08/03/2026
Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, no solo recordamos una fecha en el calendario. Conmemoramos la historia de lucha, resistencia y esperanza de las mujeres que, en distintas épocas y lugares, han defendido la vida, la dignidad y la justicia.
En nuestro tiempo y en nuestra tierra, esta conmemoración adquiere un sentido profundo cuando miramos la realidad concreta de muchas mujeres que sostienen la vida cotidiana en contextos difíciles. En comunidades rurales, barrios populares y pueblos originarios, las mujeres siguen siendo el corazón de la comunidad: cuidan la vida, transmiten la cultura, enseñan la lengua, preservan la memoria y mantienen viva la esperanza.
Desde una mirada marista, inspirada en el Evangelio y en el ejemplo de María, reconocemos la fuerza de las mujeres sencillas que, como ella, sostienen la vida con ternura, valentía y fe. María de Nazaret representa a tantas mujeres que, sin ocupar lugares de poder visible, transforman el mundo desde el cuidado, la solidaridad y el compromiso con los demás.
En este día queremos también mirar y valorar la sabiduría de las mujeres del pueblo wichí. Ellas son guardianas de la cultura, de la lengua, de la relación respetuosa con la tierra y de una forma de vivir basada en la comunidad. Su conocimiento sobre la naturaleza, el cuidado de la familia y la transmisión de la identidad cultural es un tesoro que enriquece a toda la sociedad.
Sin embargo, también sabemos que muchas mujeres indígenas viven situaciones de desigualdad, pobreza, discriminación y falta de acceso a derechos básicos como la educación, la salud, el agua o la tierra. Reconocer esta realidad es parte del compromiso con la justicia. No puede haber verdadera igualdad si las voces de las mujeres indígenas no son escuchadas ni respetadas.
El camino que se abre ante nosotros es el de la interculturalidad, que no significa solo convivir con culturas diferentes, sino aprender unos de otros con respeto, humildad y apertura. Es reconocer que cada pueblo tiene una sabiduría propia que puede ayudarnos a construir una sociedad más humana.
Como comunidad marista estamos llamados a caminar junto a las mujeres, especialmente a las más vulneradas, promoviendo espacios donde su palabra sea escuchada, su cultura respetada y sus derechos garantizados.
Que este día nos ayude a renovar nuestro compromiso con una sociedad donde todas las mujeres —criollas, indígenas, rurales y urbanas— puedan vivir con dignidad, libertad y esperanza.
Que aprendamos de la ternura de María, de la fortaleza de tantas mujeres de nuestras comunidades,
y de la sabiduría de las mujeres del pueblo wichí,
para seguir construyendo una cultura del encuentro, del respeto y de la vida compartida.
Porque cuando las mujeres son reconocidas y respetadas,
la comunidad entera florece.