se sentía completamente vacío.

Durante el día, todos andaban en la prisa del trabajo y la escuela; por la tarde, regresaban cansadísimos, buscando solo un momento de paz.

Cuando él hablaba, lo escuchaban por compromiso. Sus consejos —esos que daba con todo el amor del mundo— empezaron a incomodar. Su presencia se volvió parte del paisaje, algo que ya nadie notaba.

Y entre más intentaba acercarse y convivir, más sentía que lo hacían a un lado.

Desesperado, Li Wei fue a buscar a Confucio y le abrió su corazón:

— Maestro, me desviví por mis hijos toda la vida. Pensé que a su lado encontraría paz y cobijo... y en cambio, me siento como un estorbo. ¿Por qué?

El sabio no intentó consolarlo con palabras bonitas. Prefirió mostrarle tres lecciones muy simples.

PRIMERA LECCIÓN: EL JARRÓN DE AGUA
Confucio llenó un jarrón de agua hasta el tope.

— ¿Qué pasa si le sigo echando más agua?
— Se va a derramar —respondió Li Wei.

— Lo mismo pasa con las relaciones. Cuando intentamos meternos a la fuerza en un espacio que ya está lleno, se pierde el equilibrio. Tú construiste un hogar para tus hijos, y ahora quieres ser el centro de ese hogar. Pero el centro de sus vidas hoy en día son sus propios hijos, sus trabajos y su propio camino.

SEGUNDA LECCIÓN: LOS DOS ÁRBOLES
El maestro le señaló dos árboles que crecían uno junto al otro. Sus ramas estaban tan enredadas que chocaban entre sí.

— ¿Qué pasa si dos árboles crecen demasiado pegados?
— Se estorban —dijo Li Wei—. Sus ramas se lastiman.

— ¿Y acaso se hacen más fuertes?
— No, se debilitan porque no les entra bien la luz.

— Así es en la vida. En nuestra cultura latina nos han enseñado que estar "muéganos" —todos pegados siempre— —es sinónimo de amor. Pero la cercanía excesiva ahoga y crea tensión. Para crecer sanos, incluso en familia, cada quien necesita su propio aire.

TERCERA LECCIÓN: UN PUÑO DE ARENA
Confucio tomó un puño de arena en la palma de su mano y la apretó con todas sus fuerzas.

— ¿Qué sucede ahora?
— Se escapa entre los dedos —contestó el anciano.

— Lo mismo pasa con los seres queridos. El amor y el respeto no se pueden exigir a la fuerza. Entre más fuerte aprietas, más rápido los pierdes. Suelta un poco, dale libertad a tus hijos, y lo que sea auténtico, ahí se va a quedar.

LA GRAN REVELACIÓN
— Cuando siembras un árbol, ¿lo haces exigiendo que a fuerza te dé sombra mañana mismo? —preguntó el sabio.

— No, maestro. Lo siembro para verlo crecer con orgullo.

— ¿Entonces por qué esperabas algo diferente de tus hijos? Los criaste para el mundo, no para ti. Y el mundo tiene tanto derecho sobre ellos como tú.

Li Wei se quedó callado, entendiendo por fin su error.

Confucio le entregó un puñado de semillas y le dijo:

— Siembra. Enseña. Aprende tú también. La vejez no es una sala de espera para ver pasar la vida; es el momento de descubrir nuevas pasiones. No les mendigues amor a tus hijos. Empieza a vivir por lo que a ti te apasiona.

Li Wei regresó a su pueblo, pero no volvió a la casa de su hijo. Consiguió un lugar cerca de una escuela comunitaria y comenzó a ayudar a los niños del barrio. Les platicaba historias, les enseñaba oficios y sembraba árboles con ellos. Al poco tiempo, todos en el pueblo lo llamaban con cariño "el Maestro Li".

Entre menos buscaba meterse en la vida de sus hijos, más lo valoraban. Entre menos exigía atención, más amor sincero recibía.

CUANDO EL AMOR DE VERDAD REGRESA
Un buen día, recibió un mensaje de su hijo:

«Papá, hace mucho que no platicamos. Nos haces mucha falta. Los chamacos no dejan de preguntar por su abuelito. Vente a la casa este fin de semana, te queremos hacer una carne asada».

Y cuando Li Wei llegó, lo recibieron con los brazos abiertos y un abrazo de esos que apapachan el alma.

Por primera vez en años, no se sintió como una carga, sino como el invitado más de honor. Fue ahí cuando comprendió: en el momento en que dejó de exigir amor, el amor regresó solito.

«Vivir junto a los hijos no significa estar verdaderamente cerca».

Esto no se trata de abandono ni de soledad; se trata de la libertad de amar bien.

Cuando exigimos atención, ahogamos.

Cuando nos imponemos, nos volvemos invisibles.

Cuando sueltas... te vuelven a elegir.

Como bien decía Confucio:

«El amor y el respeto no se pueden exigir. Solo se pueden cultivar».

08/06/2026

TE TOCÓ UNA MAMÁ QUÉ TRABAJA...

Te tocó extrañarme unas horas.

Te tocó estar un ratito al cuidado de otra persona que no soy yo.

Te tocó tener que mirarme con ojitos que no entienden mucho qué pasa cuando me voy por la puerta.

A mí me tocó salir de casa con un n**o en el estómago y los ojos llorosos.

Me tocó ver tu carita confundida cuando atravieso la puerta para irme.

Te tocó jugar a mirar por la ventana o la puerta porque “está llegando mamá”.

A mí me tocó trabajar extrañándote con tanta fuerza que nunca creí posible. Querer volver a casa teletransportada.

A ti te tocó sonreír como nunca cuando me ves llegar. Con esa boquita con pocos dientes.

A mí me toco que me explote el pecho de amor cuando me encuentro contigo.

Nos tocó esto. ¿Cuesta? Muchísimo, pero el reencuentro es todo.

Las abrazo a todas las que están volviendo a trabajar. Disfruten el reencuentro.

"Para todas ustedes que dan lo mejor día con día para que a sus hijos no les falte nada.❤"

Dirección

Avenida Rivadavia 13518, 1° Piso
Ramos Mejía
1704

Horario de Apertura

Miércoles 10:00 - 12:00
Viernes 10:00 - 12:00

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