20/04/2026
En un contexto donde crecen las amenazas a escuelas, el bullying y el grooming, es urgente poner el foco donde muchas veces no se mira: las personas con discapacidad, especialmente dentro del espectro autista (TEA), son quienes más sufren el acoso.
No siempre pueden defenderse. No siempre logran expresar lo que les pasa. Y esa vulnerabilidad los expone a situaciones de violencia sostenida que dejan huellas profundas.
El bullying no es “cosa de chicos”. Tiene consecuencias reales, graves y, en muchos casos, irreversibles. Hay historias que terminan en aislamiento, en sufrimiento silencioso y, en los peores casos, en suicidio.
No podemos seguir mirando para otro lado.
Hace falta compromiso real: en las escuelas, en las familias, en el Estado y en la sociedad. Prevenir, escuchar, intervenir y acompañar no es opcional.
Cuidar a las personas con TEA es una responsabilidad colectiva. Más empatía, más acción y menos indiferencia.
Ser mamá o papá de una persona con discapacidad implica vivir en alerta constante: explicar lo que otros no ven, defender derechos que deberían estar garantizados, acompañar en un mundo que muchas veces no está preparado. Duele ver el rechazo, el bullying, la falta de empatía. Duele el silencio de quienes deberían actuar.
Pero también hay algo que no siempre se dice: es un camino lleno de amor profundo, de aprendizajes, de una fortaleza que se construye todos los días, incluso cuando parece que no alcanza.
Lo que sí no debería pasar es que ese peso lo lleven solos.
La inclusión real no puede depender únicamente de las familias. Hace falta una sociedad que escuche, que se informe, que intervenga y que cuide. Porque cuando una persona con discapacidad sufre, no es un problema individual: es una falla colectiva.
No tendría que ser tan difícil. Y por eso mismo, hay que seguir alzando la voz.
Red TEA de Nodos Bonaerenses AC
Red Federal Familias TEA