07/04/2026
Qué está pasando con la Ley de Glaciares?
Desde hace algunas semanas, la reforma de la Ley de Glaciares impulsada por el gobierno nacional empieza a parecer una medida concreta. Sin embargo, con la vorágine de información actual, puede ser difícil mantenerse al tanto. Por eso, surge la necesidad de explicar algunas cuestiones.
La Ley de Glaciares fue aprobada en 2010 y busca proteger las áreas glaciares y periglaciares, reservas estratégicas de agua. Las áreas periglaciares son zonas con suelos congelados que regulan el recurso hídrico, en alta montaña, y en media y baja montaña, son sectores de suelos saturados en hielo que actúan como reservas de agua. La zona protegida representa un porcentaje bajísimo del territorio nacional, pero tiene un gran valor en cuanto a la preservación del recurso natural más esencial para la vida humana: el agua. Además, la ley crea un organismo específico dependiente del CONICET, denominado Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla), encargado de realizar el Inventario Nacional de Glaciares. Este organismo no solo determina qué zona es glaciares y periglaciar, sino que también hace un seguimiento de la situación de este hábitat para conocer su situación, avances, retroceso, impacto del calentamiento global, de la actividad humana, etc.
Es importante mencionar que, contrario al sentido común, las zonas protegidas no se encuentran solo en la Patagonia o la Antártida, sino también en la región Andes Desérticos (Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja y el norte de San Juan) y Andes Central (sur de San Juan, Mendoza y norte de Neuquén). Es decir, miles de argentinos dependen de los glaciares para tener agua potable.
Con la aprobación de la Ley de Glaciares en 2010, se buscó y logró no solo tener conocimiento sobre la situación de los recursos hídricos nacionales, sino también, tomar decisiones respecto a esto basada en datos e investigaciones científicos; bregar por la conservación de este recurso natural; proteger la biodiversidad asociada a este recurso. Además, la ley prohíbe actividades que afecten la condición de los glaciares, por ejemplo, las que liberen sustancias contaminantes, la construcción de obras de arquitectura e infraestructura, la instalación de industrias y la exploración y explotación minera e hidrocarburífera.
Se sabe que es este último punto la piedra angular de la modificación de la Ley. Con la prometida e imaginaria “lluvia de inversiones” del gobierno nacional, las inversiones mineras surgen como una alternativa contundente para cumplir con una ficción de progreso que, lejos de beneficiar al país, solo implica el vaciamiento y entrega de nuestros recursos naturales. No cabe duda que, detrás de la modificación de la ley, está el lobby minero presionando a propios y ajenos, para agrandar sus arcas y achicar las nuestras. Para lograr esto, la reforma resulta esencial: plantea una redefinición del objeto de protección, es decir, solo se protegerían aquellos cuerpos de hielo que cumplan una “función hídrica efectiva” y relevante para la recarga de cuencas hidrográficas. Además, le quita al IANIGLA la potestad de determinar qué áreas se protegen y cuáles no, para dársela a cada provincia, que podrá establecer dónde se pueden desarrollar actividades extractivas. Esto quiere decir que la decisión deja de tomarse en base a un criterio científico para hacerlo de acuerdo con parámetros económicos.
Al mismo tiempo, el proyecto contradice la Constitución Nacional en lo que respecta a los presupuestos mínimos ambientales: la ley establece un nivel básico de protección ambiental que todas las provincias y municipios deben respetar, y no pueden tener normas menos estrictas que las establecidas en la ley. Sin embargo, sí pueden establecer normas más estrictas si lo consideran necesario. Con la reforma, esto quedaría supeditado a las provincias, ya que podrían establecer cuáles son las zonas que aportan agua dulce.
En las múltiples aristas de este tema, no falta la opinión ciudadana. Como corresponde según lo establecido por la Constitución Nacional, el gobierno se vio obligado a realizar una audiencia pública para darle voz a todos los argentinos y argentinas que quisieran expresarse sobre el tema. Para esto, hace unas semanas se abrió la inscripción para participar en dos días de audiencias públicas, uno presencial y otro virtual, para el 25 y 26 de marzo. La convocatoria fue tan contundente que se le fue de las manos. Hubo más de 100.000 personas inscriptas.
Lamentablemente, la convocatoria terminó siendo una farsa.
Ante la masividad de inscriptos, en un primer momento, el gobierno nacional decide mantener solo dos días para realizar las audiencias públicas, lo que termina censurando la opinión de miles y miles de argentinos y argentinas. En una segunda instancia y como si esto ya no fuera suficientemente escandaloso, el mismo día de las audiencias, algunas personas que habían sido elegidas para participar tuvieron dificultades para hacerlo y se supo que hubo participantes que ni siquiera estaban inscriptos, es decir, hubo infiltrados prominera seleccionados a dedo en una audiencia que decidió censurar a más del 90 % de los inscritos.
Desde diversas organizaciones, se presentaron medidas judiciales para garantizar la participación, pero no obtuvieron resultados exitosos.
Aún con tantas voces en contra, el gobierno nacional sigue avanzando. Este miércoles 8 de abril, la Cámara de Diputados de la Nación votará la reforma de la Ley de Glaciares. Desde las organizaciones sociales, se están organizando convocatorias a nivel nacional para manifestarse a favor de la Ley y en contra de la reforma, es decir, para manifestarnos a favor del agua y de la vida.