15/05/2026
TERMAS HAY EN TODOS LADOS
Aunque tendríamos que añadir “si uno excava lo suficiente”, unos mil metros digamos. De aquí entonces surge la pregunta ¿Por qué al lado del arroyo?¿Por qué no hacer esa misma perforación pero en otro lado? Podríamos aprovechar las instalaciones de algunos de los clubes existentes, zonas con mejores accesos, o al menos que estén pavimentados, áreas de Ramallo dedicadas al turismo o localidades con potencial donde el turismo aún no alcanza su potencial, como “El Paraíso”. Pero se sigue insistiendo con los terrenos linderos a la cascada. El asunto es, como muchas iniciativas que se toman en nuestra localidad, que la improvisación y la arbitrariedad se chocan contra la realidad y sus impulsores se enojan cuando sus caprichos no se cumplen.
Pero para entender esto primero debemos recordar de qué hablamos cuando hablamos de termas. En primer lugar, y a diferencia de otros lugares donde el recurso es natural (como Fiambalá o Puente del Inca), el agua no surge del suelo naturalmente, debe realizarse una perforación de entre 800 y 1000 mts de profundidad, encamisar el pozo y extraerla de forma permanente con una bomba, luego calentarla en una caldera y finalmente rellenar piletas creadas para ello, nada muy distinto a una piscina de natación climatizada como las que ya existen en algunos clubes locales, solo que con alto contenido salino.
Según el proyecto presentado, se bombearían unos 26 000 litros de agua por día, con una concentración salina del 3% por litro, lo que significa que además del agua, se estaría extrayendo cerca de tonelada de sal por día (suponiendo que los números sean los mismos que indicaron los informes de la propia empresa). La cuestión es entonces ¿A dónde va a parar toda esa sal? Nunca lo aclararon. En la provincia de Buenos Aires, la reinyección al mismo pozo está prohibida, lo que deja a fuera la solución más simple, que sin embargo no está exenta de riesgos, ya que cualquier corrosión en el caño filtraría el salitre la napa de agua potable y la haría nociva para el consumo humano en las vecinas localidades de Ramallo y Villa Ramallo.
Una alternativa técnica sería la desalinización, es decir, comprar una máquina que quita la sal sólida del agua, junto a otros componentes y nos deja el agua limpia. Muchos países desérticos usan esta tecnología para proveer agua potable a sus habitantes directamente desde el mar. Sin embargo, esos países tienen también petróleo barato (hablamos de Irán, Irak, Emiratos Árabes) que hace que sea económicamente viable el proceso. Desalinizar cuesta unos dos dólares por litro, que para la magnitud de lo que se quiere implantar en Ramallo a día de hoy serían unos 70 millones de pesos cada día, solamente en ese costo. Esta es la razón por la cual la empresa PREVIPAR S.A no se plantea siquiera está la posibilidad. ¿Entonces qué va a hacer con el efluente salino? Aquí es donde entra el arroyo, un canal permanente que se llevaría el agua salada directamente al río sin que a la empresa le suponga costo alguno. Este ahorro lo harían los dueños a costa del aniquilamiento de la flora, fauna y la posibilidad de usar el curso de agua para cualquier otra cosa que no sea un tubo de desperdicios. Hablamos de árboles secos, de ganado con imposibilidad de beber el agua, y la consecuente e inevitable filtración al suelo y a las napas, que quedarían inutilizables en sus zonas aledañas. A sabiendas de esto, la empresa nunca presentó un plan de deposición, es decir, en su proyecto no dice qué va a hacer para deshacerse de forma segura del salitre que extrae, y por tales razones, organismos públicos con responsabilidad directa en habilitar el proyecto, como la Autoridad del Agua (ADA), o el OPDS no le dieron nunca la habilitación, No presentaron la información técnica requerida, como perfilajes y ensayos hidráulicos exigidos. Tampoco presentaron la Declaración de Impacto Ambiental previa al inicio de las obras, lo que explicaría la magnitud y las condiciones en la que lo quieren hacer.
Ante tal situación, nuestra organización puso en conocimiento a la justicia de semejantes irregularidades, quien las constató en un fallo cautelar emitido por el Juzgado Contencioso Administrativo N° 1 de San Nicolás (Expte. N° 9363) suspendiendo las obras, hasta tanto aclaren cómo van a resolverlas. Tal cosa lleva diez años sin resolverse y hoy los empresarios y funcionarios locales asociados, quieren que todo siga avanzando así como está, en beneficio del bolsillo de un particular y en perjuicio de la población de Ramallo.