03/07/2026
Cedro no lo logró. Pero no lo mató solo la desnutrición feroz que lo dejó comido hasta los huesos; lo mató la indiferencia.
¿Cómo se puede ser tan cruel para dejarlo muriendo congelado sobre la basura, orinando sangre, en la oscuridad de la noche?
Llegó en estado comatoso de madrugada a nuestro Hospital y, aunque la batalla parecía perdida, el equipo veterinario se plantó a luchar a su lado, como lo hacemos siempre. Le dimos todo lo que teníamos para intentar estabilizarlo, pero su cuerpo no resistió. No hubo forma de que pudiera responder.
Cedro se fué. Su luz se apagó mientras lo abrazábamos, mientras le susurrábamos al oído lo hermoso que era el campo que lo estaba esperando del otro lado de este in****no, y lo que habríamos dado por verlo de pie, libre, corriendo con el viento en la cara.
Nada fue suficiente.
Hoy fallamos todos. Porque cientos de personas lo cruzaron cada día mientras se convertía en un esqueleto viviente a la vista de todos, y nadie hizo nada. ¿Cuántas personas lo vieron morir de hambre en la vereda y prefirieron mirar para otro lado? ¿Dónde está la Empatía de esta sociedad?
Hoy volvimos a fallar como sociedad. Porque Cedro no llegó a este estado de la noche a la mañana. Decenas, cientos, miles de personas lo vieron morir un poco cada día. Lo cruzaron en la vereda mientras se volvía una sombra, mientras sus costillas se marcaban más y más, mientras el hambre le devoraba los músculos. Y todos siguieron de largo.
¿Dónde esta la empatía?
¿En qué momento nos volvimos tan monstruosamente indiferentes al dolor del que no puede pedir ayuda?
Denunciá. Hablá. Haces lo correcto.
Podés salvar vidas.
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